Elecciones con votantes enojados

18 de diciembre, 2017

Latina America contexto demográfico

 

Por Daniel Kerner Director América Latina Eurasia Group

 

Brasil, Colombia y México tendrán elecciones el año que viene marcadas por una alta demanda de cambio producto de un fuerte descontento del electorado con los gobiernos de turno –y la clase política en general– en un contexto en el cual los temas de corrupción están tomando creciente importancia. Esto hace difícil predecir el resultado electoral al mismo tiempo que aumenta las posibilidades de que haya sorpresas. A pesar de que la economía está tendiendo a mejorar en la región, la trayectoria de la política económica, y por lo tanto de la economía, dependerá en gran medida del resultado electoral. Las similitudes entre los tres casos son notables.

 

Colombia tendrá elecciones presidenciales en mayo (y legislativas en marzo). El presidente Juan Manuel Santos tiene niveles de aprobación de solo el 26%, y las encuestas muestran una creciente preocupación con los temas de corrupción luego de varios escándalos relacionados a pagos ilegales realizados por la empresa de construcción Odebrecht a funcionarios públicos y a las campañas electorales. Esto sumado a un desempeño económico decepcionante y amplio malestar con un acuerdo de paz rechazado en un plebiscito, pero aprobado en el Congreso a espaldas de parte de los votantes. Hoy hay más de veinte aspirantes a la Presidencia y los candidatos que capturan la demanda de cambio se han vuelto más competitivos. Es probable que el electorado termine inclinándose por un candidato moderado, de centroizquierda o centroderecha, pero no es inconcebible que haya sorpresas más radicales. Ciertamente, el grupo que ha manejado la política colombiana en las últimas décadas enfrenta el riesgo de perder el poder.

 

Mientras tanto, la economía colombiana enfrenta serios desafíos. La baja en la producción y precios del petróleo han tenido un impacto negativo en términos de crecimiento y cuentas fiscales, mientras al gobierno de Santos le ha sido complicado reducir el nivel del gasto. Es poco probable que la producción petrolera suba significativamente dados los desafíos geológicos y de oposición de comunidades, en un contexto en el que los precios del petróleo se mantengan relativamente estables. El próximo gobierno tendrá que tomar decisiones difíciles en materia fiscal y para atraer inversión extranjera. Será aún más difícil para un nuevo gobierno con débil apoyo popular.

 

Algo parecido ocurre en México. Enrique Peña Nieto es el presidente menos popular desde que hay mediciones de opinión pública–con niveles de aprobación alrededor del 25%– enfrentando un fuerte descontento especialmente por la corrupción, el bajo crecimiento económico y deterioro de la de seguridad. Situación agravada por el deterioro de la relación con Estados Unidos y la incertidumbre generada por la renegiociacion del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Es difícil pensar un contexto mejor que el actual para la oposición, y especialmente para el candidato de izquierda Andres Manuel Lopez Obrador. Habiendo obtenido el segundo lugar en las dos elecciones anteriores, el escenario se presenta ideal para triunfar esta vez. Claro, debe vencer al PRI, el partido en el gobierno que hará lo imposible por ganar La región parece moverse hacia la derecha, hay una probabilidad alta que México se mueva a la izquierda.

 

Un triunfo de Lopez Obrador sería un gran cambio para México, donde ha habido continuidad en términos de política económica desde 1982. Si llegara a triunfar Lopez Obrador tendrá un margen reducido para realizar cambios, pero de ser electo intentará modificar la dirección de la política económica tratando de expandir el rol del Estado y frenear el avance de la apertura en el sector energético, uno de los grandes logros del actual gobierno. Un triunfo del PRI sería un gran alivio para los mercados y la elite económica, y es probable que la economía mejore de la mano de nuevas inversiones y el crecimiento en Estados Unidos, pero el desencanto con la corrupción y la violencia seguirán siendo grandes desafíos.

 

Finalmente, en Brasil parece haber solo una cosa clara: los votantes están muy enojados con una clase política a la que consideran corrupta e incapaz, y están buscando un cambio. Mucho de esto tiene que ver con el escándalo de corrupción, el lava jato. El juez Sergio Moro, que llevaba adelante las investigaciones para probar la corrupción conjunta entre la clase política tenía el mani pulite italiano como guía. El proceso derribo el sistema de partidos que había dominado la política italiana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y de ahí surgió Silvio Berlusconi. ¿Pasará lo mismo en Brasil?

 

El candidato más competitivo en las elecciones de octubre será aquel que canalice la demanda de cambio, el que mejor se presente como un outsider. Hay varios posibles. Jair Bolsonaro, Joaquim Barbosa, y  Joao Doria. Lula todavía lidera las encuestas, pero con altos niveles de rechazo, difícil pensar que pueda ganar en una segunda vuelta, aun si pudiera competir, algo que la Justicia decidirá en algún momento de 2018. Mas allá del entretenimiento de una campaña incierta, la recobrada estabilidad política y económica es en gran medida producto de la percepción de que el proceso de ajuste y reformas económicas continuará después de las elecciones. Pero no está claro que los outsiders estén muy convencido de empujar reformas políticamente difíciles. Seguramente lo harán, forzados por el mercado, pero el camino va a ser sinuoso.

 

Así que aun en un contexto de recuperación económica en la región, habrá elecciones con resultados sumamente inciertos. Como en Chile, donde muchos creían que el ex presidente Sebastian Piñera tenía la victoria asegurada, es un error subestimar el descontento de los votantes.

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