El rol del mercado de capitales

4 de septiembre, 2017

Bolsa mercado dólar

 

Por Jorge Bertolino Economista (Universidad Nacional de Rosario)

 

La economía y el mercado de capitales van de la mano. Existe una relación directa en el desarrollo de ambos. Los indicadores que permiten medir la fortaleza del mercado de capitales (la profundidad, la capitalización y el porcentaje de la población que invierte sus ahorros en él), arrojan actualmente resultados desalentadores para  el caso argentino, no solo en comparación con el mundo desarrollado, sino también con países vecinos, como Brasil, Chile, Perú o Colombia, que tienen mercados comparativamente más evolucionados.  Con países altamente desarrollados como EE.UU.  o Japón, por ejemplo, existe una relación de 20 a 1.

 

Con nuestros vecinos, de 3 o 4 a 1 La contracara de estas cifras negativas es la enorme posibilidad de crecimiento del mercado de capitales en la hipótesis de un desarrollo importante de nuestra economía ya que, insistimos, ambos crecen conjuntamente.

 

¿Cómo crecer?

 

No existe unanimidad en la literatura económica respecto de cuál de las dos variables explica a la otra: algunos autores opinan que el desarrollo económico hace que crezca el mercado de capitales mientras que otros sostienen que, si éste crece, aumenta el financiamiento de las empresas, lo que permite desarrollar la economía. A los fines de la presente nota, solo debemos considerar que ambas variables evolucionan juntas, no importando cuál de ellas lidera el proceso.

 

Los indicadores que permiten medir la fortaleza del mercado de capitales (la profundidad, la capitalización y el porcentaje de la población que invierte sus ahorros en él), arrojan actualmente resultados desalentadores para  el caso argentino

 

Por lo dicho anteriormente, si fuera posible augurar un período de crecimiento y desarrollo sostenible en las próximas décadas para nuestra economía, lo mismo debería ocurrir con el mercado de capitales. Existen varios factores que permiten augurar que esto sucederá.

 

  • El abandono de la irracional política en que incurrió repetidamente nuestro país, bajo gobiernos de distinto signo político (incluyendo a los militares) consistente en atrasar deliberadamente el tipo de cambio, favoreciendo desmedidamente el consumo en detrimento de la rentabilidad empresarial y, consecuentemente, la inversión. Nuestro país quedó atrapado en el último medio siglo en un péndulo vicioso de cortos períodos de crecimiento con largos períodos de contracción o estancamiento. Es el resultado de la insuficiencia de divisas como consecuencia de serios errores en la concepción de la política económica. En la literatura económica, este tipo de comportamiento se denomina stop and go, que caracteriza a aquellas economías con insuficientes ventajas competitivas en su comercio exterior, por sobrecostos fiscales, laborales, logísticos y financieros, que siguen una política cambiaria errónea de tipo de cambio controlado o con ajustes periódicos inferiores a la inflación observada y con un régimen de alta inflación debido a la monetización de altos déficit fiscales sin mercados de capitales con la profundidad suficiente (que permitiría su financiamiento no inflacionario), lo que genera atraso cambiario, pérdida y agotamiento de reservas, crisis, devaluación y recesión. Luego de un cierto período de tiempo, las variables se reacomodan y la economía vuelve a crecer, recuperando  parcialmente lo perdido en la etapa contractiva previa. Pero como la población crece ininterrumpidamente a un ritmo de aproximadamente 1% anual, el resultado final es un estancamiento en términos per capita, que mide mejor el bienestar de la población.

 

  • La gran tragedia en toda esta cuestión es que otros países, que en décadas recientes tenían un ingreso de un tercio o menos que el nuestro, han crecido aceleradamente y han invertido la proporción: nuestro país tiene hoy un tercio o menos del ingreso que España, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Corea o Japón. Hasta China, con su crecimiento vertiginoso de las últimas décadas, ha acortado significativamente la distancia  con nuestro país en términos per capita.

 

La economía y el mercado de capitales van de la mano. Existe una relación directa en el desarrollo de ambos

 

  • El incremento de la demanda mundial de alimentos, factor clave que permitirá obtener genuinamente por la vía del comercio las divisas con las cuales financiar la inversión necesaria para que el crecimiento económico no dependa de los volátiles flujos de financiamiento internacional de corto plazo. En los próximos veinte años, la población mundial se incrementará de 7.000 a 9.000 millones de habitantes. A estos nuevos 2.000 millones de consumidores se agrega el incremento de la tasa de urbanización en los países de más reciente y rápido crecimiento, como China y la India. Estos dos países suman 2.700 millones de habitantes, y se espera que 1.000 millones de ellos salgan de la pobreza e ingresen a la clase media en los próximos años, incrementando significativamente el consumo de alimentos y energía.

 

  • La evolución de los precios de nuestras exportaciones: concomitantemente con lo expuesto en el apartado anterior, luego que se digieran los excesos de oferta de granos y petróleo de los últimos tiempos, los precios deberían subir 2030%, aumentando la capacidad de financiamiento de la economía argentina. Según los expertos del sector, se requerirían apenas uno o dos años más de precios bajos (aunque son 40% más altos que una década atrás), y luego la mejora sería generalizada debido al continuo incremento de la demanda, que se estima en 2-3 % anual.

 

El crecimiento vertiginoso del mercado de capitales argentino de los próximos años, tanto en términos de precios como de volumen de negocios, al que nos estamos anticipando aquí,  debería obedecer a las razones expuestas previamente y, además, a otros factores.

 

  • A la solución definitiva del default de la deuda externa,  que, mediante la negociación con los holdouts, permitió reabrir la ventanilla del financiamiento internacional.

 

  • A la caída permanente de las tasas de interés internacionales, que  está permitiendo bajar el costo de financiamiento tanto del Gobierno como del sector privado.

 

  • Al ascenso de categoría del país dentro del ranking internacional de mercados. Actualmente listamos en mercados de frontera y el año próximo muy probablemente ascenderemos a emergente. Los más importantes fondos de inversión internacionales no tienen permitido invertir en mercados de frontera y sí pueden hacerlo (y lo hacen) en mercados emergentes. Es lógico predecir que, en un futuro próximo, esto incrementará significativamente la demanda por nuestros activos.

 

A medida que la economía se desarrolle aumentará la importancia del mercado de capitales en la financiación empresaria. En los países más desarrollados, la fuente principal de financiamiento de las empresas es el mercado de capitales. En los países menos desarrollados, especialmente en América Latina, las empresas se financian principalmente en el sistema bancario. El desarrollo traerá una pérdida de importancia del financiamiento tradicional en beneficio del mercado de capitales.

 

No existe unanimidad en la literatura económica respecto de cuál de las dos variables explica a la otra: algunos autores opinan que el desarrollo económico hace que crezca el mercado de capitales mientras que otros sostienen que, si éste crece, aumenta el financiamiento de las empresas, lo que permite desarrollar la economía

 

Los que estamos ligados al mercado de capitales debemos contribuir a la educación financiera de la población. En EE.UU., el 70% de la población invierte directa o indirectamente en el mercado. En Argentina, 3%. Es importante dar charlas y cursos (y lo estamos haciendo), abiertas a todo tipo de potenciales inversores, mostrando las características, riesgo y rentabilidad de los diferentes instrumentos con que cuenta el mercado: bonos, acciones, opciones, cauciones, futuros, cheques de pago diferido, pagarés bursátiles y obligaciones negociables.

 

La educación financiera generará un mayor volumen de negocios que incrementará la sustentabilidad y profundidad del mercado. El aumento de la participación de inversores nacionales contribuirá a evitar que los patrimonios empresariales argentinos sean traspasados desmedidamente a inversores internacionales. El inversor autóctono, en la literatura económica, es más estable y permanente que el internacional. Mientras más argentinos inviertan en el mercado de capitales local, menos dependientes seremos de los más volátiles flujos internacionales de capital.

 

Debemos evitar el estrangulamiento del mercado. Este es el punto más importante. Hasta aquí nos habíamos ocupado exclusivamente del mercado y sus productos desde el punto de vista de la demanda. Las empresas valen por sus ganancias y por la tasa de descuento que se aplica a las mismas. En la jerga financiera: el precio de un activo es el valor actual del flujo de fondos esperado. A mayores ganancias y/o menor tasa de descuento, mayor precio.

 

Los que estamos ligados al mercado de capitales debemos contribuir a la educación financiera de la población. En EE.UU., el 70% de la población invierte directa o indirectamente en el mercado. En Argentina, 3%

 

Como esperamos que el crecimiento económico incrementará las utilidades de las empresas y, por otro lado, que disminuya la tasa de descuento, a la par del riesgo país, los precios deberían aumentar notablemente. Como existen pocas empresas que cotizan en el mercado, puede esperarse que la excesiva demanda genere una burbuja. Luego de un aumento vertiginoso de los precios, que puede demandar dos o tres años en agotarse, los inversores internacionales, que cuentan con mayor información, venderán a precios altos y los inversores argentinos, que comprarán a destiempo y en el momento de mayor auge del mercado (esto es lo que siempre ocurre), se quedarán con acciones caras, debiendo vender a pérdida o esperar varios años para resarcirse. Esto ya ocurrió en los ’90.

 

Pero esto puede y debe evitarse. Debemos trabajar activa y eficientemente en la otra punta de la ecuación: la oferta. Es crucial promover el ingreso de todo tipo de empresas, sobre todos las pymes del interior del país, al mercado. El asesoramiento es crucial: el primer paso puede ser invitarlas a negociar cheques de pago diferido, a través del sistema avalado por las Sociedades de Garantía Recíproca. El segundo, emitir Obligaciones Negociables del Segmento Pyme o Fideicomisos Financieros, para financiar el crecimiento de la empresa. Finalmente, algunas empresas abrirán su capital a la oferta pública, cotizando sus acciones. Hay todo un menú de opciones, pero es importantísimo incrementar la oferta a fin de evitar el rápido estrangulamiento del mercado, prolongando su ciclo de crecimiento y desarrollo. Es prioritario pasar de un mercado de unos pocos a uno popular y de uno especulativo a otro que financie el crecimiento de la producción y el empleo. Es tarea de los gobiernos provinciales y locales y de su banca pública contribuir a que los beneficios del crecimiento se distribuyan lo más equitativamente posible entre el mayor número de personas. Para ello, deben participar activamente en la promoción del mercado. A pesar del cambio de los tiempos, la banca pública como instrumento de desarrollo no ha dicho aún su última palabra.

 

Argentina necesita una banca pública que sea un aliado y socio estratégico de las empresas, con una mirada de largo plazo y enfocado en proveer los mejores y más modernos instrumentos financieros que contribuyan a maximizar la producción, el empleo y los salarios.