Un déficit peligroso

17 de marzo, 2016

Prat Gay

Más allá de las anécdotas de oficinas desvalijadas y documentos triturados, el Gobierno de Mauricio Macri recién ahora está empezando a tener una visión clara del legado macro de la gestión kirchnerista. Con el litigio de los holdouts en vías de resolución, la carga más pesada que asoma es un déficit fiscal que sería mayor de lo esperado, lo que requeriría acelerar el deshielo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como señal de buena fe para conseguir recursos adicionales de otros organismos multilaterales.

Esa fue la advertencia que hizo JP Morgan en un informe de la semana pasada, cuando –adelantándose a otros bancos, analistas y al propio Gobierno– dijo que la brecha de las finanzas públicas sería este año de 5,5% del PIB, más que el 4,8% que proyectó el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay. Una noticia bastante mala, que dejaría al rojo presupuestario más cerca del nivel que el Gobierno tenía pensado para el cierre de 2017.

Para cubrir el agujero, cuyas causas el Gobierno está atendiendo con sumo cuidado desde que se desató la inusitada “crisis ñoqui”, el equipo económico debería ampliar la colocación de bonos prevista del pago a los holdouts y conseguir hasta US$ 24.000 millones en el mercado de deuda, según el banco de inversión estadoundiense. Esto excede la estimación inicial de JP Morgan, que llegaba hasta US$ 18.000 millones, y también está por encima de la emisión de US$ 15.000 millones que veía PratGay en un momento.

Volver a los organismos

“Acudir a los organismos multilaterales –por ejemplo, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial– podría ser relevante para aliviar el impacto de la emisión en el mercado, particularmente en el segundo semestre de 2016 si se materializan nuestras preocupaciones fiscales”, dice el informe. En caso de conseguir acceso a “líneas de crédito extendidas”, Argentina pediría a los multilaterales hasta US$ 4.000 millones extra, dejando la emisión de bonos en un tope de US$ 21.500 millones, agrega la entidad financiera. El déficit se origina en la montaña de gastos que quedó de la década pasada, pero también con un desplome de la actividad que también es preocupante. Primero se vieron los reportes de color de poco movimiento en la costa en pleno verano, después se multiplicaron los locales de negocios desocupados y los informes sectoriales deprimentes, y ahora están empezando a conocerse los datos amplios que denotan un enfriamiento severo de la economía.

“Los indicadores adelantados de actividad muestran un peor desempeño relativo en el comienzo del año, incluso por debajo de lo esperado”, dice un informe de ACM. Según la consultora, aunque las primeras lecturas deben tomarse con cautela, el primer trimestre mostraría una nueva retracción desestacionalizada de 1% trimestral. “Incluso en un escenario optimista la economía difícilmente muestre un incremento de la actividad”, agrega.

Del desorden al campeonato

La economía real se paraliza y el malhumor vuelve a los niveles históricos, incluyendo a los agoreros que prenuncian el caos. Pero el Gobierno se mantiene firme y sigue teniendo la iniciativa, lo que a su vez preserva las esperanzas para 2017 después de un año de transición que cualquier argentino con mínimo sentido común daba por sentado. Despejada la incógnita de los holdouts, el capital empieza a circular de nuevo, con algunos anuncios de colocaciones de deuda privada, como el caso de IRSA.

Macri ya se enfrentó una vez a un mal comienzo parecido, hace casi exactamente veinte años, cuando asumió como presidente de Boca. El entonces joven empresario también recibía una herencia desastrosa de manos de Antonio Alegre y Carlos Heller, el mismo banquero cooperativista que en días recientes participó como diputado para discutir las negociaciones con los acreedores de la deuda impaga. Allá por 1996, el paso como técnico de Carlos Bilardo y Héctor “Bambino” Veira tampoco sumaba.

Dos años le llevó encontrar el camino con el Boca campeón de Carlos Bianchi, Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto, entre otros. Una entrevista de La Nación de 1998 consignaba como una de las claves del éxito de Macri su capacidad para unir al club por encima de todas las internas que lo habían lastrado tanto tiempo. Ese es exactamente el camino que está eligiendo el Gobierno en el peor momento de un año que ya se descontaba como malo, con la expectativa de un repunte en el segundo semestre.