La IED es necesaria (y oportuna)

El contexto internacional no será tan favorable para Argentina como lo fue tiempo atrás

15 de septiembre, 2015

La IED es necesaria (y oportuna)

(Columna de Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit)

Está claro que el contexto internacional no será tan favorable para Argentina como lo fue tiempo atrás. La transición china, la crisis brasileña, los problemas europeos y su incidencia global implican una débil demanda para nuestros productos. A ello se suma que los precios de las commodities son más bajos y que las monedas del mundo se deprecian, mientras que el peso argentino se mantiene prácticamente atado al dólar. En suma, la posibilidad de conseguir divisas vía comercio exterior se redujo considerablemente, lo cual obligará al próximo Gobierno a procurarlas por otros canales.

La Inversión Extranjera Directa (IED) puede ser parte de la solución. Potencialmente trae un doble beneficio, ya que se produce un ingreso de divisas que también incrementa la capacidad productiva. Además, se trata de capitales con un horizonte de largo plazo, a diferencia de los fondos especulativos, más susceptibles a cambios de expectativas y del contexto.

El mundo dispone de una enorme masa de capitales para invertir. Sólo en 2014, los flujos de inversión totalizaron US$ 1,27 billones. Particularmente para América Latina, que recibe 13% del total, la IED se redujo 16% el año pasado, tras casi una década de crecimiento sostenido. La baja de los precios internacionales desalentó la inversión en recursos naturales, en tanto que la desaceleración económica hizo lo propio con las inversiones en servicios y manufacturas. Además, hay un efecto de base de comparación, ya que el 2013 había sido muy positivo.

A pesar de ser la tercera economía dentro de la región, nuestro país no figura entre los principales destinos de inversión. América Latina recibió, en promedio, US$ 167.000 millones anuales en el último lustro (2,9% del PIB regional), pero a la Argentina sólo ingresaron cerca de US$ 11.000 millones (2% del PIB), menos que en Brasil, México, Chile o Colombia. Los controles impuestos desde 2011 desalentaron nuevos aportes de capital y las fusiones y adquisiciones, al punto tal que las firmas extranjeras que hoy invierten en el país lo hacen por medio de utilidades retenidas.

A diferencia del resto de la región, los servicios son el principal destino de las inversiones en el país. Este sector, que incluye generación de electricidad, transporte, infraestructura, telecomunicaciones, turismo, servicios financieros y empresariales, representa más del 60% de los fondos que ingresan al país. En segundo plano figuran las inversiones en el sector manufacturero (alrededor del 33%), las cuales se focalizan en el bloque automotriz y la agroindustria. La inversión en el sector de recursos naturales ha sido escasa hasta ahora (cerca del 6%), aunque existen interesantes oportunidades, tanto en minería como en petróleo y gas.

El margen para incrementar la IED en el país es amplio. Aun cuando la situación económica global se ha deteriorado y podría reducir los flujos de inversión, la disponibilidad de fondos es considerable. Si la Argentina lograse recibir inversiones de acuerdo al promedio de la región (es decir, incrementar la IED recibida en 0,9 puntos del PIB), ello implicaría una inyección extra superior a US$ 5.000 millones por año. El cálcu lo es muy aproximado, pero refleja las posibilidades que surgirían si se solucionan ciertas cuestiones, ya que el interés inversor existe.

Aprovechar las posibilidades que todavía ofrece el mundo requiere de una política económica sensata. El recambio de Gobierno mejoró las expectativas e incrementó la confianza, pero el horizonte de largo plazo de la IED requiere de modificaciones de política, ya que la economía exhibe hoy un marcado sesgo antiinversión y antiexportación. En concreto, levantar el cepo, remover las barreras comerciales y reducir el atraso cambiario son algunas de las cuestiones a considerar.

Los planes de los candidatos presidenciales apuntan a un mismo objetivo. Todos ellos han remarcado la importancia de la IED para el futuro del país. Con matices, también coinciden en que la inversión extranjera se recuperará sobre la base de cambios en la política económica, mayor institucionalidad y previsibilidad y la definición de reglas claras. Si bien las modificaciones a implementar serían parte de un enfoque simultáneo e integral, aún se debate la profundidad y el ritmo de los cambios. El gradualismo, cuya posibilidad de éxito luce hoy más acotada, tendría más dificultades para mostrar resultados a corto plazo, aunque podría evitar los costos que supone un ordenamiento inmediato del escenario macro.