Coordinación, la clave para derrotar la inflación

TEMAS El combate contra la inflación, problema crónico y recurrente, no depende exclusivamente de la política económica y hace falta más.

29 de abril, 2016

Casa Rosada carta Jefatura

 Por Santiago Chelala (*)

Los problemas grandes casi nunca se resuelven de manera sencilla. Y la inflación argentina es, quién podría decir lo contrario, un problema de dimensión considerable. Sin embargo, el dogmatismo conduce a un modo rígido y obtuso de analizar la realidad. La mente es hábil para encontrar salidas de emergencia cuando las cosas se ponen difíciles, cuando el mundo que la rodea no se ajusta necesariamente a los esquemas que defiende a capa y espada, contra viento y marea. Si esas salidas de emergencia se comparten y se generalizan se convierten en mitos, creencias falsas que tienen la pretensión de explicar ciertas cuestiones pero en realidad no lo hacen y sólo brindan soluciones aparentes.

Esto debería servir como alerta para quienes creen en personalidades salvadoras o milagrosas, o en recetas mágicas de dos o tres decisiones fáciles. La política económica es una construcción de tiempo y esfuerzo de una gran cantidad de agentes con distintas responsabilidades. Un programa económico exitoso requiere de tiempo y de muchas personas que presenten un servicio eficaz a la Nación. Los milagros en economía, si existen, solo se perciben a la luz de la distancia, cuando se observa la sucesión lógica y coherente de los cambios en las diferentes y múltiples esferas donde la vida económica tiene lugar.

El combate contra la inflación, problema crónico y recurrente, no depende exclusivamente de la política económica, de Hacienda y Finanzas o del BCRA como órganos de ejecución de esa política. El éxito o fracaso de la empresa requiere una convicción social fuerte, evitar tentaciones de corto plazo, y el compromiso de diversos órganos del aparato estatal, en sus diferentes ámbitos nacionales y provinciales.

No existe un criterio de demarcación claro que separe la responsabilidad de la economía de la responsabilidad política, como las dos hojas de una tijera, una pierde efectividad si la otra no coopera. Tampoco el sector público puede actuar en soledad. En distintas crisis económicas, el sector privado, empresarios y sindicatos, tuvieron también su cuota de responsabilidad. Fueron decisiones públicas y privadas de una variedad de agentes las que fueron convergiendo hacia callejones sin salida cada vez que se gestó una crisis.

La ausencia de coordinación genera que todo el peso caiga sobre hombros solitarios. O lo que es lo mismo, sobre instrumentos solitarios, ya sea que se trate de la tasa de interés o del tipo de cambio, si se los usa como ancla antiinflacionaria, o por regulaciones si se busca frenar con restricciones escritas lo que no se puede detener con incentivos de mercado.

Si la coordinación entre distintos intereses económicos es difícil, más lo es la coordinación entre la economía y la política, que difieren esencialmente en relación a los tiempos.

Una vez realizados los ajustes durante este primer semestre, la pregunta es cómo se redistribuirán los costos para que no paguen más los que menos tienen. En este sentido, la tarifa social de servicios públicos, la reducción de IVA para alimentos, el plan de empleo joven y el fomento del crédito hipotecario son medidas que van en la dirección correcta y que necesitan complementarse con obra pública, inversión y mejoras en las condiciones de vida. Existe cierto consenso sobre una herencia compuesta por fuertes desequilibrios que recibió el actual Gobierno. Pero la paciencia que tolera ajustarse el cinturón a cambio de promesas no será infinita.

El Gobierno tiene por delante la difícil tarea de recomponer el poder adquisitivo perdido tras los ineludibles ajustes, al tiempo que estimula la actividad económica menguada por las altas tasas de interés que a su vez son la clave para sostener un tipo de cambio estable, y realiza las transformaciones de un modelo que posponía inversiones y exportaciones por un énfasis excesivo en el consumo interno.

El desafío es tan sustancial que requiere de una calibración delicada. De una política económica de acupuntura que sin la adecuada coordinación solo servirá para correr al ritmo de incendios, apagando uno tras otro, ocupados más de lo urgente que de lo necesario.

(*) Doctor en Economía y profesor de la UBA.