El sector privado y la infraestructura

¿Cómo cooperar con el sector público?

18 de abril, 2016

El sector privado y la infraestructura

(Columna de Ariel Chirom y Alejandro Schachter)

Nuestro país enfrenta un déficit de infraestructura económica (energía eléctrica, transporte, telecomunicaciones y agua y saneamiento) que se traduce en diversas consecuencias negativas para la economía y la sociedad en su conjunto. Entre ellas, podemos mencionar menor integración regional (menos federalismo), deterioro de la capacidad competitiva de las economías regionales, crecimiento subpotencial de la economía en general y un menor bienestar ciudadano. Es por ello que, en nuestra opinión, resulta clave avanzar rápidamente hacia políticas públicas que ataquen este problema.

En nuestro trabajo “Participación del sector privado en Infraestructura: oportunidades e instrumentos” publicado por la Casa de Altos Estudios de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires identificamos los siguientes hechos estilizados al respecto: 1) los niveles de inversión son insuficientes para reducir el déficit; 2) el sector privado financia menos del 20% de la inversión, y 3) la percepción de calidad de los servicios de infraestructura es una de las más bajas de la región. Uno de los hallazgos más significativos fue que, a pesar de haber invertido igual al promedio de la región en el período 2006-2012, Argentina experimentó la mayor caída en cuanto a percepción de calidad de infraestructura.

GI

Este cuadro de situación nos indica que el desafío no es sólo incrementar los flujos de inversión en infraestructura (a pesar de las restricciones presupuestarias que presenta el sector público), sino que es necesario mejorar la calidad de la misma. Esta necesidad nos impulsó a proponer que una parte esencial de la solución es potenciar la participación del sector privado en el financiamiento y ejecución de infraestructura.

En la actual coyuntura económica, la inversión en infraestructura genera beneficios adicionales, dado que puede proporcionar un ingreso de dólares que fortalezca la cuenta de capitales. Asimismo, la mayoría de estos proyectos son mano de obra-intensivos, lo cual favorece el impacto social de los mismos, e incrementan la competitividad de la economía por lo que permitirán incrementos reales de salarios en forma sustentable.

Las APP

Sin perjuicio de lo expuesto, es importante entender, a diferencia de lo sucedido en la experiencia de los años ‘90, que el sector privado debe trabajar como complemento del sector público y no como sustituto del mismo. En este sentido, las premisas para el éxito de los proyectos de infraestructura deben estar, en nuestra opinión, enmarcadas en lo que dentro de la literatura es conocido como asociación público-privada (APP). Este tipo de asociación permite, si es aplicada correctamente, capturar los conocimientos y experiencias de ambas partes a fin de satisfacer las necesidades sociales de la mejor forma posible.

La APP es una modalidad fuertemente compatible con incentivos, dado que se centra sobre los resultados finales. Esto implica que no se debe subsidiar todo el riesgo de los privados garantizándole altas tasas de retorno ni permitir excesivas renegociaciones de contratos, sino que se debe buscar distribuir adecuadamente los riesgos entre ambos sectores de modo de extraer lo mejor de ambos. El Estado debe especializarse en la elección de los proyectos, internalización de externalidades y control de calidad, mientras que el sector privado aporta principalmente su capacidad de innovación y control de costos.

En definitiva, creemos que la inversión en infraestructura, vehiculizada mediante asociaciones público-privadas que hagan hincapié en los aspectos mencionados, puede ser una valiosa contribución en la actual encrucijada económica y social. El desafío de instrumentar las medidas regulatorias y políticas necesarias es mayúsculo y requerirá de un enorme esfuerzo político. No obstante, los beneficios serán también significativos.