Un año olvidable para el Mercosur

19 de diciembre, 2016

Un año olvidable para el Mercosur

 

por Julio Burdman (*)

 

En el idioma que hablan los diplomáticos, el 2016 “no fue el mejor año de la historia del Mercsour”. Eso equivale a decir que fue el peor de todos, o casi. Pero esas franquezas pueden resultar algo desmoralizantes para el interlocutor, que en este caso es el lector. El año que termina hubo derrumbe comercial intrarregional (por las caídas de Brasil, Venezuela y Argentina), crisis políticas que afectaron la legitimidad de sus miembros y parálisis institucional entre julio y diciembre. Fue, también, el año en que cobraron fuerza algunas hipótesis fuertemente contradictorias con el espíritu fundacional del bloque, como la flexibilización de las negociaciones bilaterales con terceros países o las restricciones migratorias entre socios. ¿Qué más pudo pasar?

 

El año comenzó con la asunción de Mauricio Macri, quien planteó dos objetivos iniciales respecto del Mercosur: denunciar un quiebre democrático en Venezuela, solidarizándose con la oposición política de ese país y excluyendo al país del bloque, y relanzar las negociaciones comerciales con la Unión Europea (UE).

 

Sin embargo, los sucesos de los meses ulteriores incorporaron matices a aquellos objetivos que parecían tan claros. La candidatura de Susana Malcorra a la secretaría general de la ONU requería un visto bueno regional, y eso llevó a Argentina a posiciones más conciliatorias con Caracas, que pudimos ver en el caso de la frustrada aplicación a Venezuela de la Carta Democrática de la OEA. La otra fue el Brexit, que puso paños fríos a todo. Las comisiones técnicas del acuerdo Mercosur–UE siguen funcionando, y el acuerdo sigue siendo la prioridad política de la Presidencia pro tempore que ocupa Macri desde la semana pasada. La inclusión de Ecuador al acuerdo preferencial que Europa mantiene con Colombia y Perú, votada por el Parlamento Europeo el pasado 14 de diciembre llena de esperanzas a la gestión Malcorra. Hay que apurarse, sostienen. No obstante, una cierta incertidumbre se apoderó de todo el proceso, que empeora con cada nuevo resultado electoral que llega del nuevo continente. ¿Qué tan probable sería que el anhelado acuerdo se concrete si la Liga Euroescéptica del Mal (Marine Le Pen, Matteo Salvini, Geert Wilders y Nigel Farage) sigue sumando votos y adeptos?

 

Recordemos, también, que se vivieron momentos duros en ocasión del traspaso de la presidencia pro témpore de Uruguay a Venezuela en el mes de julio. Dilma Rousseff había sido suspendida semanas antes, Michel Temer ya ocupaba el sillón del Planalto y Venezuela (junto a Ecuador y Bolivia) desconocían el proceso. De hecho, una vez que se consumó el impeachment el 31 de agosto, los tres países andinos retiraron sus embajadores de Brasilia.

 

En ese marco, por iniciativa de Paraguay, secundada por Argentina y Brasil, se buscó bloquear el acceso de Venezuela a la presidencia del Mercosur y Uruguay, el país más próximo a Venezuela en esta crisis –recordemos que todo el petróleo que consume proviene del Caribe– denunció a través de su canciller que Brasil lo había presionado para que se sume a la movida. Finalmente, la conducción del bloque quedó en manos de una suerte de comité integrado por los cuatro miembros fundadores.

 

Ahora bien, ¿por qué Argentina y Brasil buscaron limitar el rol de Venezuela en la Presidencia del Mercosur y no fueron aún más lejos, suspendiéndola del bloque, como prácticamente se hizo el 2 de diciembre? Una explicación posible es entonces que estaban esperando el desenlace de la crisis política venezolana. Analistas de ambas cancillerías preveían un avance del referéndum revocatorio, especulaban con una transición política en Caracas y recomendaban no dejar fuera de la institucionalidad al futuro gobierno caribeño. Pero Maduro resistió, y por eso se optó por aislarlo aún más. Hoy, Venezuela quedó prácticamente afuera .

 

(*) Analista internacional