Los escenarios para los precios en 2016

El objetivo de desinflar la economía quedará pendiente para el 2017

24 de febrero, 2016

industria INDEC desempleo EMAE

Con el Indec todavía trabajando en su normalización, el comienzo del ciclo de paritarias y los ajustes tarifarios en marcha, hay aun mucha incertidumbre sobre los rangos de inflación para 2016. Aquí intentamos proveer algunas señales sobre lo que puede ocurrir este año.

Comencemos por la inflación “core”, es decir, aquella que no considera los incrementos estacionales o las subas de tarifas. El IPC de la Ciudad de enero no dio resultados demasiado alentadores, siendo que todavía las tarifas no se habían ajustado. Pero hay que tener en cuenta que casi un cuarto del 4,15% total se debió al impacto del turismo, efecto que posiblemente se modere en los meses siguientes. Lo que más va a jugar a favor de una desaceleración de la inflación próxima es la recesión que la economía sigue sufriendo, que operará en dos sentidos. Primero, limitando ajustes por parte de los formadores de precios (productores de insumos y supermercados). Segundo, limitando el margen de acción de los sindicatos para la negociación paritaria. La devaluación acusó el impacto desde noviembre hasta enero, acumulando una suba de casi 13% en bienes, pero hay señales de desaceleración, de modo que el resto del pass-through será ajustado más lentamente. En estas circunstancias, no sería raro que la inflación core muestre subas inferiores al 2% en varios meses de 2016.

El mayor impacto puntual provendrá, sin dudas, de los ajustes de los servicios públicos. Subas del 600% en energía eléctrica sumarían entre 2 y 3 puntos porcentuales a febrero, pero esto es solo el principio. Un ajuste del gas de 300% significaría otros 1,5 puntos; aumentar el servicio de agua en 250% llevaría casi otro punto más y una suba del transporte de 100% otro tanto. El efecto total de estos ajustes tarifarios rondaría los 7 puntos.

Teniendo en cuenta la magnitud de los aumentos el costo inflacionario no es tan dramático, y la razón es que la ponderación del gasto de las familias en el rubro tarifas ha mermado muchísimo en los últimos años. Pero hay que considerar los efectos de segunda vuelta, ya que muchas empresas y comercios observarán fuertes subas de costos que invariablemente se trasladarán al precio final. El impacto total es difícil de estimar pero, como referencia, la energía aporta entre 2% y 5% al costo de producción.

Queda finalmente por determinar cómo serán incorporados a precios los ajustes de paritarias. Si bien las negociaciones salariales son anuales, los aumentos de ingresos se producen en momentos diferentes del año. Por eso, la suba salarial se interpreta más como una referencia anual que mensual. En otras palabras, es difícil pensar en ajustes “de una sola vez” como consecuencia de las negociaciones. En la coyuntura actual, las paritarias definen más la tendencia que los cambios puntuales en el IPC.

En este contexto, el mejor escenario para el Gobierno es que, luego de alcanzar su pico anual a mitad de año, la inflación ceda hasta 30% anual en diciembre (33% promedio contra promedio). El escenario negativo (aunque no catastrófico) es que la inflación trepe a fin de año hasta 35% anual (punta a punta) y 38% (promedio contra promedio). Evidentemente, la desinflación quedó pendiente para 2017. Y lo que finalmente interesa, que es recobrar el crecimiento, podría llevar más tiempo aún.