El inversor chino y el consumidor estadounidense

28 de agosto, 2015

eeuu china

(Columna de Federico Furiase y Martín Vauthier, economistas del Estudio Bein & Asociados)

Luego de la “pausa” de los últimos meses, el escenario de “guerra de monedas” volvió a dominar el escenario económico internacional en un mundo donde la “devaluación administrada” de China y la corrección de los precios de las commodities en un contexto en el que el dólar se fortalece globalmente frente al acercamiento del inicio del ciclo de suba de tasas de la Fed, vuelven a poner en jaque la performance de los mercados emergentes alcanzados por la restricción externa.

Entre 2013 y el primer semestre de 2014 los mercados internacionales “disfrutaron” de una estabilidad financiera no experimentada desde los años previos a la crisis subprime, luego de internalizar el desarme gradual del QE3 en un contexto de abundancia de liquidez, crecimiento traccionado por los mercados emergentes, recuperación norteamericana y postergación en los escenarios disruptivos en la eurozona.

Hacia mediados del año pasado este panorama comenzó a cambiar, una vez que la expectativa del inicio del ciclo de suba en la tasa de interés de EE.UU. dejó de pertenecer al futuro no inmediato para convertirse en una real posibilidad a algunos meses vista. El consecuente fortalecimiento del dólar tuvo su contracara en una reversión de los flujos de capital hacia activos de refugio, derivando en presiones devaluatorias sobre las monedas emergentes (con el euro incluido) y caídas generalizadas en los precios de las materias primas, a lo que se sumaron “cisnes negros” como la crisis griega en la primera parte de 2015 y la más reciente explosión de la burbuja del mercado de valores chino, que acumula una baja de más de 40% respecto a los máximos de mediados de junio, luego de haber experimentado un rally de casi 150% en los doce meses previos, exacerbado por la decisión del Gobierno de incentivar la compra de acciones.

A ello siguió la “devaluación controlada” de la moneda china (en rigor, una flexibilización de la banda de flotación en momentos de presión vendedora sobre el yuan), en un contexto en el cual el enorme superávit de la cuenta corriente comenzaba a ser superado por el déficit de la cuenta financiera producto de la salida de capitales generada por la corrección en el mercado.

No obstante, los cimbronazos financieros comenzaron a sembrar dudas sobre la capacidad de la segunda economía global de sostener hacia adelante el ritmo de crecimiento en la zona del 7% (target de las autoridades), en un país que desde la crisis subprime se constituyó en el “demandante” global de última instancia (centrado en la inversión dentro de los componentes de la demanda agregada), posición que habían dejado vacante los endeudados consumidores estadounidenses. La contracara de este último proceso fue un acelerado apalancamiento del sector privado chino, que duplicó en siete años el ratio de deuda a PIB hasta llegar al 230% actual (proceso que a EE.UU. le llevó 20 años en el caso de la deuda de los hogares), dirigiendo buena parte del nuevo endeudamiento a inversiones en real estate y proyectos de dudosa productividad, poniendo un interrogante sobre la capacidad de repago futuro de los proyectos ante un corte en el financiamiento.

Más allá del evidente margen de maniobra que brinda un stock de US$ 3,7 trillones en reservas internacionales, y a pesar de que buena parte los análisis se centraron en las potenciales implicancias del colapso en los mercados de valores chinos (que, vale remarcar, todavía se encuentran casi 40% por encima de agosto del año pasado), el interrogante hacia el futuro se centra en la capacidad del “inversor” chino de continuar reemplazando al “consumidor” norteamericano como motor de la economía global. Sobre todo cuando son las fuentes de financiamiento que lo posibilitaron las que comienzan a ponerse en duda.

En el mientras tanto, la postergación del inicio del ciclo de suba de tasas de la Fed podría contribuir en el margen a moderar la volatilidad en los mercados. De todas maneras, el mercado necesita alguna señal de intervención desde China para intentar estabilizar el ciclo y poner un “piso” a la caída de los precios de las commodities que ha venido presionando sobre las monedas de los mercados emergentes alcanzados por la restricción externa.