El bienvenido retorno hacia una economía de mercado

El crédito externo, hoy cerrado, debe ser la llave para garantizar una transición ordenada

2 de febrero, 2016

El bienvenido retorno hacia una economía de mercado

Para finales de 2006, la economía mostraba claros signos de que se había recuperado de su peor crisis (2001/2), tal como lo reflejaba el PIB per capita en valores similares al récord de 1998. Con la tasa de desempleo nuevamente en un dígito y la creciente tensión sobre los precios, eran las señales para comenzar a desarmar la acertada política de subsidios necesaria para salir de dicha crisis. Pero lejos de leer las señales, el Gobierno decidió destruir las estadísticas públicas, marcando el inicio de un camino sin retorno.

En 2009 llegó la crisis internacional (sumada a una sequía local), y el Gobierno agotó todo el superávit fiscal para hacerle frente. En 2010 y 2011 el mundo se recuperó, al igual que la cosecha, pero el Gobierno no recuperó el superávit fiscal. Todo lo contrario. Se insistió con más subsidios, ahora a costa de la monetización del déficit fiscal y agravado por la reaparición del déficit energético en la balanza comercial. A fin de 2011 se imponen rigurosos controles cambiarios, y comerciales, para sostener el atraso cambiario y tarifario, alejándose peligrosamente en una economía de mercado, y sentenciando al estancamiento a la última presidencia del Cristina.

La intervención discrecional de la economía alejó la inversión privada y dejó al gasto público como única herramienta para sostener el consumo. Para 2015 se llega con un déficit fiscal de 6% del PIB, sin saldo comercial, menguadas reservas en el BCRA, la pérdida de autoabastecimiento energético, sin estadísticas públicas y una maraña de regulaciones sobre el comercio exterior, el mercado cambiario, e irrisorias tarifas políticas en los servicios públicos, así como en el tipo de cambio.

El abrumador nivel de intervención económica alejó decisivamente a Argentina de una economía de mercado. Se cerró la economía y su mayor intento de ganar nuevos mercados no fue más allá de Venezuela y Angola.

Para ser justos, el Gobierno saliente, con el crecimiento del empleo privado en los años mozos del modelo (+5,4 millones), con la Asignación Universal por Hijo (+3,5millones) y con la universalización de las jubilaciones (+3,5 millones), incorporó al 30% de la población que el fracaso de la convertibilidad había dejado en la calle. Logros que llevó la indigencia al 5% de la población (UCA: 2014) y que el nuevo Gobierno se comprometió a sostener e incluso profundizar.

También no deja de ser cierto que el Gobierno saliente solucionó la mayor parte del default de la deuda pública heredada. No solucionar la resaca del default (el 7%), le imposibilitó aprovechar el desendeudamiento que generó, y que en gran medida es la carta a jugar en 2016.

Nuevos vientos
El nuevo Gobierno, en pocas semanas, logró importantes avances para volver a una economía de mercado, además de que esbozó los lineamientos del plan macroeconómico que será guía los próximos cuatro años. Decidido a salir rápidamente de ese círculo vicioso que sólo conduce a una crisis macroeconómica, vuelve a poner el norte de la política económica en un régimen de mercado. Tal como impera en el resto del mundo y en casi todos los países de la región, e incluso en los primeros años de crecimiento a tasas chinas del Gobierno saliente.

En sólo un mes y medio, el nuevo Gobierno buscó quitar todas las regulaciones que llegaron con el “cepo” al mercado cambiario, a las que sumó una notoria eliminación de las restricciones cuantitativas sobre el comercio exterior, el mercado financiero y el flujo de capitales en la economía.

En materia fiscal se optó por un sendero más gradualista para reducir el gasto público, actualmente sobredimensionado en subsidios para sostener el consumo. Se plantea una estrategia de reducir gradualmente el déficit fiscal y, sobre el remanente, se procura evitar monetizarlo, buscando con ello una marcada desaceleración de la inflación.Los riesgos no son pocos, no sólo por la herencia económica desde donde se parte, por los factores políticos (minoría en ambas cámaras), y por la caída en los términos de intercambio, sino, principalmente, porque en el lapso de desarmar un modelo económico intervencionista, e imponer otro de mercado, bien puede existir una pausa en que no empuja ni uno, ni el otro, afectando por demás el nivel de actividad.

El Gobierno tendrá que demostrar que el crédito externo será la llave para garantizar una transición ordenada para retornar a una economía de mercado, y no transformar la deuda pública en el nuevo motor de crecimiento, con la excusa de que todavía se está cruzando el río.

Debemos aprender de los errores de una Venezuela al borde del colapso por la intervención desmedida, pero también de Brasil, que actualmente está transitando una crisis de magnitud al intentar vivir del crédito externo sin invertirlo, tal como nosotros hicimos no hace mucho. En definitiva, avalado por el voto popular, el actual Gobierno comenzó decidido a volver a una economía de mercado, tal como opera en el resto del mundo, en casi toda Latinoamérica y en la Historia Argentina reciente desde la recuperación de la democracia.