Gemelos contracturados, desgarrados o sin tono

Necesitamos un tipo de cambio para que la industria pueda exportar y un tipo de cambio que no haga que el sector primario sea súper rentable

22 de septiembre, 2017

Gemelos contracturados, desgarrados o sin tono

 

Por Carlos Leyba

 

En tiempos de running, el estado de los gemelos es clave. La falta de tono, la contractura o el desgarro de esos músculos no impide la marcha del bípedo que somos. Pero sí impide correr y, peor, obliga -en ese estado  a quien lo sufre- a caminar como palmípedo, pisando huevos o cualquier otra metáfora de incomodidad ambulatoria. Marcha lenta y con señal de desequilibrio o deterioro.

 

Por eso el estado de los gemelos es muy importante para avanzar, y es crucial para desarrollar velocidad.

 

Como las economías necesitan correr, aun para estar en el mismo lugar, ellas siempre están en estado de running y es bueno que nos preguntemos, primero, porque deben estar en estado de running, es decir, correr y, en segundo, lugar qué tantos músculos deben estar con garra, sin contractura y a pleno tono para poder hacerlo.

 

Carrol y la demografía Lo de correr lo hemos aprendido de “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Carrol.

 

Recordemos.

 

“Alicia, corriendo sin parar, arrastrada de la mano por la Reina Roja, que gritaba “más rápido, más rápido!”, pensó “¿me pregunto si las cosas se están moviendo con nosotros? y la Reina, adivinando sus pensamientos, le gritó: ¡Más rápido, no trates de hablar!”… cuando pararon un momento Alicia, sorprendida, miró a su alrededor:

-¡Creo que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que estaba!

-¡Por supuesto! -dijo la Reina- ¿cómo iba a estar?

-Bueno, en mi país -dijo Alicia, aun jadeando-, si corres tan rápido durante tanto tiempo, sueles llegar a algún otro sitio…

-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina-. Aquí, hay que correr todo lo posible para permanecer en el mismo lugar. Para llegar a otro sitio hay que correr el doble de rápido.”

 

Veamos. ¿Por qué las economías tienen que correr el doble de rápido para llegar a otro sitio?

 

Me explico. La demografía (toda las resonancias del concepto) aumenta con la pobreza. Los hogares pobres tiene más hijos y, a edad más temprana, que las familias de ingresos medios. Más allá de las convicciones morales que impulsan la procura de crecer para mitigar la penuria, hay –en todas las economías- una pulsión para multiplicar los panes porque la sombra de la pobreza, además del sufrimiento absoluto y relativo de los que la padecen, amenaza la estabilidad de las condiciones de vida de los que no la padecen.

 

Por otra parte, como contraste, en aquellos países en los que, dejando de lado los efectos de los recientes procesos migratorios, el envejecimiento progresivo se torna dominante, a pesar de las mejores condiciones económicas iniciales, se hace imprescindible crecer para sostener una población que no fue pobre pero que no puede producir y puede pasar a serlo.

 

En un extremo se nace pobre y, en el otro, se empobrece con la edad.

 

En síntesis, de una punta a la otra de los sistemas económicos, una cierta tasa de crecimiento es necesaria para permanecer en el mismo lugar y una tasa del doble es necesaria para poder ir a otro lugar…o lo que es lo mismo para estar mejor.

 

Absorber la pobreza o soportar el envejecimiento exige crecer mucho. Y ese mucho depende de cada punto de partida. Cada sociedad tiene una memoria genética del mejor lugar en dónde estuvo.

 

Hay un consenso en la profesión desde Miguel Ángel Broda en el extremo de la ortodoxia hasta los heterodoxos, como el suscripto, que en términos de pobreza, empleoy distribución ubicamos a los años dorados en el primer quinquenio de los ‘70 del Siglo XX, mejorando desde el ‘70 al ‘74 y derrapando en picada desde 1975 de manera permanente hasta nuestros días, en términos de pobreza, empleo y distribución.

 

El Coeficiente de Gini de aquellos años rondaba 34, una distribución más o menos de la Dinamarca de hoy. La pobreza era de 4% de la población y el desempleo de 3%.

 

Hoy las cifras de empleo –que son muy altas– deben ser corregidas por la enorme cantidad de personas que no buscan empleo y aquellas que trabajan menos de una jornada completa o disponen de trabajos que carecen de las condiciones de la seguridad social (empleo en negro).

 

La distribución actual está más cerca de los Coeficientes de Gini de Latinoamérica (la región de la peor distribución del ingreso del planeta).

 

La pobreza condena a un tercio de la población.

 

Sin tener en cuenta la cuestión del envejecimiento, que por unos años más no es un problema en nuestro país (aunque ya es un problema para la seguridad social), es evidente que la economía argentina, por la decadencia de sus indicadores sociales, tiene que correr para permanecer en el mismo lugar y duplicar esa tasa de crecimiento para colocarse en otro lugar siguiendo la “hipótesis de la Reina Roja”.

 

Sabemos que el crecimiento de las economías es el método más sereno para resolver los problemas distributivos que generan la pobreza presente y el envejecimiento futuro. Hay otros métodos pero no gozan de la simpatía mayoritaria.

 

Crecer y crecer

 

Dicho esto resulta claro que, dejando de lado los daños ecológicos –que pagarán las próximas generaciones– o dejando de lado la posibilidad de profundas transformaciones culturales, por ahora, el crecimiento es la vía necesaria –aunque insuficiente– para resolver nuestros problemas presentes y no agravar los del futuro.

 

Ahora bien, ¿cómo están nuestros músculos para correr rápido y el doble de rápido? ¿Cómo andan nuestros gemelos de la economía?

 

El déficit fiscal es enorme y venimos mal con el déficit externo. Los gemelos más meneados están contracturados, desgarrados y sin tono. Y en esas condiciones correr es muy difícil.

 

Dejemos de lado las responsabilidades previas de la situación presente de la musculatura. Existen, las conocemos, pero hoy no da la pena batir el parche.

 

Lo mismo podemos decir de las responsabilidades presentes.

 

Debemos preocuparnos por las responsabilidades futuras que son las que asume lo que llamamos la política económica. Como es obvio la condición de los gemelos es una condición necesaria para poder correr.

 

Pero es insuficiente, y algunos otros músculos afectan la posibilidad de correr. Es un sistema.

 

La economía esencialmente lo es. Con lo que no sólo los déficit gemelos (fiscal y externo) afectan la posibilidad que la economía responda a la hipótesis de la Reina Roja, hay otros elementos.

 

Pero por ahora concentrémonos en nuestros gemelos fiscal y externo.

 

Una opción, la adoptada por el Gobierno, para ambos déficit es el endeudamiento. Los préstamos en dólares nos financian lo que los ingresos tributarios no proveen y a la vez nos financian el exceso de importaciones por sobre nuestras exportaciones.

 

El Gobierno ha adoptado esta estrategia que, según las autoridades, además de resolver cada uno de esos problemas, le permite a la vez dominar la tasa de inflación.

 

Los productos importados traen empaquetados básicamente salarios bajos o altísima productividad o subsidios a la exportación y, en consecuencia, presionan los precios a la baja.

 

Y como el ingreso de dólares financieros mantiene el tipo de cambio a raya, importar –con inflación local– hace los bienes finales y los insumos extranjeros, cada vez más baratos.

 

Las consecuencias golpean sobre el empleo, la pobreza y la distribución. Básicamente porque la economía no crece lo que tiene que crecer.

 

Por arriba

 

¿Cómo salir de aquí en más de este laberinto? Ya sabemos que, como dijo Leopoldo Marechal, de todo laberinto se sale por arriba.

 

Arriba es el espacio que está por encima del problema. Y, póngalo como quiera, más alto está la política con mayúscula. La política no la de aspirar a controlar el poder (electoral) sino aquella que conjuga el poder hacer las cosas que tenemos que hacer (virtuosa).

 

En esta etapa pequeñita de la política electoral el senador Miguel Angel Pichetto, fuera de la contienda, acaba de pronunciar, ayer, un breve discurso en el que expuso con absoluta claridad que la gran política para salir del laberinto de los gravísimos problemas del presente, uno de los cuáles sin duda es la economía y de ninguna manera el único, pa
sa por la concertación. Concertar: hacer ciertos, verdaderos, compromisos en común.

 

Para ello, sostuvo, es imprescindible una convocatoria por parte de quien conduce el Poder Ejecutivo, a todas las fuerzas políticas y sociales, para formular acuerdos básicos acerca del proyecto de país que concita la absoluta mayoría de las voluntades.

 

Enunció temas centrales que implicaron el desarrollo territorial y demográfico y todas las situaciones críticas que se han presentado en los últimos años.

 

Y también recordó, en la proximidad de la fecha en la que fue asesinado José Ignacio Rucci –responsabilidad intelectual de Montoneros que aún pesan en la vida política nacional-, por firmar la Concertación y Pacto Social de 1973 diseñado y conformado por todos los partidos políticos y todas las organizaciones sociales de trabajadores y de empresarios (incluidos la Sociedad Rural y la UIA)

 

Ese acuerdo nacional logró bajar la inflación del 80% anual a la mitad; pasar de la recesión al crecimiento vigoroso y reducir la tasa del 7% de desempleo a menos de la mitad, en seis meses.

 

Pichetto, que lidera la mayor oposición en el Senado, convocó al acuerdo.

 

Ese acuerdo necesita procurar las bases para recuperar los gemelos para poder correr el doble de rápido. No pasa por el endeudamiento.

 

Tal vez sea hora de recordar que esta economía productiva tiene dos sectores que en la actualidad tienen dos velocidades diferentes.

 

El comercio internacional, tan protagonista de estos días, nos obliga a reconocer esa condición.

 

Las condiciones

 

Necesitamos un tipo de cambio para que la industria pueda exportar y un tipo de cambio que no haga que el sector primario sea súper rentable.

 

Marcelo Diamand ya lo explicó. Las retenciones son las que permiten que el déficit fiscal se aplaque y el tipo de cambio competitivo para la industria permite que el déficit externo se aplaque.

 

La deuda no es un remedio, es un veneno. Intoxica los músculos del crecimiento, contractura, desgarra y deja sin tono a los gemelos.