Mario, el superministro

29 de diciembre, 2016

Mario, el superministro

 

Muchos dirigentes políticos y analistas privados sostenían que era conveniente unificar la conducción de la política económica (que estaba muy dispersa en varios ministerios y secretarías) y que la falta de coordinación conspiraba contra la obtención de buenos resultados. Alfonso Prat-Gay pensaba los mismo aunque sabía que no podía decir nada al respecto porque aceptó el cargo en esas condiciones y sabiendo cuáles serían las reglas de juego. Por ese mismo motivo, antes Rogelio Frigerio declinó el ofrecimiento al cargo.

 

Pero esta semana, Mauricio Macri, en principio, tomó la decisión contraria y en lugar de fortalecer al Ministerio de Hacienda y Finanzas, lo dividió. Pero suponer que el Presidente quería fragmentar la conducción de la economía fue una primera lectura bastante extendida, pero equivocada. Por el contrario, y en línea con lo que se reclamaba, decidió unificar el manejo, pero no en Prat-Gay o en nuevo ministro de Economía con más funciones, sino en Mario Quintana. Los que querían que hubiera alguien que concentrase el manejo de la economía, ya lo tienen. Y tamaña responsabilidad sólo puede recaer en el que tenga la máxima confianza de Macri, y Quintana la tiene (y Prat-Gay nunca la tuvo). Su estilo personalista y su llegada tardía al mundo PRO no lo ayudaban. Por lo tanto, su desplazamiento fue consecuencia de un ajuste de la estrategia política del Gobierno y no de un cuestionamiento a su gestión.

 

De todas maneras, hay quienes sostienen que la llegada de Nicolás Dujovne supondrá una mayor disciplina fiscal. Puede ser una segunda lectura equivocada porque se centra en una visión económica que desconoce el contexto político. Es probable que, por formación, Dujovne le otorgue mayor centralidad al equilibrio fiscal que Prat-Gay. Las diferentes visiones pueden ser relevantes, pero ambos son funcionarios de un determinado Gobierno en un contexto político y económico determinado. Y allí las diferencias se borran. Porque si los números fiscales no acompañan al Gobierno, eso es producto de decisiones que se tomaron en distintas áreas. El Estado sacrificó recaudación –por ejemplo, con las retenciones– y la recesión agravó el problema.

 

Al no tener mayoría en el Congreso, ni el control de la calle y ante la necesidad de lograr acuerdos con los gobernadores, las concesiones que tuvo que hacer en materia fiscal fueron muchas. La negociación por Ganancias, en la que ganaron todos menos el Gobierno, es un ejemplo claro en ese sentido. Por otra parte, en la medida en que el crecimiento liderado por las inversiones no se concretaba, el Gobierno decidió modificar su estrategia económica y mejorar los ingresos de la población para reactivar el consumo. Todas esas medidas implican más gasto público pero responden a una estrategia integral y no de la decisión de un ministro. Por lo tanto, no cabe esperar cambios significativos.

 

El desplazamiento de Prat-Gay y la división del Ministerio fue una tomada con criterio político y tiene poco que ver con los números fiscales y mucho con la estrategia del Gobierno de cara a un año electoral en el que necesita consolidarse.