“Cada país debe encontrar su propio modelo de desarrollo”

Entrevista a José Carlos Díez

4 de septiembre, 2015

“Cada país debe encontrar su propio modelo de desarrollo”

(Entrevistado por Facundo Matos Peychaux y Alejandro Radonjic)

José Carlos Díez es uno de los economistas más respetados de España y, además, autor de “La economía no hace la felicidad”. Sobre el libro, y sobre los problemas que arrastra la economía global, dialogó con El Economista.

¿Cuál es la tesis central de su nuevo libro?

Llevamos muchos siglos observando la economía y notamos que la correlación entre los ciclos expansivos y la felicidad es muy baja. Sin embargo, en las fases recesivas, cuando cae el empleo, vemos que la infelicidad aparece. La conclusión es que la economía tiene que dedicarse a proteger a los ciudadanos de la infelicidad que generan las crisis. No se pueden eliminar las crisis pero, con buenos hábitos económicos, se pueden evitar crisis profundas como la que tuvieron en 2001 o como la que estamos viendo hoy en Grecia.

Además de evitar las crisis severas, ¿qué otras recomendaciones de políticas sugiere para aumentar la felicidad?

La evidencia empírica muestra que los países que mejor protegen a sus sociedades de la infelicidad son democracias muy consolidadas en las que hay libertad de prensa y libertad intelectual, y una economía de mercado complementada por una intervención pública inteligente en educación y en otras áreas donde la economía de mercado no funciona correctamente. Por ejemplo, si dejas que el mercado le ponga un precio a la educación, estás dejando a muchas capas de la sociedad afuera, y lo mismo pasa con la salud y otras áreas. Por otro lado, hay que tener estrategias de país con proyectos empresariales competitivos y rentables para tener más empleo y mejores salarios. Ese debería ser el objetivo de los Gobiernos. Hay oportunidades. Las estimaciones muestran que en los próximos años van a aparecer 1.000 millones de nuevos consumidores. Hay que apostar por la educación y el capital humano. En el corto plazo, debes crear un entorno favorable para hacer negocios y estándares mínimos de estabilidad. Argentina no es un buen ejemplo: mientras la tasa de inflación global está en mínimos históricos, el país va por el mundo con una tasa de inflación de 30%. Eso convierte a la inversión empresarial en un casino, pero las empresas quieren países y entornos estables. Eso se consigue con gestiones razonables de las finanzas públicas, del dinero en circulación, del banco central, etcétera.

¿Podría precisar qué entiende por “intervención pública inteligente”?

El Estado debe tener un rol activo, pero inteligente. Cuando las cosas andan bien, hay que adoptar políticas fiscales y monetarias prudentes para moderar la euforia y, cuando andan mal, hay que hacer políticas de estímulo. Esa gestión permite que los ciclos expansivos sean más largos, que las recesiones sean más breves y que, en promedio, el crecimiento de la renta por habitante sea mayor. La clave, pues, es actuar con inteligencia en las fases expansivas: es allí cuando debes tener buenos hábitos para, cuando llegue la recesión, tengas margen para hacer políticas. No hay que gastarse todo en las buenas épocas.

¿Se pueden replicar los modelos de los países nórdicos, que encabezan todos los rankings de felicidad?

Ellos han conseguido armar Estados de Bienestar muy desarrollados. Por ejemplo, en el caso sueco, uno de sus pilares es la regla de estabilidad presupuestaria, que fue aprobada en 1934. La regla estipula que debes tener equilibrio presupuestario en todo el ciclo. Si en la recesión caen los ingresos, suben los gastos por prestaciones por desempleo y aumenta el déficit, en las expansiones tienes que tener superávit y lograr, así, tener un equilibrio a lo largo del ciclo. Esa es una regla básica.

¿Pero se puede copiar ese modelo?

No, y por eso creo que lo que intentó el Consenso de Washington y el comunismo fueron un fracaso. Cada país debe encontrar su modelo en este mundo global. Para que el modelo sea viable, la sociedad lo tiene que aceptar y para ello es necesario la democracia, un Gobierno que funcione, mucha pedagogía con los ciudadanos y llegar a un modelo de consenso en el que el país se sienta a gusto. Si estás en el sur del mundo, como Argentina, y los costos de transporte hacia el norte son altos, debes orientarte a tus áreas geográficas próximas. Como decía el Premio Nobel Douglas North, cada país debe encontrar su modelo, pero tiene que ser compatible con la globalización y la revolución tecnológica. Hay que pensar bien qué tipo de aporte se puede hacer, preguntarse por qué te van a comprar a ti y no a otro, y qué tipo de ventajas has ido adquiriendo. La Argentina tiene la Pampa Húmeda y está bien que lo aproveche, pero no puedes depender únicamente de eso. Hay que diversificar la economía, la canasta exportadora y ayudar a que las empresas sean cada vez más grandes, que son las que pagan mejores salarios. El romanticismo de las Pymes está muy bien, pero hay que apostar a que se hagan grandes. En ese parte del proceso, el Estado debe estar presente y la cooperación pública-privada debe estar muy aceitada.

Vayamos un poco al turbulento escenario internacional de las últimas semanas. ¿Cuál es su análisis de la volatilidad financiera que estamos viviendo?

Las Bolsas son un indicador retrasado. Lo que estamos viendo desde comienzos de año es una caída muy intensa del comercio mundial a causa del frenazo del consumo global. En China, el foco de las miradas, las ventas minoristas siguen creciendo al 10%, pero sus exportaciones se han parado porque el resto del mundo le ha dejado de comprar. Los emergentes, el motor del crecimiento global de los últimos años, se han parado. Por lo tanto, estamos como en un avión que se ha quedado con pocos motores: China, la India, EE.UU. y, en menor medida, el Reino Unido. Europa, Japón y el resto de los emergentes están parados. América Latina y los emergentes deben pasar ahora por un proceso de depuración. Ha sido un ciclo largo y va a llevar tiempo para que las economías encuentran un piso y vuelvan a encontrar un sendero de crecimiento. No será como 1998 o 2001. Hubo mejoras en América Latina y el resto del mundo para que esto sea una recesión normal y no una gran crisis o una depresión. Si se gestiona mal, podremos ver cosas que no queremos ver, pero no es mi escenario base. En este contexto, los mercados sobrerreaccionaron. Ni América Latina era tan buena como nos decían en los mejores años de los 2000 ni están tan mal ahora.

¿Hemos aprendido, sobre todo los policy makers, las lecciones de Lehman Bros. o seguimos igual de desguarnecidos que antes ante un evento similar o, incluso, peor?

Las probabilidades de que eso vuelva a ocurrir en los países desarrollados ha bajado, aunque hay riesgos. La probabilidad de ver un nuevo Lehman o una crisis global grande está en China. Su economía sigue creciendo, pero tienen una crisis de deuda: el endeudamiento público y privado, en relación al PIB, es superior al de EE.UU. o Alemania, pero un país con un ingreso por habitante medio. Si los problemas en las Bolsas se empiezan a filtrar en otros sectores, allí sí podríamos hablar de una crisis financiera global grande. También hay que seguir de cerca a Grecia. Quizás no tengamos una crisis como en 2008-2009, pero sí una como la de 1998 cuando cayó Long Term Capital Management (LTCM). Las divisas han caído 30% en los emergentes en el último año y algún hedge fund por el camino va a quebrar. Podremos ver cosas feas y algún susto en países emergentes como Rusia, Venezuela o Turquía, y en alguna entidad financiera europea o de Nueva York, pero no veo una crisis como la de Lehman.

Para terminar, hablemos de la economía que usted mejor conoce: la española. Según el FMI, crecerá 3,1% en 2015, el desempleo empezó a descender, se financia a tasas más que razonables y desapareció de las primeras planas de los medios económicos. ¿Ya se superó la crisis?

Estamos emitiendo a dos años al 0%. No creo que eso sea razonable. Es positivo porque ha permitido estabilizar la economía en el marco de una fuerte depresión, pero tiene que ver con la ayuda del BCE. Si alguien piensa que emitir deuda pública a dos años está bien, tiene un problema. Es totalmente anormal y no podremos abusar de eso toda la vida. En rigor, el BCE dijo que su intervención terminará en 2016. Pero ha ayudado, así como el hecho de que le hayan dado más tiempo para hacer el ajuste fiscal. Pero tenemos un déficit fiscal de 6% del PIB y una deuda pública de 100% del PIB. El ajuste hay que hacerlo. Si es más gradual, mejor, pero hay que hacerlo igual. Cuando el BCE deje de comprar bonos, y las tasas empiecen a subir, y más si la Reserva Federal empieza a subir su tasa de referencia, seguiremos siendo un país altamente endeudado. Las crisis financieras, y esto lo saben en América Latina, tardan mucho en digerirse y nosotros estamos en ese proceso. Por eso creo que hemos salido de la recesión, pero aún no de la crisis. La situación social sigue siendo muy grave, seguimos estando muy endeudados y somos muy vulnerables.