Claroscuros del comercio exterior 2016

El escenario no está exento de dificultades pero tampoco de oportunidades

17 de noviembre, 2015

Claroscuros del comercio exterior 2016

Entre los numerosos frentes que tendrá que abordar el próximo Presidente, uno es el externo. Con sus desafíos y oportunidades, el sector exportador será fundamental para quien asuma el 10-D de manera que pueda conseguir en el mediano plazo un ingreso de divisas genuino suficiente para recomponer las reservas del Banco Central y aliviar los ajustes macroeconómicos, además de conseguir en el largo plazo el tan mentado desarrollo.

A propósito de ello, dos reconocidos especialistas de ese ámbito, Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, y Gustavo Segré, CEO de Center Group, brindaron sus pareceres sobre los desafíos de Argentina en el nuevo contexto mundial y en su relación con Brasil en un evento organizado por el International Desk del banco Santander Río.

En los últimos años, la inserción internacional del país fue decayendo tanto por una caída de las exportaciones como de las importaciones. Al cierre de 2015, Argentina habrá exportado cerca de US$ 58.000 M e importado por prácticamente la misma cantidad de dólares, lo que dejará un ingreso de divisas por la vía comercial -eje central del “modelo” kirchnerista- en torno a cero, amén de la discusión que rodea a los datos del Indec y la Aduana.

El primer desafío, pues, será atacar los factores endógenos detrás de ese escenario negativo. Atraso cambiario, excesiva presión tributaria, inflación de costos, escasez de divisas para importar y sobrerregulación del comercio exterior se anotan entre los primeros puntos internos a corregir.

Mientras tanto, la dependencia del comercio con mercados emergentes (y principalmente países vecinos) se ha ido incrementando, lo cual supone riesgos en un futuro que -factores exógenos mediante- se muestra menos venturoso para estos países “en vías de desarrollo” a raíz de la caída de los términos de intercambios (merma del valor de las commodities) y el fortalecimiento del dólar centralmente. De todos modos, se trata de una tendencia con correlato a nivel mundial, donde la participación del comercio de los emergentes en el total global ha pasado de ser ínfima a representar casi el 50 por ciento, asegura Elizondo. “Estamos en un cruce de dos fuerzas. Una estructural, que es el crecimiento de la participación de los emergentes en el comercio global, y otra coyuntural, marcada por la caída de las commodities y su impacto en estos países”, analiza.

A su vez, Segré advirtió que si bien es cierto que varios de los destinos de nuestras exportaciones entraron en recesión o desaceleración (China y Brasil, especialmente), “lo que hace falta no es que compren más sino que nos compren más a nosotros, que nuestra participación en sus importaciones crezca”. Y para eso, las herramientas para explorar son varias.

En el caso de Brasil, como señalara Segré en una entrevista publicada en El Economista en una edición reciente, el Mercosur ofrece algunos beneficios, como las exenciones arancelarias. Más aún, si lo pautado en el Tratado de Asunción se aplicara, los requisitos a los productos de uno y otro país se podrían igualar, restando cargas burocráticas al proceso de compra-venta y dotando de competitividad al producto sin necesidad de apelar al tipo de cambio. O si se aplicaran estrategias de comercio novedosas como exportar en la moneda del país vecino. Por eso, según el CEO de Center Group, si bien Brasil está en crisis y su moneda se devalúa frente a un tipo de cambio atrasado en Argentina, no por eso es imposible mejorar la posición del país en el mercado carioca.

Respecto a Mercosur, para Elizondo el primer paso es resolver los problemas internos (asociados justamente al no respeto a esas pautas básicas fijadas en el Tratado de Asunción) y luego, será buscar vincularse a otras asociaciones comerciales de países como el Trans-Pacific Partnership (TPP) o la Unión Europea (UE). “Cada vez son menos países los que no están en tratados de libre comercio, es hacia donde vamos”, observa.

Si bien es cierto que el comercio global no es tan pujante ni dinámico como lo era hace algunos años, se trata de una verdad a medias, ya que pese a que cae el intercambio comercial medido en precios (cantidad de dólares), en volúmenes comerciados sigue incrementándose. En tanto, mientras las commodities no alimentarias (metales, petróleo, etc.) caen menos que las alimentarias, que son las que precisamente dominan las exportaciones argentinas y explican gran parte del complejo exportador del país.

Asimismo, el crecimiento demográfico y la urbanización creciente en el sudeste asiático y algunos países africanos abre nuevos mercados potenciales para las empresas argentinas y el creciente peso de las cadenas globales de valor en el comercio internacional brinda grandes oportunidades a las PyMEs locales con capacidad de insertarse en dichas cadenas.

El futuro, por ende, no será de “viento a favor” ni de un marcado “viento en contra” sino de algún término intermedio. Pero más que nada, será en función de lo que hagan los próximos gobiernos. Salir de la zona de confort, fijar como misión estratégica el desarrollo de las exportaciones y reconfigurar los modos de inserción del país en el exterior para adaptarse al dinámico contexto internacional serán tres mandatos claves en ese sentido.