Merkel, ante el día después de la elección

La gran incógnita es saber qué margen tendrá Angela Merkel para encarar los desafíos que le esperan en su cuarto mandato

21 de septiembre, 2017

Merkel, ante el día después de la elección

 

Por Eduardo De Simone Miembro de la Fundación Embajada Abierta

 

La incógnita en Alemania no parece ser hoy quien ganará la elección este domingo sino qué margen tendrá Angela Merkel para encarar los desafíos que le esperan en su cuarto mandato, tanto en su país como en Europa.

 

El día siguiente, entonces, es vital. Retos de amplio alcance deberá enfrentar la canciller, que lleva doce años en el poder y, en caso de ganar, superará la marca de permanencia de Konrad Adenauer e igualará la de su mentor Helmut Kohl.

 

En el plano internacional Merkel es imaginada por ese espacio que suele denominarse mundo occidental como una suerte de “esperanza blanca” para hacerse cargo del liderazgo global que está dejando vacante Donald Trump con sus políticas erráticas y su improvisación en materia de asuntos externos. Su imagen de aplomo contrasta con la de desequilibrio que proyecta el mandatario norteamericano. Un sondeo de Pew Research en 37 países le asigna a la líder alemana 42% de imagen favorable y 31% de desconfianza, registro que en el caso de Trump es de 22% y 74%, respectivamente. En Europa, la confianza en Merkel alcanza el 60%

 

Pero ante todo Merkel deberá definir bajo qué condiciones está dispuesta a refundar el proyecto europeo –ahora junto a la Francia de Emmanuel Macron– para reconstituir la confianza en el bloque regional, erosionada dramáticamente por años de políticas de austeridad, pérdida de empleos, falta de expectativa entre los jóvenes, conflictos migratorios y crecientes amenazas a la seguridad.

 

Un sondeo de Pew Research en 37 países le asigna a la líder alemana 42% de imagen favorable y 31% de desconfianza

 

Sobrevuela a instancias del nuevo presidente francés la idea de dotar de una mayor centralización a la conducción de la Unión Europea, especialmente en materia económica. Los proyectos en discusión apuntan a la creación de un Ministerio de Finanzas regional, a la conversión del Mecanismo de Establidad en una suerte de Fondo Monetario Europeo y a la constitución de un presupuesto del bloque. El objetivo es enfrentar el serio problema del endeudamiento con que cargan varios países y derivar recursos para estimular la creación de empleo allí donde las tasas de desocupación son insostenibles y ponen en riesgo el equilibrio político.

 

Pero Merkel, con su lógica, duda. En su entorno se preguntan: ¿son iniciativas para que los países que se comportaron de manera “prudente” vayan al rescate de los adictos al “despilfarro”? ¿Este nuevo Fondo Monetario resultará una fuente de relajamiento fiscal o reemplazará al Banco Central Europeo (BCE) y a la Comisión Europea (CE) en la supervisión de la disciplina presupuestaria de los países miembros?

 

Más allá de su solidez económica –o tal vez por ella– Alemania está presionada en los frentes externo e interno. En el plano global se le reclama que revise el esquema que la llevó a tentar hoy el mayor superávit comercial del mundo. Y en la escena doméstica, que el Estado gaste más. El país que gobierna Merkel es el único de la eurozona con superávit fiscal. Pero esa aparente virtud es la contracara de un notorio déficit en materia de infraestructura, educación y desarrollo digital. Y a la vez, la contención salarial – que durante años financió la competitividad exportadora- ahora se está volviendo agobiante para muchos sectores. El consumo retrocede en términos de su peso en el PIB y ello a la vez restringe las importaciones, lo cual desata las demandas del resto del mundo.

 

En el plano internacional Merkel es imaginada por ese espacio que suele denominarse mundo occidental como una suerte de “esperanza blanca” para hacerse cargo del liderazgo global que está dejando vacante Donald Trump con sus políticas erráticas y su improvisación en materia de asuntos externos

 

Sobre esas fuentes de debilidad intentó cabalgar la oposición, con el socialdemócrata Martin Schulz a la cabeza, seguido de atrás por los liberales del FDP y los ultraderechistas de Alternativa para Alemania. Ninguno logró hacerle sombra a Merkel. Alemania es un caso especial con una población que envejece por encima de la media europea y que en un 80% se considera políticamente “de centro”, frente al –por ejemplo– 50% de los franceses.

 

Pero aunque Merkel deje muy atrás a sus competidores el domingo, necesitará de algunos de ellos para formar gobierno. Según se conformen las alianzas para gestionar, así será el margen político de la canciller para tomar las decisiones locales y globales a partir del día después.