“Macri está en mejor posición para ganar el balotaje”

Entrevista a Jimena Zúñiga (Bloomberg Intelligence)

30 de octubre, 2015

“Macri está en mejor posición para ganar el balotaje”

En diálogo con El Economista desde Nueva York, Jimena Zúñiga, analista de Bloomberg Intelligence, explica porqué Mauricio Macri es el favorito para imponerse en el balotaje y plantea cuáles serán sus principales desafíos en el terreno económico. “Lo más urgente es cambiar las expectativas y recuperar la confianza para poder reactivar”, dice. A continuación, el diálogo completo.

Empecemos por la política. ¿Qué cree que puede pasar el 22 de noviembre y cuál es la sensación en el mercado?

Todo puede pasar, pero las elecciones del 25 dejaron a Macri en mejor posición para noviembre. Por cinco motivos. Primero, el momentum. Hoy está del lado de Macri por el efecto de la sorpresa. Segundo, María Eugenia Vidal. Puede resultar un activo incomparable para la campaña en la provincia, sobre todo ahora que va a poder hacer campaña como gobernadora electa y con el halo de la victoria. Daniel Scioli tal vez se beneficie de no llevar la carga que representó Aníbal Fernández, pero no tiene una figura como Vidal con la cual asociarse en provincia. Tercero, el hecho de que el balotaje ocurre solo, desdoblado de cualquier elección subnacional. Scioli va a tener que movilizar a dirigentes de su partido que ya tuvieron la elección que más les importaba: la propia. Macri depende menos de eso, y además tiene una brecha de entusiasmo a su favor. Cuarto, los apoyos, no explícitos pero sí implícitos, de los que perdieron, sobre todo de Sergio Massa. Aunque los argentinos no voten según lo que diga su referente, para muchos va a ser una influencia. Y quinto, los límites de Scioli. A esta altura ya parece imposible que Massa cierre con Scioli por todo lo que ha dicho, pero eso no es determinante, ya sabemos lo gratis que es pasarse de bando en Argentina. Más determinante es el hecho de que Scioli no puede ofrecerle cualquier cosa a Massa sin alienar al kirchnerismo. Y necesita al kircherismo para movilizar votantes el 22 de noviembre. Todo puede pasar ese día, pero hasta ahora las cosas apuntan en favor de Macri. Vayamos, ahora, a la economía. El 10 de diciembre, un nuevo Presidente asumirá los destinos del país.

¿Sabemos qué economía encontrará o la situación podría deteriorarse aún más?

La economía no será muy diferente a la que tenemos hoy porque poco más de un mes es relativamente poco tiempo para un cambio abrupto en cualquier variable macroeconómica, a menos que ocurra una crisis. Y eso prácticamente se puede descartar, porque quienes toman decisiones económicas están esperando a ver qué pasa el 22 de noviembre y el 10 de diciembre. La variable que sí podría cambiar significativamente es el dólar oficial, porque ahora está reprimido, pero el Gobierno difícilmente convalide una depreciación que le dejaría un mejor punto de partida a Macri. Si Scioli gana el 22 lo puede considerar, pero tampoco parece muy inclinado a facilitarle las cosas. Lo más probable es que desde ahora a diciembre el kirchnerismo complique aún más el panorama de la economía de la nueva administración, por ejemplo, asumiendo compromisos de gasto para 2016, o continuando la venta de dólares a futuro por debajo del precio de mercado por parte del Banco Central.

¿Cuál será el desafío más urgente de quien asuma el 10 de diciembre?

Lo más urgente es cambiar las expectativas y recuperar la confianza para poder reactivar. Eso puede lograrse con una combinación de señales como arreglar el Indec, reestablecer una negociación con los holdouts, anunciar un plan monetario y fiscal de mediano plazo, y levantar restricciones al comercio y al intercambio de dólares. Pero si bien esa parte es la más urgente no necesariamente es la más desafiante. Lo más desafiante va a ser desarmar gradualmente los muchos desequilibrios que deja el kirchnerismo, sobre todo el déficit fiscal. Por eso es crítico que el próximo Gobierno primero recupere la confianza y logre una reactivación. Intentar arreglar los desequilibrios en un contexto recesivo podría profundizar la recesión, el impacto social y la conflictividad. Con crecimiento sería más viable. Pero el próximo Gobierno tiene que tener un plan para corregirlos y ser claro en la comunicación, porque si malgasta una reactivación y al poco tiempo se vuelven a generar expectativas de inestabilidad macroeconómica, sería una gran oportunidad perdida.

¿Qué podemos esperar de la economía argentina pos 10-D si gana Macri? 

Macri está mejor posicionado para lograr el cambio de expectativas y la reactivación que la economía necesita. Y figuras de su equipo, por ejemplo Alfonso Prat-Gay, son muy conscientes de que no solo hay que recuperar el crecimiento sino además hacerlo sostenible, aprovechando la reactivación para corregir los desequilibrios actuales. El ciclo económico mundial no ayuda, porque el mundo está creciendo 1,5 puntos porcentuales menos que durante la primera administración kirchnerista. Pero como en Argentina ya vamos cuatro años de recesión autoperpetrada hay espacio para crecer si se saca el pie de los frenos que se le ha puesto a la economía como, por ejemplo, las trabas al comercio. Eso es una ventaja para cualquiera que gane, pero crítica para Macri, que tiene que consolidar capital político y compensar el hecho de que Cambiemos no tiene mayoría en el Congreso y sólo tiene cinco gobernaciones. La gran ventaja que tendría Macri es que Cambiemos va a gobernar la provincia de Buenos Aires, lo que atenúa la amenaza de maniobras desestabilizadoras de una oposición peronista desde esa plataforma.

¿Y si gana Scioli?

Para Scioli va a ser más difícil cambiar las expectativas porque llegaría con un mandato de semicontinuidad. Es interesante repasar lo que pasó en Venezuela, porque si bien hay muchas diferencias en el las instituciones políticas y la estructura económica de los dos países, la coyuntura macroeconómica al final del chavismo en 2012 fue muy parecida a la coyuntura macroeconómica al final del kirchnerismo en 2015: monetización de un gran déficit fiscal, inflación en torno a 20%, restricciones cambiarias y un contexto global volviéndose menos favorable. Al aproximarse las elecciones de 2012, el Gobierno venezolano optó por profundizar los controles, demorar actualizaciones de los precios de los servicios públicos y anclar el tipo de cambio. Cuando Nicolás Maduro asume la Presidencia en 2013, como heredero del modelo, era tan anticlimático cambiar de rumbo que no hizo nada. El resultado fue una profundización de los desequilibrios y la situación muy grave que prevalece hoy, con la economía contrayéndose 10%. Creo que Scioli tendría un estilo de Gobierno muy distinto al de Maduro, pero sus políticas económicas, si gana, podrían ser demasiado tenues, y hacer los desequilibrios existentes más difíciles de resolver en el futuro. El entorno de Scioli, además, es un wok de dirigentes de la provincia de Buenos Aires, kirchneristas y algunos nombres que inspiran más confianza en quienes toman decisiones económicas. Si Scioli escucha a todos y saca promedio simple, su paquete de anuncios y medidas en los primeros días puede quedarse corto en definición y no alcanzar para recuperar la confianza que la economía necesita. Esto no sería tan problemático si Scioli asumiera con el país en crecimiento y un macro macroeconómico operativo. Pero la economía argentina, con déficit fiscal de 6%, inflación de 25%, y crecimiento cero, no está para piloto automático. Cambiar las expectativas es crítico. Y en el caso de algunas medidas como la reforma del Indec o el levantamiento del cepo, también lo es la credibilidad. Si estas cosas no se encaran en el comienzo de la nueva administración, puede perderse la credibilidad para encararlas más adelante. Scioli, por lo que sugiere su manera de hacer políticas públicas en la provincia, es más reactivo que proactivo. Lo vimos en educación, en política fiscal y en seguridad: crisis primero, y medidas después. No es una buena manera de conducir ningún área de política pública, pero menos la macro de Argentina en este momento.