“El ajuste fiscal nunca arrancó”

1 de junio, 2017

Entrevista a Juan Manuel Pazos Head de Estrategia en PUENTE Por Alejandro Radonjic

 

El Economista dialogó con Juan Manuel Pazos, Head de Estrategia en PUENTE,  el presente de la economía y sobre los desafíos luego de las elecciones.

 

La inflación de mayo llegará debajo de 2% y comenzará a mostrar números con el 1% adelante en el futuro mientras que se verán los mejores números del PIB por la baja base de comparación que dejó igual período en 2016, se computa la cosecha gruesa y, de hecho, la economía ya está creciendo. ¿Se viene un veranito estadístico? Ese es el cálculo que hacen en el Gobierno, cuanto menos…

Lo que estamos empezando a ver es un poco más que un veranito estadístico. Hay algunos problemas y restricciones, y cosas que obviamente no están avanzando tan rápido como todos esperábamos que lo hiciera, pero estamos viendo algo más profundo que un veranito estadístico. El nivel de actividad empezó a recuperarse a principios del cuarto trimestre y ya llevamos dos trimestres consecutivos de recuperación. El segundo trimestre del año va a ser el tercer trimestre consecutivo de recuperación. La recesión ha quedado atrás, aunque la recuperación sea heterogénea. Hay sectores que empezaron a andar muy bien, como el agro y los durables. Y sectores que todavía no están viendo esa mejora. Los más atados a Brasil, sobre todo. Argentina tiene alrededor de 25% de exposición a Brasil en términos de comercio, pero eso no es cierto cuando uno lo mira a nivel sectorial. El 25% es un agregado. Hay sectores que tienen exposición de 0% y otros, con una de 80%. Cuando vos le decís a un sojero que la situación en Brasil se volvió a complicar te mira como diciendo ‘bueno, por ahí el tipo de cambio sube un poco y el precio en pesos de la soja en Rosario sube’. Lo ve como una buena noticia. Le decís a una terminal automotriz y por ahí le sacaste el sueño un par de noches. Hay sectores que ya están viendo una recuperación muy fuerte y sectores que no tanto. Y eso un poco está explicando la disparidad en las encuestas, donde se ve, sobre todo cuando uno mira la provincia de Buenos Aires, comportamientos muy distintos hacia su interior, mucho más atado al agro, de lo que se ve en el conurbano, sobre todo en el tercer cordón, que es donde más va a tardar en llegar esta recuperación. Ayer salió el ISAC, que dio 10,5% de crecimiento interanual. Producción industrial dio un poco más flojo de lo que se esperaba, pero también viene repuntando. Viene saliendo del pozo, si se quiere. Donde están las mayores dudas es en la tasa de inflación. Mirando con un horizonte un poco más largo, sí, viene bajando, aunque el BCRA viene corriendo entre seis y doce meses detrás de su meta. Claramente es una buena noticia que se estabilice la inflación en 1% o algo más, pero no hay que perder de vista que el trabajo empieza ahora. Hace diez años que tenemos un promedio de inflación de 1,5% o 1,6% por mes.

 

A eso me refería con lo estadístico, también. El nivel de actividad está repuntando, pero recién volviendo a los niveles previos a la caída. La inflación, igual. Y el tipo de cambio está como en los niveles previos a la salida del cepo…

El tipo de cambio está un poco más atrasado de lo que estaba en diciembre de 2015, pero tuviste una apertura muy exitosa del cepo cambiario. Durante el balotaje la discusión era cuál iba a ser el nivel de devaluación. Y hoy estamos discutiendo la apreciación real del peso. No tenemos ningún tipo de restricciones en el mercado de cambios, y ya no te digo restricciones a la compra de divisas: ni siquiera tenemos restricciones en la liquidación. Un sojero puede liquidar dentro de diez años la cosecha de soja. El mercado de cambios es realmente libre hoy y, como decía, estamos discutiendo la apreciación del peso. No cuánto se depreció. Es cierto, como vos decís, que el nivel de actividad recién ahora se encamina al pico previo a la recesión. Y es cierto que la tasa de inflación recién ahora está convergiendo al promedio de los últimos diez años. Estamos pagando el costo de una serie de decisiones que había que tomar. Y que se hicieron bastante bien. La principal, la salida del cepo. La segunda, la salida del default, que fue bastante más rápida y menos costosa que lo que el mercado esperaba. Obviamente que ahí había costos que pagar. El Gobierno subestimó los costos de eso. En ningún momento esperó que la inflación se disparara a 40%. Si no, jamás hubieran hablado de una inflación de 25%. Se sorprendieron. Había trabajos académicos que decían que como el dólar blue al 2015 ya estaba a $16 probablemente no iba a haber traspaso a precios con una devaluación. Y la verdad es que eso es no entender cómo funciona la formación de precios y claramente hubo un traspaso mucho más grande que el que se esperaba. Y cuando se lo combinó con las tarifas claramente generó una inflación más alta que la que esperada. Doce años de fiesta y estamos pagando las primeras cuotas.

 

O sea, pese a que hay números similares, estamos mejor…

El contexto es muy distinto. No es lo mismo tener 25% de inflación anual con toda la economía cerrada, sin libertad del mercado de cambios y represión financiera, que tener 25% con todo abierto. La Argentina tenía 25% de inflación, cuando se fue Axel Kicillof, más una enorme inflación reprimida porque no se ajustaban las tarifas ni el tipo de cambio. Hoy esa inflación reprimida no está. Hoy tenemos 25% de inflación real. Sin esqueletos en el ropero.

 

¿Cómo ven los próximos 12 o 18 meses para la inflación? Aún hay que ajustar precios relativos y, como usted mencionaba, eso siempre pega en los precios.

Hay factores positivos y negativos. La visión nuestra es que el BCRA va a seguir corriendo detrás a las metas. Nosotros esperamos una de entre 20,5% y 21%. Y para el año que viene una de 15%. Esperamos que el BCRA esté durante los próximos 18 meses afuera de su rango meta de inflación, pero bajando.

 

¿Qué herramientas habría que poner sobre la mesa?

No sólo está muy solo el BCRA sino que va a seguir así. Los precios relativos tienen que seguir acomodándose. La decisión del Gobierno de moderar el ajuste porque es año electoral no es una decisión saludable. El tipo de cambio va a tener que ir ajustándose, y no puede continuar atrasándose en términos reales. La parte a favor creo que es la negociación salarial. En Argentina estamos acostumbrados a que tras un año como 2016, en el que hubo una fuerte caída del salario real, las negociaciones salariales se arreglan por lo que el trabajador espera de inflación más lo que perdió el año pasado. Y sin embargo lo que estamos viendo es que las negociaciones se están cerrando por la inflación de 2017. Eso es un cambio positivo y creo que es la única ayuda que tiene el BCRA con la tasa de inflación hoy. Vamos a ver una inflación más baja en lo que queda del año.

 

La foto fiscal es bastante fea. ¿Y la película?

La estrategia fiscal no empezó. Estoy convencido de que el problema fiscal va a ser hacia adelante la principal preocupación de Argentina. No lo ha sido en 2016 porque, en recesión y con inflación de 40%, claramente no es una prioridad y mucho menos en un año electoral. Pero mirando hacia adelante, va a tener que serlo. Sin llegar al nivel que piden los colegas más fanáticos. La oposición no es gradualismo versus shock sino que necesitamos un plan genuino para atacar el déficit, y todavía no se ha visto. Estoy mirando los números de abril y veo una aceleración fuerte del gasto primario. La posición fiscal uno todavía la ve engañado por los ingresos del blanqueo, que son de una sola vez. El Gobierno decidió incorporarlo dentro de sus metas fiscales. Eso es prerrogativa de ellos. Nosotros, los analistas, tenemos que mirar la posición fiscal teniendo en cuenta qué pasa hacia adelante. Cuando uno mira lo que pasa hacia adelante, la verdad es que no sólo no hay mejora fiscal en los últimos 18 meses sino que, incluso, hay un deterioro. Los ingresos fiscales medidos en términos reales, una vez que uno excluye al blanqueo, están cayendo desde el 2012. Y el gasto público sigue subiendo a razón de un punto del PIB por año. Hoy, cuando uno mira en Argentina a todos los niveles de Gobierno (el federal más provincias más municipios) ve que Argentina tiene más de 50% del PIB de gasto público. Los ingresos caen términos reales y los gastos suben. En el primer trimestre la obra pública creció 37%. En abril 67% interanual. No sólo no estamos yendo hacia donde tenemos que ir en política fiscal sino que vamos al revés. Y ahora encima se cruzó la campaña electoral. Soy un convencido de que el ajuste gradual, pero lo que no se puede hacer es evitarlo. Me da la sensación de que el primer año fue muy difícil, el segundo es la elección. La realidad es que vamos a llegar al 2018 sin habernos siquiera sentado a hacer los deberes. La estrategia tiene tres pilares: uno, congelar el gasto en términos reales; dos, que el crecimiento empiece a licuar el gasto en términos del PIB y que aumenten los ingresos y, tres, en algún momento hacer una reforma tributaria en la cual, con más contribuyentes, cada uno tenga una alícuota más abajo y no afecte la recaudación total. La realidad es que la reforma tributaria no está cerca de ocurrir. No va a pasar
este año. El crecimiento, si bien la economía se está recuperando, claramente no es suficiente para mejorar por sí mismo la situación fiscal. Y el gasto público está creciendo en términos reales. No veo a ninguno de los tres pilares de la estrategia.

 

¿Cómo ve la política económica luego de octubre?

Ahí lo más importante es definir qué quiere decir que gane y que pierda. Es una elección legislativa. Ganar para Cambiemos sería un escenario en el que hay un consenso de que el resultado no afecta sus posibilidades de ser reelecto en 2019. Eso sería ganar. No sé si eso implica meter un senador en Buenos Aires, dos senadores, ser primera minoría, cuántos diputados… esa es la parte difícil de graduar. Pero en principio que la sociedad crea que Cambiemos tiene la misma chance de ser reelecto. Entonces, el BCRA va a tener tiempo de continuar bajando las tasas de interés reales y la inflación casi de la mano. Es un escenario de convergencia macroeconómica. El rebalanceo se puede dar gradualmente. La economía va a terminar de afianzar una recuperación con una tasa de desempleo convergiendo a un dígito para final del mandato. Por eso nos gustan los activos atados a la inflación, porque creemos que estamos cerca de los máximos de las tasas reales y hacia adelante será para abajo. Creo que ese es un escenario que además tiene la ventaja de que el mercado te da tiempo para ir haciendo el ajuste fiscal que te demoraste tanto en hacer. Si bien ellos encararon la inflación desde el día 1, están seis o siete meses atrás de la meta. Y, en términos fiscales, están dos años detrás de la meta. Todavía no empezaron. En el escenario en el que pierde, no lo veo significativamente distinto. La pregunta en ese caso es quién gana. Lo complicado sería un escenario en el que haya consenso de que, si no es Cambiemos, vuelve el populismo. Pero creo que hay alternativas al populismo. Y creo que la elección de 2017, sobre todo cuando uno ve cuántos candidatos hay en las PASO, sobre todo la peronista, uno ve que no necesariamente el populismo es la única alternativa. Y en ese caso claramente creemos que habría un énfasis más grande de los mercados en la posición fiscal. No se financiaría cualquier cosa a cualquier tasa. Probablemente la baja de las tasas de interés sería más lenta. El margen va a ser más acotado para el gradualismo.

 

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