Apuntes del día después de mañana

21 de septiembre, 2017

Apuntes del día después de mañana

 

 Por Fernando Pablo Soliño

 

Existe una controversia científica acerca de las causas de los desastres humanitarios, naturales y económicos que asolan determinadas regiones del planeta. Mientras unos postulan el comportamiento cíclico de los fenómenos de la naturaleza por factores recurrentes meteorológicos e inclusive por alteraciones excepcionales del disco solar y su carga eléctrica, otros denuncian el deterioro ambiental y climático que sufre el ecosistema terrestre por la acción directa del hombre y su despiadada actividad económica que depreda, contamina y diezma los recursos naturales y el medio ambiente. Frente al antagonismo por el origen de los fenómenos climáticos y meteorológicos, no surgen dudas sobre las terribles y consecuentes pérdidas de vidas humanas, ecosistemas biológicos y bienes patrimoniales.

 

Se estima que los daños económicos generados directamente por los huracanes Harvey, Irma, José y María alcanzarían los US$ 290.000 millones (equivalentes a 1,5 puntos del PIB estadounidense) en las islas del Mar Caribe y en el territorio de EE.UU., sobre la infraestructura edilicia, sanitaria y energética.

 

La región había recibido otros ciclones tropicales como el Andrew en 1992, el Katrina en 2005 y el Sandy en 2012. La recuperación patrimonial posterior permitió continuar con la explotación de los monocultivos de la zona y de los servicios turísticos integrales. Sin embargo, el volumen de inversión necesaria para reactivar actualmente este tipo de prestaciones en las áreas perjudicadas obliga a optimizar la aplicación de fondos y rediseñar la matriz de negocios que implica la explotación del turismo.

 

Esta serie de sucesos han afectado profundamente los procesos productivos y comerciales, y el desarrollo de las distintas actividades económicas, provocando inclusive cambios y modificaciones en la matriz de insumo-producto y en la generación de empleo y distribución del ingreso.

 

En nuestro país, la Sociedad Rural Argentina afirmó que “hay más de 10 millones de hectáreas de las más productivas inundadas” en Buenos Aires, Santa Fe y La Pampa. Los “excesos hídricos” que padece la región provocan la pérdida significativa de ganado, miles de hectáreas menos de cultivo, caída en la recaudación fiscal directa e incidencia negativa en la balanza comercial argentina. El quebranto económico se proyecta en U$S 1.500 millones. Si contabilizamos los perjuicios sobre la infraestructura y la logística, el aparato industrial del sector y la demanda de insumos y bienes de capital, el impacto negativo se profundiza en toda la matriz productiva de la economía nacional.

 

En Castilla y León, España, la sequía provocó la pérdida de cosecha de cereales en más del 60%. En la región de La Umbría, por la intensa ola de calor que asoló recientemente la península italiana, se produjo 50% menos de olivos que el año anterior. Las fuertes heladas ocasionaron una disminución del 40% en la producción de uvas en Burdeos, Francia. El intenso frío y las bajas temperaturas generaron una importante crisis agrícola en Boyacá, Colombia, por el deterioro de los cultivos de papa y maíz. La desaparición de dos glaciares himalayos en el estado de Cachemira, India, ha obligado a los agricultores a dejar los arrozales por la falta de agua y dedicarse al cultivo de manzanas.

 

La conjunción de fenómenos meteorológicos cíclicos y el cambio climático sistemático que se evidencia en vastas regiones del planeta incrementan los desastres humanitarios y del medio ambiente. Las pérdidas económicas nos obligan hoy mismo a prever y sostener políticas de inversión en infraestructura, y de modificación de tecnologías y de modos de producción, para adecuarse y enfrentar los vaivenes estacionales o periódicos que se suceden indefectiblemente en el presente. La controversia científica acerca de las causas seguramente se esclarecerá el día después de mañana.