¿Oportunidad o amenaza?

15 de septiembre, 2017

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Por Nicolás Creus Profesor de Política Internacional Argentina (UNR)

 

Habiéndose despejado el escenario interno luego del buen resultado alcanzado por el oficialismo en las PASO y las favorables perspectivas configuradas de cara a las elecciones de octubre, el contexto externo vuelve a tomar protagonismo, en tanto variable a considerar en el análisis sobre el devenir de Argentina.

 

En la era de la globalización, para cualquier Estado resulta evidente la imposibilidad de abstraerse de lo que ocurre en el plano internacional. Esta premisa se torna aún más relevante en el caso de Argentina, puesto que en el último año y medio el país ensayó un decidido retorno al mercado internacional de capitales –luego de haberse mantenido al margen por un tiempo–, aumentando así su grado de integración con el mundo pero también su vulnerabilidad frente a aquellos acontecimientos que ocurren más allá de sus fronteras. Esta particularidad, exige estar atentos a la evolución de los asuntos internacionales en pos de diseñar estrategias apropiadas tendentes a absorber eventuales shocks externos de la mejor manera posible.

 

Afortunadamente, el contexto internacional hoy se presenta favorable para Argentina, destacándose fundamentalmente dos aspectos íntimamente vinculados que facilitan la gestión de la macroeconomía, a saber: las bajas tasas de interés (la tasa americana a 10 años se encuentra en 2,18%, luego de haber llegado a 2,66% por el “efecto Trump”) y los bajos niveles de aversión al riesgo (el VIX se encuentra en 10,5, cercano a los mínimos históricos, aunque alerta puede venir por el lado del SKEW que, si bien sigue tranquilo, se acerca a los máximos de los últimos años, ubicándose en 142).

 

En la era de la globalización, para cualquier Estado resulta evidente la imposibilidad de abstraerse de lo que ocurre en el plano internacional. Esta premisa se torna aún más relevante en el caso de Argentina, puesto que en el último año y medio el país ensayó un decidido retorno al mercado internacional de capitales

 

La persistencia de estas condiciones le garantizan a Argentina –y a los agentes económicos que operan en su interior– un acceso seguro y a bajo costo al financiamiento externo, clave para la implementación no traumática de las reformas estructurales que demanda su economía así como también para el mantenimiento de un clima propicio para la atracción de inversiones productivas. El contexto externo parece ofrecerle, así, una nueva oportunidad a Argentina.

 

Arma de doble filo

 

Independientemente de lo señalado, un contexto permisivo puede convertirse en un arma de doble filo si no se implementan las medidas necesarias y si no se toman los recaudos correspondientes. Dos situaciones podrían modificar la ecuación: una está vinculada a las medidas que pueda implementar Argentina y la otra escapa por completo al control de los decisores locales, en tanto refiere a cambios que podrían acaecer en el plano internacional, alterando las referidas condiciones favorables.

 

En cuanto a la primera situación, cabe destacar que si el Gobierno Argentino aprovecha la ocasión para colocar deuda orientada a financiar gasto corriente y construir poder interno, sirviéndose de la liquidez internacional para posponer indefinidamente el proceso de sinceramiento por el que tarde o temprano deberá transitar la economía, lo más probable es que el costo financiero se vaya elevando gradualmente, aún en un contexto de buen clima externo.

 

La relativamente baja relación deuda/PIB –hoy en 35%, descontando la deuda intrasector público– le resta importancia a dicho escenario, en tanto que la sensación que prima es la de que hay margen suficiente. No obstante, la experiencia histórica demuestra que la mayoría de las crisis de deuda sufridas por Argentina no tuvieron que ver necesariamente con un elevado stock, sino más bien con shocks externos, siendo así más importante la consideración de otras variables por sobre el nivel de la deuda. Es necesario prestar a atención a otros indicadores que condicionan su sustentabilidad, tales como el elevado déficit fiscal (4% del PIB) y de cuenta corriente (el primer trimestre de 2017 arrojó un saldo negativo de U$S 6.871 millones).

 

Afortunadamente, el contexto internacional hoy se presenta favorable para Argentina, destacándose fundamentalmente dos aspectos íntimamente vinculados que facilitan la gestión de la macroeconomía, a saber: las bajas tasas de interés y los bajos niveles de aversión al riesgo

 

Por esta razón, no debe depositarse una confianza excesiva en la baja relación deuda/PIB, puesto que si la confianza del mercado se revierte –ya sea porque las medidas no se ajustan a lo esperado o porque el clima internacional se modifica, aumentado la aversión al riesgo–, dicha relación puede dispararse repentinamente, dando paso a un escenario de presión cambiaria, suba de riesgo país y costos de refinanciación cada vez más altos.

 

La segunda situación –tal como se anticipó– se refiere justamente a la posibilidad de cambios en el clima internacional. Sin lugar a dudas, uno de los determinantes de la dinámica internacional actual tiene que ver con la relación entre Estados Unidos y China. Si bien el escenario base más probable entre las potencias es el de una bipolaridad distendida con un clima internacional amigable, lo cierto es que no se descartan tensiones circunstanciales capaces de agregar dosis transitorias –pero importantes– de volatilidad. Las escaramuzas entre Estados Unidos y Corea del Norte son un ejemplo elocuente de esta lógica. Más aún, un error de cálculo podría incluso modificar el escenario base, dando paso a un contexto internacional más restrictivo. La suba del SKEW referida anteriormente, parece poner de manifiesto que de a poco se valora como algo más probable un evento negativo extremo. Con tales circunstancias, cabría esperar un aumento de la aversión al riesgo, fuga de capitales desde la periferia y una consecuente suba del costo financiero.

 

No sobreestimar

 

En función de todo lo señalado, resulta claro que las condiciones favorables no perdurarán eternamente, siendo imperioso no sobreestimar los márgenes de maniobra hoy disponibles. Argentina debe aprovechar el tiempo extra concedido para implementar las reformas estructurales necesarias para sentar las bases de un crecimiento que haga sostenible la dinámica de endeudamiento actual.

 

Asimismo, si las condiciones internacionales se llegaran a modificar negativamente, Argentina nada podrá hacer para evitar que eso ocurra. No obstante, lo que sí puede hacer es tomar los recaudos necesarios para amortiguar eventuales shocks externos.

 

Independientemente de lo señalado, un contexto permisivo puede convertirse en un arma de doble filo si no se implementan las medidas necesarias y si no se toman los recaudos correspondientes

 

Algunas políticas a adoptar en dicha dirección son las siguientes.

 

  • Fortalecer las reservas internacionales (hoy están por encima de los U$S 50.000 millones pero esto podría no ser suficiente).

 

  • Promover el desarrollo de fuentes alternativas de financiamiento más allá del mercado internacional de capitales que permitan responder ante situaciones de iliquidez repentina (financiamiento bilateral y vía instituciones financieras Internacionales).

 

  • Diversificar la estructura de su deuda; encontrar patrocinio y apoyos para la emisión de activos contingentes como es el caso de los bonos atados a la evolución del PIB.

 

  • Y, por último, desarrollar el mercado de capitales local.

 

En conclusión, el contexto externo hoy se presenta como una oportunidad, pero podría repentinamente devenir en amenaza si se ignoran los aspectos señalados.