Un acuerdo con sabor a poco

Se acordó un congelamiento de la producción petrolera y no una reducción, como se esperaba

17 de febrero, 2016

Un acuerdo con sabor a poco

Arabia Saudita, Rusia, Qatar y Venezuela llegaron a un acuerdo para congelar su producción petrolera a niveles de enero de este año con el objetivo de frenar la caída del precio internacional del barril, que el jueves pasado alcanzó su mínimo desde septiembre de 2003.

Lo que había comenzado como una estrategia encabezada por Arabia Saudita para limitar el crecimiento de la producción de Irán tras liberarse de las sanciones norteamericanas y de la producción proveniente del shale en Estados Unidos, terminó impactando en su contra. Tras una caída del precio del barril de casi 80% en 20 meses (en junio de 2014 cotizaba US$ 116), los países de la OPEP empiezan a tener problemas financieros, lo que los llevó a rever su decisión -aunque por el momento, no de la manera más drástica-.

La explicación de por qué un congelamiento y no una reducción de la producción la dio quizás el ministro de Petróleo saudita Ali al-Naimi durante la conferencia de prensa en la ciudad catarí de Doha, donde anunciaron el acuerdo. “No queremos grandes variaciones en los precios -dijo-. Lo que buscamos es una cotización estable”. Asimismo, Alexander Novak, ministro de Energía ruso, había anunciado el pasado 28 de enero que antes de un recorte de la producción era necesario que todos los países productores alcanzaran un “consenso base”.

En enero, la OPEP había declarado una producción de 32.300 millones de barriles por día.

Ahora, los demás países de la OPEP deben ratificar el acuerdo. El ministro catarí de Energía e Industria y presidente de turno de la OPEP, Mohamed Saleh al Sada, anunció que comenzará los diálogos con las otras naciones que integran la organización petrolera, en especial, con Irak e Irán, grandes productores y adversarios en la región de Arabia Saudita.

Con todo, sin embargo, “la reacción de los mercados fue negativa” dado que se esperaba una reducción y no un congelamiento de la producción, como señaló a Daniel Gerold.