¿Llegarán cambios en 2017?

8 de diciembre, 2016

¿Llegarán cambios en 2017?

 

por Héctor Rubini

 

Llega el fin del primer año de gestión del actual Gobierno y el panorama para el próximo parece bastante complejo.

 

El 20 de diciembre del año pasado, el Ministro de Hacienda y Finanzas Públicas anunció el lanzamiento de un esquema de metas de inflación para el mes de enero. Una semana después en el sitio web del BCRA se leía que “la anunciada publicación de un nuevo índice de precios en 2016 permitirá hacer más explícitas las pautas de inflación del Banco Central”. También se sostenía que “la implementación de un régimen de metas de inflación, en conjunto con una flotación administrada del tipo de cambio, permite desvincular en buena medida el comportamiento de los precios respecto de la dinámica cambiaria”. El Decreto 55/2016 del 7 de enero de 2016 declaró la emergencia del sistema estadístico nacional de modo que hasta abril no se publicó el IPC. Luego, en la conferencia de prensa del 13 de enero del año en curso, el ministro Prat-Gay anunció metas de déficit fiscal y de inflación hasta el año 2019.

 

Los pronósticos

 

En materia fiscal, se anunció un déficit fiscal esperado de 4,8% del PIB para este año y 3,3% para 2017. Luego, en una conferencia de prensa a fines de abril, el secretario de Financiamiento dio a conocer una nueva estimación para 2016 (medida “bajo la línea”, en base a las necesidades de financiamiento) a 7,3% del PIB. Esta corrección hacia arriba (nada menos que del 52%) se aproxima bastante a varias estimaciones privadas para este año entre 6% y 8%, aun con el ingreso extra de noviembre y quizás diciembre por el blanqueo impositivo. Es más que obvio, entonces, que no es factible un déficit fiscal de 3,3% del producto, sobre todo si los ingresos fiscales siguen creciendo a una velocidad entre 5 y 10 puntos menos que el gasto público consolidado, y si la economía real no crece en línea con los pronósticos de los más optimistas (5% o más).

 

Respecto de la inflación para 2016, se anunció una meta entre 20% y 25%. Para 2017 un rango de inflación entre 12% y 17%, convergiendo a una meta entre 3,5% y 6,5% en 2019. Las mismas fueron ratificadas por el directorio del BCRA cuando anunció en septiembre pasado el compromiso con esas metas a partir de enero próximo.

 

La realidad en 2016 ha sido muy diferente. Si se toma el IPC INDEC para todo el país, la información disponible es para el semestre abril-octubre, con una inflación de 13,7% en ese semestre, levemente inferior a la inflación del IPC de la Ciudad de Buenos Aires (IPC CABA) para ese período: 14,6%. Si se toma la serie completa disponible del IPC CABA, en los primeros diez meses del año acumuló una inflación de 36,6%. De observarse subas de precios en torno de varias estimaciones de una inflación promedio de 2% mensual para noviembre y diciembre, el año 2016 cerraría con una suba acumulada de 42,1%. Casi 100% superior a la proyección original.

 

Las claves

 

La respuesta oficial para el próximo año parecería focalizarse en usar las metas de inflación como “polo atractor” de expectativas, para frenar pedidos de subas de precios de bienes y factores de producción a negociar o regulados. Esto podría fortalecer la credibilidad en dichas metas, y la efectividad de la sintonía fina que promete el BCRA.

 

Sin embargo, y dados los fenomenales errores de pronóstico de las propias autoridades, siguen en danza no pocas dudas que persisten aún hoy sin haber sido totalmente esclarecidas. Veamos. 1) ¿Cuál es la real ventaja de ampliar aún más la cantidad y variedad de ministerios a partir de la ya exagerada ampliación observada en el Gobierno anterior? 2) Sin un programa único claramente definido y presentado a la población, ¿quién es el real conductor de la política económica? O en los términos “boquenses” afines al presidente Mauricio Macri, si hay equipo, ¿cuál es el “Carlos Bianchi” que organiza el gabinete? 3) Buena parte del fuerte endeudamiento de este año ha obedecido a pasivos heredados, no reconocidos o al menos semiocultos de la administración anterior, ¿por qué no se informó de manera clara y contundente a la población al respecto? 4) De donde surgieron las metas fiscales y de inflación anunciadas en enero y ratificadas casi íntegramente en lo que va del año, y cuáles han sido los modelos y las premisas subyacentes? 5) Frente a nuevos ajustes de tarifas públicas, y no de sólo 17%, ¿quién puede esperar que el público, y en particular los líderes sindicales, esperen una inflación entre 12% y 17% para 2017? 6) Si el rumbo a seguir es el “gradualismo” actual, ¿puede esperarse una moderación sustancial de la emisión de deuda y de dinero para financiar al Fisco en el próximo año, que es electoral? 7) ¿Cuán coherente es que el BCRA siga emitiendo deuda a 35 días a no menos de 24%-25% anual y que otra ventanilla, el Tesoro, emita deuda a 7 o más años a 17% anual o menos? 8) ¿Puede sostenerse realmente una política monetaria moderada con una política fiscal expansiva, sin atraso del tipo de cambio real?

 

El contexto político, a su vez, luce complicado para el Gobierno. Lo que ha pasado en estos días con el financiamiento de $ 30.000 millones a tres años para sectores “informales” (la Ley de Emergencia Social) y la todavía incierta reforma al régimen de Impuesto a las Ganancias, anticipan un 2017 en que el Ejecutivo difícilmente logre aprobar proyectos de ley con reformas estructurales promercado o que le habiliten bajas sustanciales de gasto corriente. Y el escenario externo tampoco es auspicioso.

 

Sin viento

 

Daría la impresión que las proyecciones oficiales hasta 2019 descansan sobre el supuesto de que Hillary Clinton hubiera triunfado en las elecciones de los Estados Unidos, y que Brasil comenzaría a crecer sostenidamente en 2017. Se impuso, en cambio, Donald Trump, con una agenda que conduce a una apreciación del dólar, a subas de tasas de interés en EE.UU. y a una desaceleración, o quizás caída, del comercio exterior. Y de Brasil, al menos hasta mayo- junio próximo no parece realista esperar buenas noticias de ningún tipo…¿Quo vadis?

 

Con este contexto, y sin atacar el actual main driver del déficit fiscal, que es el fuerte aumento del gasto público corriente, es más que frágil la credibilidad en las metas fiscales y de inflación para 2017. Si afloja la demanda de deuda de países emergentes, y si siguen empeorando los saldos de la balanza comercial y de la cuenta corriente, la suba del tipo de cambio sería inevitable en el segundo semestre de 2017. Sin un programa de estabilización, disciplina fiscal y crecimiento, la estabilidad macro y la suerte electoral del oficialismo pueden ingresar a una zona de alto riesgo. Se impone, aunque sea políticamente “incorrecto”, desacelerar el crecimiento del gasto público corriente, e incentivar la inversión, en el marco de un programa integral, sostenible y creíble.

 

Caso contrario, el escenario económico e incluso político a fin de 2017 puede forzar a cambios de política tardíos e innecesariamente conflictivos.