“El agro ya empezó a traccionar la economía en el interior”

7 de diciembre, 2016

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Entrevista a Jaime Gaviña Asesor de CREA

 

Termina el año y el sector agropecuario es, quizás, el que mejor lo cierra gracias al impulso que el Gobierno Nacional le otorgó a partir de diciembre de 2015. La rebaja de las retenciones, la eliminación de los cupos para la exportación y la salida del cepo cambiario fueron, sin dudas, los ejes de la reactivación de una actividad frenada durante la gestión anterior. Así también lo consideró Jaime Gaviña, asesor de CREA, que en diálogo con El Economista aseguró que la campaña 2016/17 traerá excelentes resultados a nivel país gracias a un fuerte incremento en la inversión por parte de los productores.

 

El trigo es uno de los cultivos estrella del nuevo ciclo, tras años de bajas en calidad y volumen de producción. ¿Qué diferencias nota respecto de otras campañas?

Cuando el kirchnerismo buscó poner al campo de rodillas, algo que realmente logró a base de impuestos e intervenciones en el mercado, se produjo una política de supervivencia, lo que significa gastar lo menos posible para llegar al año que viene y tratar de seguir viviendo y pagando los sueldos de cada empresa. Ahora, con las reglas nuevas, impresiona cómo se está invirtiendo. Los productores le están poniendo todo al trigo. Apareció un lote que rindió 8.000 kilos, cuando lo normal en ese cereal es llegar a los 4.000, 5.000 o hasta 6.000 kilos. Se está apostando a buenas fertilizaciones y fungicidas, a la tecnología, a la compra de semilla nueva y de alta calidad, lo cual trae no sólo más hectáreas sino más rindes. Y eso significa duplicar los fletes, porque después del trigo hacés una soja de segunda, con lo cual por una hectárea de trigo- soja se mueven tres camiones más que por una hectárea de soja. El gremio de los fleteros–, tanto camiones como trenes–, se verá impactado por la mayor superficie de trigo con más tecnología. Es un concepto multiplicador que tiene la generación de riqueza en el agro, que no está del todo valuada. Para toda la cadena agroindustrial esto es muy importante, y también para todos los argentinos. Más trigo implica que el precio del pan no se dispare por las nubes, que tengamos pan para el mercado interno y para el resto del mundo. Tenemos una calidad de pan que es impresionante.

 

El Gobierno anunció que controlará la calidad del cereal, ¿cómo evalúa esa decisión?

Que se esté ayudando al productor a medir la calidad de su trigo y se arme un mapa de la región triguera me parece un paso boenísimo, un avance enorme. Históricamente yo me crié con un trigo que era para hacer rinde, y no de calidad, porque al productor no le pagaban esa diferencia. Así que vamos en el camino correcto con este tema.

 

¿Observa una mayor integración entre la actividad agrícola y la ganadera?

Sí. En la ganadería, cuando empezaron a subir las commodities en 2003, una de las políticas que implementó el gobierno kirchnerista fue la de frenar la inflación de la peor forma: con un precio tope a la carne para que no superara los $ 3. Entonces los ganaderos se extinguieron. Algunos cerraron su empresa y otros la alquilaron a un agrícola, cuando la soja estaba valiendo US$ 500, por lo que empezó a bajar el stock, hasta que se llegaron a perder 10 millones de cabezas. Cuando venían empresarios a ver los campos preguntaban para qué seguíamos con vacas si se perdía plata. Fue entonces cuando hubo un cambio grandísimo en el que se pasaron los lotes de ganadería a la agricultura, y se generó un conflicto entre ambas actividades, cuando en realidad se combinan perfectamente, ya que es la mejor forma de ser eficiente en el uso de la tierra. Solo con agricultura se trabajan seis meses, en cambio con ganadería se puede cosechar un cultivo de maíz, hacer un verdeo de invierno, pastorearlo con animales, convertir ese pasto en kilo de carne… Impositivamente también es un beneficio. Cuando tenés un muy buen año agrícola es una oportunidad para comprar ganadería, y viceversa. A mí me toca asesorar empresas que en 2003 tenían bastante ganadería en el campo y su opción fue sacarla toda y dedicarse a la agricultura: ir de lo menos rentable a lo más rentable. El tema es que entrar en agricultura es bastante fácil, pero en ganadería no, porque son ciclos más largos. Se necesitan dos o tres años para tener una renta aceptable. Ellos tenían aproximadamente 900 hectáreas de las cuales sembraban 650, mientras que el resto quedaba como desperdicio. Al incorporar ganadería estas empresas están mejorando ese aspecto, y van alternando ganancias por ambas partes. A lo largo del tiempo les irá mejor, porque todas las actividades tienen años buenos y malos.

 

¿Cómo continúa la provincia de Buenos Aires luego de las inundaciones? ¿Habrá retrocesos en los rendimientos?

Cuando bajan esas masas de agua tan grandes, y no hay nada que las pare, avanzan sobre todo. El agua va buscando el terreno más bajo, por lo que las lomas agrícolas no se inundaron, salvo algunas excepciones. En diciembre bajó rápido, y se ha podido sembrar esas lomas y los lotes que están más bajos. Por supuesto que esto traerá mermas en los rindes, pero creo que el agua secó un poco más de lo que la gente esperaba. Hay esperanzas de buenos rindes, aunque todavía falta mucho. No me imagino una pérdida potencial muy grande.

 

¿El campo volvió a ser negocio en el país?

Sí, por supuesto. Soy muy optimista. Estoy viendo un Gobierno que está manejando la macroeconomía bien. Una vez que eso se acomode, se acomodará la micro. Lo primero que estamos volviendo a tener son las relaciones de precios históricas que siempre hubo. Antes se registraron distorsiones de precios y mercados. No se sabía cuánto valía un kilo de pan, parecía caro, nada tenía relación con nada. Una vaca valía lo mismo que un par de zapatillas. Ahora, de a poco, con un dólar a $ 16 y una vaca a $ 13.000, vemos que retorna la cotización normal y lógica de US$ 600 ó US$ 700. En 2008 fui consultado por un fondo de inversión de Inglaterra para comprar campos del norte argentino. Mantuve conversaciones durante un año con esa empresa, y a medida que pasaba el tiempo, la situación empeoraba y no se decidían a venir. Además, hay que tener en cuenta que el campo es un sector de mucho trabajo, donde nadie se hará rico de golpe. La diferencia llega en un ciclo de buena producción con buenos precios. Desde luego que ante un portfolio de inversiones, sin dudas yo tendría 20% en la actividad agropecuaria en la Argentina, más con este Gobierno. Y ojalá todos los gobiernos que lleguen entiendan que tenemos que salir para adelante entre todos. Nunca en un país tan agroindustrial como este se puede ir en contra del campo. Basta con subirse al auto y viajar por el interior: todo es agro. En otras actividades quizás la cosa venga más dura, pero hay que esperar, en las provincias ya se ve que hay cambios de vehículos, operaciones inmobiliarias, construcciones. La máquina ya empezó a traccionar, estoy seguro de que el año que viene será mejor y los otros dos muchísimo mejores. Tarda un poco, lo mismo pasó en 2003, y ahí la gente empezó a darse cuenta del peso del agro en el país. Vamos por buen camino, hay que tener esperanza.