La expectativa de vida es de 75 años en las Américas

27 de septiembre, 2017

La expectativa de vida es de 75 años en las Américas

 

La población de las Américas ha ganado 16 años de vida como promedio en los últimos 45 años, es decir, casi 2 años por quinquenio. “Hoy, una persona que nace en el continente puede aspirar a vivir hasta los 75 años, casi 5 años más que el promedio mundial”, sostiene un informe, difundido ayer, desde la Organización Panamericana de la Salud. Sin embargo, advierte, “las enfermedades emergentes y las no transmisibles, que causan al año cuatro de cada cinco muertes, son los principales desafíos a enfrentar en una de las regiones más desiguales del mundo”.

 

“Vivimos más años de vida y morimos menos por causas que podemos evitar, pero esa ganancia no ha sido equitativa”, afirmó la Directora de la OPS/ OMS, Carissa F. Etienne. “Debemos tomar medidas urgentes para combatir las inequidades y que todas las personas en las Américas tengan acceso a los servicios de salud que necesitan y a las condiciones que determinen una buena salud, como el acceso al agua potable, a la educación y a una vivienda digna”, añadió.

 

Las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, las respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes, siguen liderando entre las principales causas de mortalidad en la región. Cuatro de cada cinco muertes anuales se deben a una de ellas, y se prevé que en las próximas décadas habrá un aumento debido al crecimiento de la población, el envejecimiento, la urbanización y la exposición a distintos factores de riesgo.

 

El informe, presentada durante la 29ª Conferencia Sanitaria Panamericana de la OPS en WashingtonDC, advierte que en las Américas la tasa de obesidad, uno de los principales factores de riesgo para padecer una enfermedad crónica, duplica el promedio global (26,8% frente a 12,9%). Además, señala que el 15% de la población mayor de 18 años (62 millones) vive con diabetes, un porcentaje que se ha triplicado durante la última década.

 

Entre otros datos presentados en el informe, se señala que aunque la mortalidad por enfermedad cardiovascular ha disminuido casi 20% en promedio en una década, ésta sigue siendo la principal causa de muerte en la región. También advierte que 1,3 millones de personas murieron de cáncer en 2012, 45% de ellos en forma prematura, es decir, antes de los 70 años.

 

Otros desafíos a enfrentar son las lesiones causadas por el tránsito, que representaron el 12% de las muertes en 2013, así como también las altas tasas de homicidios que colocan a 18 países de América Latina y el Caribe entre los 20 principales en todo el mundo.

 

Además, los cambios en el ambiente, en los estilos de vida y los desplazamientos poblaciones han colaborado en parte al surgimiento de enfermedades infecciosas emergentes, como el zika y el chikungunya, explica el reporte. Estas amenazas sumadas a los desastres asociados a sismos y huracanes, entre otros fenómenos, son otros de los retos regionales. Entre 2010 y 2016, la región enfrentó 682 desastres, el 20,6% del total mundial y esos desastres tuvieron un impacto económico estimado en más de 300.000 millones de dólares.

 

Se estima que el 81% de las personas que nacen hoy en la región vivirán hasta los 60 años mientras que el 42% de ellas sobrepasarán los 80 años. Sin embargo, el aumento de la esperanza de vida no ha significado más años de vida sin discapacidad. En 2015 se estimó que la esperanza de vida saludable promedio en las Américas era de 65 años.

 

Además de la ganancia en años de vida, el reporte destaca, como éxitos, una reducción en la mortalidad materna. También la mortalidad infantil se redujo 24% entre 2002 y 2013 y cayó 67% la tasa de mortalidad de menores de 5 años en los últimos 25 años.

 

Muchos de estos resultados no se dan en todos los países de la misma manera, y eso refleja las desigualdades en la región. En ese sentido, la publicación pone el acento en la necesidad de transformar los sistemas de salud, aumentar la inversión en el sector (sólo cinco países invierten el 6% de su PIB en salud como recomienda la OMS), así como mejorar la gestión y distribución del personal sanitario para alcanzar la salud universal en 2030 y disminuir esas inequidades.