Crecimiento en baja, lenta desinflación y la siesta del “billete”

15 de diciembre, 2017

Crecimiento en baja, lenta desinflación y la siesta del “billete”

 

“Confiamos en que el próximo será otro año de desempeño económico satisfactorio, con avance del nivel de actividad, progresos en la restauración de los equilibrios macroeconómicos básicos y mejorías graduales en la competitividad y los indicadores sociales”. Así resume Federico Muñoz su outlook para 2018.

 

Crecimiento en baja, lenta desinflación y la siesta del “billete”Según Muñoz, el PIB avanzaría 3,5% en 2018, pero 1,5 punto lo aportaría el famoso “arrastre estadístico” (esto es, lo que crecería el PIB en 2018 si se mantuviera estable todo el año el nivel de actividad cuarto trimestre). Neteado de ese efecto, el ritmo de crecimiento será menor: en 2017, la tasa de crecimiento trimestral promedio de la serie desestacionalizada del PIB terminaría siendo de 1,1% “y para 2018, proyectamos un ritmo de avance trimestral promedio de 0,7%”. ¿El motivo? “Creemos que en 2018 habrá una pérdida de dinamismo básicamente porque el sesgo más contractivo de las políticas monetaria y fiscal, (que) harán mella en el ritmo de avance de la demanda doméstica”, explica Muñoz.

 

Crecimiento en baja, lenta desinflación y la siesta del “billete”Sobre la inflación, reconoce Muñoz, “admitimos que hemos sido demasiado optimistas respecto a la capacidad del BCRA de domar a los precios”. La prueba es la realidad misma: el 2017 se estaría cerrando con un aumento anual del IPC de 24%, siete puntos porcentuales por encima de la meta pautada. “Para el 2018, también revisamos al alza nuestro pronóstico y ahora proyectamos una inflación anual de 16,5%”, dice Muñoz.

 

Crecimiento en baja, lenta desinflación y la siesta del “billete”Finalmente, el “billete”. Dice Muñoz: “Es de esperar que en los próximos meses persista la tendencia a la apreciación real del peso, por la continuidad del ingreso masivo de dólares financieros al país”, dice. Sin embargo, “quizás, hacia el segundo semestre de 2018, con la progresiva baja de las tasas de interés locales, esa avalancha tienda a ceder y mengüe la presión a la apreciación cambiaria”. Además, “no descartaríamos además que el inquietante crecimiento del déficit de Cuenta Corriente induzca, en algún punto, cierta redolarización de carteras”. En definitiva, resume, “esperaríamos para el año entrante un aumento del tipo de cambio similar a la inflación (aunque con la mayor parte de la depreciación concentrada en la segunda mitad de 2018)”.

 

Los trapos (macro)

 

Más allá de los riesgos (locales –como los vistos ayer- e internacionales), “elegimos sostener el discurso entusiasta”, dice Muñoz. “La mayoría de nuestros colegas (aún aquellos que avalan a grandes rasgos a la gestión económica) suelen adoptar un comportamiento estratégico y enfatizar las prevenciones. Nosotros, en cambio, preferimos rescatar y destacar una notable especificidad de esta coyuntura: por primera vez en décadas, vemos que se están atacando males de muy larga data (la indisciplina macro crónica y el déficit estructural de competitividad), lo que nos hace creer que estamos ante una oportunidad real y concreta para que la economía argentina abandone al fin su deriva decadente”, concluye. Sin dudas, el 2018 será un examen ácido para esa tesitura.

 

Crecimiento en baja, lenta desinflación y la siesta del “billete”

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