Los tres elementos de la política macroeconómica

26 de diciembre, 2017

Los tres elementos de la política macroeconómica

 

Por Ramiro Albrieu UBA y CEDES

 

Cualquier esquema de política macroeconómica  se compone de tres elementos: la política fiscal, la política monetaria y la política de manejo de la deuda pública.  Si bien cada una persigue objetivos específicos e incluso puede contar con instrumentos propios, las tres se encuentran en un “embudo” común: la restricción presupuestaria intertemporal del gobierno. No es posible lograr al mismo tiempo una política fiscal, una política monetaria y una política de deuda independientes: se trata siempre de terrenos con trade-offs, spillovers y migración de riesgos. Es algo tan trivial que muchas veces no se le da la atención adecuada.

 

La interdependencia entre las políticas macroeconómicas se manifiesta de diversas maneras.

 

La política fiscal, por ejemplo, restringe a la política de endeudamiento en tanto el déficit fiscal determina la necesidad de financiamiento y, en buena medida, la clase de instrumentos de deuda que pueden emitirse (difícilmente un déficit fiscal alto coexista con emisiones de deuda a bajo costo, al menos en el mundo emergente). Inversamente, la política de endeudamiento puede condicionar a la política fiscal. La estructura de la deuda, por ejemplo, esconde el perfil de pagos futuros: nuevas emisiones en moneda extranjera aumentan los riesgos de tener que cortar gastos en el futuro si una devaluación se materializa.

 

La política fiscal también restringe el margen de acción de la política monetaria por diversas vías, principalmente debido al impacto directo de sus cambios sobre la inflación. A la inversa, las tasas de interés de política monetaria no sólo afectan al pago de intereses, sino que –al incidir sobre el ciclo económico- modifican los ingresos del fisco. También el nivel de tipo de cambio y su volatilidad afectarán a las demandas de grupos de presión y, con ello, al gasto público.

 

La política monetaria también restringe el radio de acción de la política de endeudamiento. El más obvio pasa por el nivel de tasa de interés, pero también suelen competir emitiendo deuda en el mismo segmento del mercado financiero. A la inversa, la estructura de la deuda puede restringir a la política monetaria: un sesgo a las emisiones de deuda pública de corto plazo puede desaconsejar una repentina suba de la tasa de política monetaria.

 

No hay nada nuevo en lo que se mencionó antes. Pero sí nos alerta sobre la necesidad de pensar en forma sistémica a la política macroeconómica, evaluando los costos y beneficios del mix “fiscal-monetario-endeudamiento” y no de una política específica.

 

No es una discusión abstracta: se trata del principal desafío de política macroeconómica del Gobierno de cara a 2018. Es el camino que deberá recorrer el Gobierno en el año que está por comenzar: pensar en forma sistémica y descubrir las interdependencias. Preguntas como cuál es el nivel de inflación consistente con corregir las tarifas y mantener a la economía creciendo y/o qué perfil de endeudamiento público minimiza el “fear of floating” y permite entonces recoger los beneficios de la flexibilidad cambiaria deberán escucharse más a menudo que en la actualidad si se quiere una macro estabilizada y creciendo en forma sostenida de aquí en adelante.

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