¿Una guerra inevitable?

14 de septiembre, 2017

¿Una guerra inevitable?

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ya se ha expedido con nuevas sanciones al régimen de Pyongyang. El nuevo menú es un corte a las exportaciones de textiles, gas y petróleo a ese país. ¿Funcionará? Todo indica que no. La seguidilla de sanciones de los últimos años fue burlada de manera casi continua, y en esto no se le puede asignar responsabilidad a un solo país.

 

Si bien no es una economía floreciente, ni mucho menos, tampoco está en un estado tan calamitoso como para que algún jefe militar impulse, y con éxito, una rebelión contra el primer mandatario de ese país.

 

Además, el know how para desarrollos balísticos y nucleares, su mejora y su financiamiento provienen de todo tipo de fuentes y orígenes. Tardíamente en este año se parece conocer la variedad y calidad de expertos norcoreanos de primer nivel que han recibido capacitación en posgrados en el  exterior, para retornar a su país y participar en desarrollos tecnológicos de todo tipo.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ya se ha expedido con nuevas sanciones al régimen de Pyongyang. El nuevo menú es un corte a las exportaciones de textiles, gas y petróleo a ese país.

 

¿Podrá la prohibición de estas exportaciones ser efectiva y sentar al Gobierno norcoreano a una mesa de negociación? La experiencia reciente indica que la probabilidad de éxito es cercana a cero, y las propias autoridades de Pyongyang parecen estar dispuestas a hacer padecer a Estados Unidos el “dolor nunca visto” que mencionaron a principios de esta semana.

 

Si la alternativa es la guerra, ¿cómo evitar una detonación de un misil con carga atómica sobre un objetivo de Estados Unidos sobre Corea del Sur o Japón? Si con este tipo de armas, “el que pega primero pega dos veces”, ¿quién impediría un ataque sorpresivo por parte de Washington? Aún sin uso de armas nucleares, requeriría un ataque con precisión sobre las instalaciones militares y atómicas de Corea del Norte. Inevitablemente el estallido de esas estructuras produciría una destrucción (y una contaminación atómica) de alcances hasta ahora desconocidos. ¿Lo hará Donald Trump? ¿Se mantendrán como espectadores dos grandes vecinos de Corea del Norte, como Rusia o la República Popular China?

 

Los mercados financieros en Washington son optimistas. Si bien un conflicto podría exacerbar el “vuelo a la calidad” o a la liquidez, insinuado la semana pasada, no sería más que un movimiento transitorio. El oro sería el refugio de valor durante el inicio de una eventual guerra, con menor demanda y eventual baja transitoria de cotizaciones de acciones y títulos de deuda. Sin embargo, una guerra convencional podría suponer costos no muy diferentes a los de la Segunda Guerra del Golfo. ¿Aprobaría el Congreso un fuerte aumento de la deuda, algo que ya es una realidad por las necesidades de fondos para reparar los daños de los recientes huracanes “Harvey” e “Irma”?

 

Si bien no es una economía floreciente, ni mucho menos, tampoco está en un estado tan calamitoso como para que algún jefe militar impulse, y con éxito, una rebelión contra el primer mandatario de ese país

 

Esto requerirá algo más que los acuerdos “de caballeros” entre Trump y algunos congresistas demócratas de la semana pasada. En principio, la aprobación sin chistar de algo más de U$S 15.000 millones de gasto extra por los huracanes se financiará con nueva deuda, postergándose la discusión del “techo” del endeudamiento público hasta el 8 de diciembre. Sin embargo, sólo por cubrir los daños asegurados ante el paso de los dos huracanes, las estimaciones preliminares de esta semana apuntan a una sangría de U$S 70.000 millones para las aseguradoras involucradas.

 

La Casa Blanca ha superado por ahora la potencial dificultad para aumentar el gasto, pero aun sin un choque armado con Corea del Norte, todo indica que los U$S 15.000 millones acordados no alcanzarían para una adecuada reparación de daños en Florida y otros estados afectados. La necesidad de fondos vía nueva deuda va a ser con seguridad mayor. ¿Se financiará con deuda?

 

¿Estaría dispuesto Trump a aceptar una inevitable suba de tasas de interés? O la opción sería emitir como en los años de Barack Obama y debilitar el dólar para ganar cierta competitividad comercial?

 

Por ahora no son preguntas relevantes en Wall Street, pero un nuevo huracán o una escaramuza o inicio de hostilidades con Corea del Norte no se pueden descartar. La fiesta en los mercados de acciones parece continuar, confiando en que Trump simplemente cumpla con su promesa de reducir impuestos. Una lectura por ahora razonable, pero con cierto exceso de confianza frente a factores de riesgo que no se disipan, y que el gobierno de Trump no puede controlar.