Los brotes verdes y la ola amarilla de Cambiemos

24 de octubre, 2017

Los brotes verdes y la ola amarilla de Cambiemos

 

Por Alejandro Radonjic

 

El Gobierno hizo una gran elección. Acaso la mejor entre las posibles. En primer lugar, obtuvo 41% de los votos a nivel nacional. Votos, además, que van desde Ushuaia hasta La Quiaca. Ya no es más un fenómeno del centro del país, y mucho menos solo de la CABA. Primer punto. Aunque no muy novedoso y ya se intuía desde el 13 de agosto. Y, el segundo, que el peronismo está fragmentado. Y así seguirá…mientras Cristina siga en escena.

 

Si bien es ella la que más votos tiene (cosechó un nada desdeñable caudal de 3,5 millones el domingo), el PJ del interior no se encolumnará detrás de ella y es probable que la sucesión se postergue para después de 2019. Los gobernadores estarán más enfocados en su propio territorio que en sumarse a un espacio, como Unidad Ciudadana, que los exponga a perder su reelección. Cambiemos se impuso en 14 distritos el domingo.

 

En síntesis, Mauricio Macri, con un caudal de votos apetecible y una oposición lejana y dispersa, quedó muy cerca de la reelección. Más teniendo en cuenta que el escenario base de los economistas es que la economía, el principal factor de acumulación política aquí y en todo el mundo, seguirá creciendo en 2018-2019.

 

Así, se incrementaron las probabilidades de que la economía tenga, a priori, un set de reglas de juego determinados por un período más extensos, como el que precisan ciertas inversiones que requieren largos procesos de amortización. La economía ganó en estabilidad (o sensación de ello, cuanto menos), un déficit crónico y también latente, hasta hace pocos meses, por encuestas que marcaban una Cristina ganando en “la madre de todas las batallas” y muy bien perfilada para 2019. Ese escenario no se concretó.

 

Lógicamente, todos los análisis señalaron que los problemas económicos (tanto los macro como los estructurales) siguen estando vivitos y coleando. La inflación, por caso, no va a bajar solo porque se insinúa un ciclo largo de Cambiemos, ni la competitividad va a volar a niveles escandinavos. Ni se revertirá el rojo en la cuenta corriente, que superará el 4% del PIB en 2017. Por eso, en el corto plazo, más allá de la ebullición del microclima financiero, no se esperan grandes alteraciones. “A priori, no esperaríamos giros abruptos ni golpes de timón en la gestión económica”, dijo Federico Muñoz en su último report a clientes.

 

Sin embargo, la estabilidad política es un factor que se suma, junto a la recuperación económica en curso, para darle un plafón reforzado a Cambiemos para encarar ciertas reformas que la economía precisa para elevar su crecimiento de largo plazo y se guir bajando el costo del capital, algo que podría acelerarse si las calificadoras suben el rating soberano, una posibilidad creciente, según el mercado.

 

Asimismo, es un mayor incentivo para inversores (reales), hasta ahora esquivos, para hundir capital en Argentina. “Más inversión doméstica es el principal impacto de corto plazo que anticipamos tras el resultado electoral”, expresaron ayer desde Balanz Capital. ¿Y la extranjera? Allí, está todo por hacerse, dice Balanz, dados los bajos registrados acumulados hasta ahora. El “trigger” de su llegada sería la reforma impositiva, que saldría a la cancha en 2018. O antes. Todo tiene que ver con todo.

 

 

 

 

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