El rumbo del Gigante asiático (otra vez)

La visión de McKinsey

9 de enero, 2016

El rumbo del Gigante asiático (otra vez)

El año que acaba de comenzar no ofrece respiro. A pocos días de comenzar a rodar, ya aparecieron (una vez más, y van…) los temores sobre la economía de China. ¿Está al borde de una crisis (como muchos creen, y acaso quieren, hace largo tiempo) o simplemente está atravesando problemas (como los que enfrentan todas las economías del mundo en un contexto global hostil)? La pregunta, desde ya, no es inocente: se trata de la segunda economía del mundo y el principal motor económico global hace un tiempo. Por lo tanto, su rumbo tiene implicancias globales crecientes. La tarea de separar la paja del trigo no es fácil, pero es necesaria para hacer un análisis correcto sobre lo que vendrá. Gordon Orr, chairman de McKinsey Asia, ofrece algunas pistas. “La realidad es que China hoy está compuesta por múltiples subeconomías”, dice. Todo depende del sector en que uno compita. Cada sector tiene dinámicas distintas y moldean la visión que uno tenga sobre su economía. Hay sectores que están creciendo (por ejemplo, los relacionados a la industria del entretenimiento) y otros, dice Orr, que están atravesando un estancamiento secular (por ejemplo, el textil o el vinculado al acero). “No se dejen llevar por el ruido de corto plazo”, recomienda Orr, y agrega que no hay que esperar una gran crisis sistémica. El Gobierno sigue manejando la economía a rienda corta y la volatilidad, que será creciente, responde a las fluctuaciones típicas de una economía que es cada vez más abierta y libre. Un dato alentador para Argentina es que las importaciones primarias están creciendo, y no dejarán de hacerlo. “La necesidad de alimentos seguirá creciendo”, asegura Orr y eso abrirá oportunidades para países exportadores netos de commodities (aunque la competencia será dura) y no sólo para los granos sin procesar sino, también, para productos más elaborados. Finalmente, el número mágico. ¿Cuánto crecerá China en 2016? “6% o un poco más”, dice Orr. Los escépticos deberán seguir haciendo cola.