Argentina y el mundo en 2017

16 de diciembre, 2016

Argentina y el mundo en 2017

 

Mauricio Macri, Brexit, el referendo colombiano, Donald Trump y la lista puede (y va) a seguir. Todos las prognosis sobre lo que iba a ocurrir fallaron y varios pronósticos sobre aquello que sobrevendría si llegara lo inimaginable también. Curioso: en la era de la información, el Big Data, los algoritmos, la inteligencia artificial y las simulaciones, trazar escenarios es cada vez más complicado. Pero hay que hacerlo.

 

“Juan Gabriel Tokatlian se preguntaba hace poco si vale la pena seguir previendo acontecimientos, una vez que nuestros intentos recientes se hundieron entre la costa del ridículo y la orilla de lo patético”, escribe Andrés Malamud en la última edición de la revista el estadista. Ciertamente, estamos ante un escenario global inestable (los argentinos no somos los únicos, dirá alguno) o líquido, como podría decir el sociólogo polaco Zygmunt Bauman.

 

Más allá de los cisnes negros y las sorpresas, el mundo sigue andando y siguen habiendo ganadores. Quizás debamos salir del ombliguismo epocal y reconocer que el mundo, contrario a lo que se puede suponer, es más estable y tiene movimientos más similares a los de un elefante que una gacela. ¿O acaso la victoria de Trump no comenzó a gestarse hace décadas con el estancamiento del salario medio de los estadounidenses, el offshoring de la industria y el odio de Main Street hacia la élite de Washington? Simplemente, no supimos ver lo que eso implicaría. Pero la tendencia estaba allí.

 

Con el mar de fondo antes descripto (y todas las sorpresas que podrían venir, o no, en 2017), ponerse a proyectar sobre el futuro nos puede dejar, efectivamente, en ridículo y nos puede hacer perder, además del valioso tiempo, dinero (y credibilidad). Pero no hay alternativa. ¿Nos quedaremos de brazos cruzados?

 

“Todos debemos aprender a decir ‘no sé’ más seguido”, sugería Gustavo Neffa en las páginas de El Economista hace pocas semanas. Como recomiendan los estrategas financieros, la clave parece ser diversificar y poner los huevos en distintas canastas. Las cosas no siempre van a salir como queremos, y no hay que forzar lo inevitable. Es menester seguir animándose pese a que nada sea perfecto o predecible como uno quisiera. Hay que trazar varios escenarios posibles y ejercitar la flexibilidad por si, como ocurrió, los británicos patean el tablero europeo, Trump se queda con los swing states o tal o cual cosa no ocurre. Hay que tener Plan B, C, D…y, como dicen los italianos, “¡sempre avanti!”.