“No se deben generar expectativas desmedidas con el G20”

26 de diciembre, 2017

“No se deben generar expectativas desmedidas con el G20”

 

Entrevista a Roberto Bouzas Conicet y Director Académico de la Maestría

en Política y Economía Internacionales de UdeSA Por Alejandro Radonjic

 

El 2017 fue el año del frente interno, más allá de que Mauricio Macri anduvo por aquí y por allá. El objetivo eran las elecciones legislativas y no hacer olas a nivel regional o internacional. Superado ese examen, el 2018 promete ser, con el G20 y las negociaciones entre el Mercsour y la Unión Europea, un año con una agenda internacional más activa y un Gobierno decidido a dar pasos más firmes en ese terreno. Sobre estos temas, El Economista dialogó con Roberto Bouzas, investigador del Conicet y Director Académico de la Maestría en Política y Economía Internacionales de UdeSA.

 

Técnicamente, ¿en qué estado está la negociación entre el Mercosur y la UE y cuán cerca está el acuerdo comercial?

No participo de las negociaciones, y no puedo responder esa pregunta con información precisa. Lo que sigue, por lo tanto, es pura especulación. Según hemos podido ver en las semanas previas a la reunión ministerial de la OMC, el Gobierno parece decidido a cerrar un acuerdo tan pronto como sea posible. Si esto es así, que se concrete o no el acuerdo depende básicamente de dos cosas. Por un lado, de la disposición de la Comisión Europea (CE) para hacer un gesto, aunque sea simbólico, que mejore su última oferta. Por el otro, que los otros miembros del Mercosur consideren ese gesto suficiente como para cerrar un acuerdo. Daría la impresión de que los otros gobiernos de Mercosur tienen menos urgencia en dar una señal de apertura a través de la firma de un acuerdo de libre comercio con la UE.

 

El Gobierno quiere abrir la economía, pero dice que va a hacerlo con “gradualismo” y “diálogo”. Le pregunto por esto último ya que, por ejemplo, la UIA “manifestó su preocupación por la falta de información detallada sobre el acuerdo que, según trascendidos, se firmará a la brevedad con la Unión Europea”. ¿Se ha conversado correctamente el acuerdo entre los actores involucrados o aún falta para esa etapa?

Descuento que el Gobierno habrá consultado a los principales actores. Las dificultades de Argentina para definir una posición negociadora e identificar con precisión intereses ofensivos y defensivos (que valga la pena preservar) no es un rasgo de este Gobierno. Es una constante en la acción internacional de nuestro país. Se explica por un sector privado poco estructurado que en general se ha organizado para defender sus rentas, un sector público precariamente equipado desde el punto de vista técnico y una articulación público-privada (como consecuencia de los dos rasgos anteriores) que deja mucho que desear.

 

Vayamos, ahora sí, a los efectos del acuerdo. ¿Qué puede decirse a priori y cuáles serán, a trazos gruesos, los ganadores y perdedores en Argentina?

Es difícil hacer un balance sin conocer los detalles del acuerdo. Las negociaciones comerciales son una cuestión de detalle y en los detalles está el secreto. Entiendo que aún no hay una nueva oferta europea sobre la mesa. Lo que sí está claro es que los subsidios internos a la agricultura en la UE están fuera de la mesa de negociación y que el acceso a los sectores más sensibles de la UE será a través de cuotas arancelarias, es decir, cuotas con aranceles preferenciales. Si esto es así, lo clave es el tamaño de las cuotas preferenciales. Por lo que ha trascendido, las ofertas que hizo la UE en el pasado han sido bastante mezquinas. El problema clave reside en tener un diagnóstico realista sobre la disposición de los negociadores europeos a invertir internamente (en la relación con los Estados miembro) el capital político necesario para alcanzar un acuerdo mediamente ambicioso en materia agrícola con el Mercosur. No parecería que en las actuales circunstancias de la UE, y con todos los problemas internos que atraviesa, esa disposición sea muy alta.

 

Para salir a competir, en la vida y en el comercio debe ser igual, hay que estar preparados. ¿Lo está Argentina?

Es claramente una cuestión de plazos y, junto con ello, de lo que ocurra durante ese plazo. El Gobierno sostiene correctamente que no habrá impactos inmediatos, sino solo en el largo plazo. Pero el tiempo pasa, y si la Argentina no se equipa adecuadamente, las consecuencias del acuerdo pueden no ser las deseadas. Es difícil saber si serían peores o mejores que el statu quo. Es decir, la principal certeza es la incertidumbre. El Gobierno confía en poner varias cosas en orden antes de que el acuerdo empiece a tener un impacto importante. También ve al acuerdo como una palanca para impulsar esas transformaciones. Pero ambas cosas son una conjetura más que una certeza.

 

Además de Europa, ¿adónde deberían apuntarse los esfuerzos de las negociaciones internacionales para apuntalar las exportaciones?

El principal esfuerzo para apuntalar las exportaciones es en mi opinión interno y tiene varios capítulos. El primero es contener la volatilidad macroeconómica y los ciclos recurrentes de inestabilidad del tipo de cambio real, que es una de las principales fuentes de desestímulo para la actividad exportadora que no descanse a priori en la generación de rentas.  El segundo capítulo, igualmente relevante, es articular el sector público para que pueda gestionar adecuadamente una política de negociaciones comerciales internacionales ligada con una política de desarrollo productivo que tenga una mirada estratégica. Los déficits en esta materia no son propios de este Gobierno: cualquier gobierno que enfrente el desafío comenzar a transformar a Argentina va a tropezar con la misma piedra. Se trata de un dato de la realidad difícil de transformar en el corto plazo y, por eso, es difícil ver con optimismo los atajos. Y, finalmente, otra asignatura pendiente, que solo podrá comenzar a construirse cuando avancemos en el punto anterior, es desarrollar una vinculación constructiva y de respeto mutuo con el sector privado.

 

Hace pocas semanas, asumimos la presidencia del G20. Es una oportunidad importante y es un contexto en el que el foro ha adquirido gran relevancia. ¿Qué impronta debemos darle a nuestra Presidencia?

Es una excelente oportunidad para estar en la vidriera internacional. Pero no se deberían generar expectativas desmedidas sobre lo que la presidencia del G20 representará en la práctica para Argentina y lo que Argentina podrá lograr con ella. Hasta hace un par de años éramos, junto con Arabia Saudita, el miembro del G20 peor posicionado en el ranking de cumplimiento de los acuerdos asumidos.  Argentina tiene un grave problema de credibilidad internacional: cuanto más contribuyamos a ese péndulo más estaremos poniendo el foco en la superficie y menos en lo sustantivo, ayudando a subir la misma piedra por la misma montaña una y otra vez.

 

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