"Pobreza Cero": claves y obstáculos de un proyecto

Los cuatro ejes de la propuesta de Cambiemos y la opinión de los expertos

23 de noviembre, 2015

"Pobreza Cero": claves y obstáculos de un proyecto

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Una de las propuestas más ambiciosas de Mauricio Macri es, sin dudas, Pobreza Cero. Con ese portentoso nombre, el candidato de Cambiemos incluyó en su agenda un problema que acecha hace varias décadas al país: la persistencia de elevados niveles de pobreza que año a año se vuelven estructurales.

En rigor, lo poco que se sabe del programa es que tendrá cuatro pilares fundamentales: la universalización del ingreso ciudadano, que consistirá en “ampliar la cobertura del ingreso ciudadano” a través, por ejemplo, de la extensión de la AUH a hijos de monotributistas; mejorar la educación, en el marco de un “gran pacto educativo nacional” con participación de los docentes; fomentar la creación de empleo en blanco en el contexto de una economía en crecimiento; y garantizar el acceso a la vivienda, con la promesa de la urbanización de villas y asentamientos como primer eje, junto con la regularización de títulos y el financiamiento vía ANSES de un millón de créditos hipotecarios a 30 años.

No obstante, erradicar la pobreza no es un desafío que esté exento de obstáculos. Una dificultad central -quizás la más importante- es la multiplicidad de factores que explican el fenómeno, lo que obligará a hacer un abordaje complejo y sumamente abarcativo. Como señala Jorge Paz, investigador del Conicet y director del Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico (IELDE), “la pobreza se expresa en privaciones que trascienden la esfera de lo puramente monetario; de los ingresos”.

¿Qué hacer, entonces?

Un punto central será recuperar la senda del crecimiento y la creación de empleos, ambos perdidos hace aproximadamente cuatro años. En ese sentido, el sector privado tendrá un rol trascendente. “Los privados deberán ser demandantes muy activos de que se bajen los impuestos al trabajo, si realmente están comprometido con la creación de empleo decente. Emplear en blanco a un trabajador hoy implica pagar impuestos equivalentes al 50% del salario que el trabajador se lleva a su casa y los planes sociales”, asegura Jorge Colina, jefe de investigaciones de IDESA.

Para Paz, en tanto, el rol del sector privado pasará por “sentar las bases para un acuerdo social y colaborar con el Estado asumiendo que la pobreza es un problema de todos y no solamente de los pobres”. “Una pobreza más extendida y más profunda requiere de mayor atención por parte del Estado que una pobreza menor o menos crítica –advierte-. Y buena parte de los recursos que el Estado necesita para enfrentar esos problemas provienen de impuestos que se cobran a la gente y a las empresas”.

Por otro lado, otro desafío pasará por crear oportunidades (empresariales y laborales) en provincias o zonas donde si bien la desocupación es baja, no es por una gran oferta de puestos de trabajo sino debido a una demanda escasa por parte de las personas. Es decir, a una tasa de empleo baja, que en los últimos años prácticamente no varió y que no responde a una falta de necesidad de mayores ingresos por la positiva sino más bien a un desincentivo estructural a la búsqueda de empleo por cuanto existe una oferta insuficiente de puestos de trabajo.

De todos modos, la correlación entre crecimiento, (des)empleo y pobreza es determinante, pero no excluyente. “Si bien hay una buena parte de la pobreza que se explica por la ausencia o insuficiencia de ingresos, una parte no menor se explica por otros factores demográficos, sociales y culturales. Por otro lado, es absolutamente descabellado pensar que el crecimiento económico por sí solo puede barrer con la pobreza”, observa Paz. A contramano de los ’90, cuando desocupación y pobreza fueron de la mano, la última década mostró que una importante reducción del desempleo podía no tener una evolución simétrica en los indicadores de pobreza. Del mismo modo, aún en años con crecimiento del PIB, la aguja del desempleo por momentos no se movió.

Entre 2002 y 2006, gracias a la estabilización macroeconómica y la recuperación del mercado de trabajo posterior a la crisis del 2001, la población bajo la línea de pobreza cayó del 51% al 30%, según Daniel Nieto, economista y licenciado en políticas sociales (UBA-London School of Economics). “A partir de estos años –explicaba el especialista en una edición reciente de El Economista-, las relativamente altas tasas de inflación impidieron que la pobreza siga disminuyendo tan rápidamente. Entre 2007 y 2012, diferentes mediciones alternativas describen un amesetamiento o leve disminución de la pobreza hacia niveles en torno al 20%-25%. Desde entonces y especialmente durante el año 2014, la pobreza comenzó a subir”.

La existencia de sectores de la población con empleo pero con ingresos insuficientes es una novedad que requerirá de políticas más complejas y focalizadas para revertirla. En los años recientes, una buena parte de la explicación de este fenómeno obedeció a la conjunción entre un piso alto de informalidad laboral y elevados niveles de inflación, ante los que estos trabajadores se vieron más desprotegidos que aquellos “en blanco”.

Otro de los puntos centrales de una agenda contra la pobreza deberá ser la educación. No casualmente, el programa de Pobreza Cero planteado por Cambiemos hace foco en el tema. Sobre este punto, hace hincapié Colina. “Apenas la mitad de la gente mayor de 25 años terminó la secundaria. Uno de los puntos de una agenda que busque terminar con la pobreza debería ser mejorar la retención escolar en la secundaria y la calidad de la enseñanza”, señala.

La desigualdad, en tanto, será otro tema central. Si bien en los últimos años la evolución del coeficiente de Gini mostró una evolución significativa, una mirada más amplia y no únicamente centrada en la desigual distribución de ingresos –sino también en las diferencias sociales, regionales o de cultura- muestra que hay grandes espacios sobre los que avanzar.

En tanto, en cuanto al futuro de la AUH, que ocupó un lugar central en la campaña, los especialistas coinciden en que el programa –que según la propuesta de Macri se extendería- debe mantenerse. Pero no sin preguntarse algunas cuestiones al respecto. Según Colina, “se deben mantener para la gente bajo la línea de pobreza pero hay que rediseñarlos para inducir a que sirvan para facilitar la entrada de la gente al empleo”. Paz, por su parte, plantea que “la AUH apunta a mitigar la pobreza del hogar, pensando en la tercera generación, la de niños” pero “no está claro el impacto que tendrá un nivel educativo más elevado de la población de esta generación dentro de 15 o de 20 años, cuando esa generación ingrese al mercado laboral”.

Finalmente, tanto Pobreza Cero como cualquier otro programa que apunte a erradicar la pobreza, deberá partir de cifras confiables que den cuenta de la situación real. El saneamiento del Indec y la recuperación de las estadísticas, en ese sentido, serán clave. La noción de que se trata de un fenómeno multicausal, asimismo, será un dato a tener en cuenta. Como remarca Paz, “hay que identificar lo más perfectamente posible al blanco de la política; todo lo demás es retórica”.