“Falta una estrategia para volver a crecer”

Entrevista a Martín Redrado

15 de abril, 2016

"Falta una estrategia para volver a crecer"

Además de su habitual y lúcido análisis, el economista Martín Redrado tira una primicia. “Tras el pago a los holdouts, vamos a tener un programa fiscal más cierto y metas mucho más precisas que las que se dieron en enero; un programa monetario con metas cuantitativas y, asimismo, un programa financiero, porque una de las grandes dudas que tenemos es el monto que se va a financiar con endeudamiento”, sostiene. En diálogo con El Economista, el ex presidente del BCRA opina, sin embargo, que le falta “la pata de crecimiento” a la estrategia oficial. ¿Cómo está viendo el segundo semestre? A continuación, el diálogo completo que mantuvo con este medio desde sus oficinas en el Banco Mundial en Washington.

El Gobierno proyecta un segundo semestre con más actividad y menos crecimiento. ¿Qué proyecciones tiene usted?

El Gobierno ha llevado una estrategia de paso a paso e ir resolviendo puntualmente las distintas urgencias que hay en la economía argentina. Espero que, tras el pago a los holdouts, haya una visión y un programa más integral. Les hice este mismo comentario a los funcionarios del equipo económico. Los veo con más humildad en las últimas semanas y, pese a que nadie es dueño de la verdad revelada, consultando a la profesión. Tras el pago a los holdouts, vamos a tener un programa fiscal más cierto y metas mucho más precisas que las que se dieron en enero; un programa monetario con metas cuantitativas y, asimismo, un programa financiero, porque una de las grandes dudas que tenemos es el monto que se va a financiar con endeudamiento. Sabemos que tenemos hasta 4 puntos del PIB por financiar, es decir, unos US$ 16.000 M, además de los US$ 12.000 M que implicarán el pago a los holdouts. Una pregunta es cuál va a ser el mix de financiamiento externo e interno. Si esto es así, tendremos un programa económico más consistente del que hemos tenido hasta hoy. Por ahora, sólo hubo medidas esporádicas. Yendo a tu pregunta sobre el segundo semestre. ¿Será mejor? Depende de si tendremos un programa antiinflacionario cierto, con metas fiscales, monetarias, financieras y, sobre todo, con política de ingresos, la gran carencia de estos primeros meses y que ha dejado a la economía con un anclaje de expectativas. La gran pregunta es si la baja de la inflación será por los buenos motivos, es decir, con ese plan integral que mencionaba o por las malas razones, es decir, por una caífa fuerte en el nivel de actividad.

Una crítica que se escucha por esos días es que no hay una estrategia de crecimiento…

Coincido. No hay ningún indicador que nos muestre un mayor nivel de actividad. Estamos yendo de una economía basada en el consumo hacia una economía que busca y quiere basarse en la inversión. Yo prefiero una economía con incentivos más equilibrados, es decir, que haya más inversión, dinamismo en el sector externo y también más consumo privado, pero ese año va a caer 2,9% en 2016.

¿Esa convocatoria a la inversión está acompañada por incentivos específicos o es una expresión de deseos?

No veo incentivos impositivos, crediticios a través de la banca pública ni arancelarios. Hay una visión un poco voluntarista del equipo económico y la apuesta parece ser que la inversión volverá con la vuelta paso a paso a la normalidad. En el sector externo tampoco veo dinamismo, salvo en el sector agrícola. No habrá mucho dinamismo hasta no se sepa cuál será la pauta de inflación o se avance sobre los problemas de competitividad. Hubo anuncios positivos, como el plan federal de infraestructura, pero falta mucho y hay muchos enigmas.

En su primera respuesta nos dio una primicia: que habrá una relanzamiento del programa económico tras el acuerdo con los holdouts…

Lo que dije fue en base a charlas con las máximas autoridades, y eso me dijeron. Como lo expresé, me parece que falta una pata, quizás la más heterodoxa, que es la política de ingresos para anclar la política antiinflacionaria.

Usted habló de la falta de incentivos para que se desate un proceso inversor de envergadura. Aprovechando su constante diálogo con los empresario, ¿qué otros factores están retrayendo la inversión?

Lo fundamental que veo en el sector empresarial es que no ven un horizonte claro con respecto a las principales variables. Primero, con respecto a los precios; segundo, con respecto a la tasa de interés y, tercero, con respecto a la cuestión impositiva. Cualquier empresario que mira hacia adelante no tiene idea cuáles van a ser los costos financieros, laborales e impositivos que va a enfrentar. Por supuesto, hay cambios muy positivos con respecto a lo que vimos hasta el 10 de diciembre: el equipo económico es muy profesional, entiende la macroeconomía y conoce el mundo. Mi visión es, sin embargo, que hay que tener un esquema más integral. El paso a paso le sirvió a Racing, pero en economía no se puede avanzar así y hay que ofrecer horizontes más largos. Por todos estos, los inversores están con una mentalidad wait-and-see o, como dicen los gauchos, desensillando hasta que aclare, y todavía no aclarado.

Le quería preguntar por la cuestión de la competitividad, que usted vinculó al tema de infraestructura. Sin embargo, cuando se habla de este tema, todos la vinculan a la cuestión cambiaria. Al tipo de cambio, luego de la devaluación de diciembre y la aceleración de la inflación en los últimos tres meses y la que se espera para los siguientes, ¿le queda poco margen?

Nosotros siempre seguimos en nuestro equipo el tipo de cambio real multilateral, el real bilateral con el dólar y real bilateral contra el real. Y tenemos margen si uno mira el cambio real multilateral. En una serie que comienza en diciembre del 2001, hoy está 1,41. Y con respecto al dólar en términos bilaterales está 1,25. Con lo cual hay un poco de margen. Estamos bastante peor que en el 2007 y no estamos tan mal como en el 2014. Está claro que la clave es tener un programa económico que se focalice en una inflación descendente y también tener una política cambiaria que no sea tan anárquica. Está claro que el BCRA optó por una flotación administrada con una volatilidad acotada. Y esto me parece que es un paso en la dirección correcta. Argentina no está preparada para tener una flotación absolutamente libre todavía sin tener un ancla antiinflacionaria clara. Y, por lo tanto, hoy una volatilidad fuerte del tipo de cambio agrega incertidumbre a la economía. Esto lo han comprendido las autoridades en los últimos treinta días. Hay que pensar que no solo del tipo de cambio vive el hombre. Además de la competitividad del tipo de cambio, hay que mirar la estructura de costos de transporte, financieros e impositivos. Estos son los tres jinetes del apocalipsis y si están mal llevados es un problema. Esta agenda todavía está pendiente.

Vayamos al tema holdouts. Todo indicaría que los pasos que se preveían más complejos ya se dieron: llegar a un acuerdo con los acreedores y pasar el proyecto por un Congreso adverso. Pero todavía quedan algunos imponderables como la decisión de la Cámara de Apelaciones y, lo que es un poco más complicado, juntar US$ 10.000 millones en los mercados. ¿Su escenario base es que se cierra ahora en abril o que se posterga?

Esto ya tiene una dinámica que es para terminarlo en el corto plazo. Se puede extender unos días más de abril. Yo no tengo temor en cuanto a la cifra pero creo que sí hay que focalizar en la tasa de interés y los plazos en los que se emite. Cuanto más largo sea el plazo más alto va a ser el costo que va a convalidar el país. Para Argentina hoy, si no hay ningún imponderable externo, la pregunta es sobre el costo, y no el número. La dinámica está lanzada y, días más o menos, este tema está cerrado.

El tema del stock de reservas internacionales parece haber desaparecido de la primera plana de los diarios. ¿Por qué?

Creo que el tener un esquema de sinceramiento cambiario ha permitido que ya no haya tanta presión sobre el tipo de cambio como la teníamos en los meses en los que el BCRA estaba perdiendo reservas día tras día por una política de atraso cambiario. Claramente ahora no lo tenemos, aunque sí estamos pendientes de que hacia adelante baje la inflación. El hecho de haber eliminado retenciones junto a una unificación cambiaria y la reinserción de Argentina a los mercados internacionales da la idea de que desde el punto de vista de expectativas, los dólares no van a faltar. La pregunta es a qué costo vamos a tener estos dólares. Los del BCRA siguen siendo prestados y todavía no han entrado dólares constantes y sonantes. Por lo tanto, estamos en un tiempo en los que va a haber mayor oferta. Pero siempre es importante para los mercados emergentes, en un mundo en el que la volatilidad es la constante, tener reservas y que no sean reservas prestadas porque, en cualquier momento, la tendencia cambia y hay que tener líneas de defensa para poder responder.

Hablando de novelas de nunca acabar, como el tema holdouts, está la recesión en Brasil, que nuestros industriales siguen de cerca. Se habló en estos días de una posible “década perdida”. ¿Cómo la ve?

Como dicen los americanos, el jurado todavía está deliberando. Sin duda que va a ser un proceso largo y desgastante. Una década me parece algo largo y aventurado. Pero sí me parece que cuatro años para reconstruir y para que se llegue a un nuevo mandato presidencial. Hoy tenés una conjunción difícil de crisis política, crisis institucional y crisis económica que están interrelacionadas y se retroalimentan entre ellas. Lo primero que hay que resolver es el tema gobernabilidad: qué va a hacer Brasil en términos de impeachment y elecciones anticipadas para dar un horizonte. Brasil es un gran país con instituciones fuertes y una economía que tiene una solidez por su tamaño natural y se va a recuperar. Hay un proceso de cuatro años para volver a la normalidad pero que hasta que no se resuelva quién lidera a Brasil en los próximos cuatro años va a ser muy difícil saber cuánto va a tardar para resolver esta crisis. Que la va a resolver no me cabe duda.