Monitoreando la inflación

¿Qué pasó con los precios en junio?

17 de julio, 2015

Monitoreando la inflación

(Columna de Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit) dec 27, 2011 – buy prednisone online india people on prednisone does deltasone needs prescription how to order deltasone online without prescription

Como de costumbre, a mediados de mes comienzan a publicarse estimaciones diversas de inflación. De acuerdo al Indec, los precios aumentaron 1% el último mes, o 15% en términos anuales. Cálculos alternativos se encuentran algunos escalones por encima de los datos oficiales. Según el Congreso Nacional los precios crecieron 1,53% en junio (28% anual), mientras que para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires la inflación fue de 1,4% mensual (26%). Lo interesante, al margen de las cifras, es la coincidencia en que la inflación se desaceleró en lo que va del 2015 (el año comenzó con subas de 2% mensual y 35% anual). ¿Qué factores hay detrás de esta dinámica?

La anemia del nivel de actividad, ciertamente, “colabora”. Si bien la recesión parece haber quedado atrás, la economía aún no muestra señales de repunte. Por el contrario, según estimaciones alternativas el nivel de actividad se encuentra prácticamente estancado (aunque con señales positivas en el margen). El buen desempeño del agro (por la cosecha) y de la construcción (por la obra pública) compensan las bajas en la industria y la actividad financiera. El comercio, clave para empujar la economía, aún no reacciona ya que el poder adquisitivo de los hogares no se ha recuperado. Esto implica que la capacidad de las firmas para trasladar aumentos de costos a precios es más acotada.

El atraso tarifario y la estabilidad del tipo de cambio (oficial) también influyen sobre los precios. Dado su masivo consumo y participación en la canasta de referencia, la continuidad de los subsidios a la energía y el transporte ayudan a moderar la inflación. Como contracara, la factura a pagar por el Estado continúa escalando a niveles insostenibles. Por su parte, la utilización del tipo de cambio como “ancla” nominal  ayuda a contener los precios de los bienes transables, a costa de un atraso cambiario dañino para la competitividad best online casino buy zyban without prescription oct 10, 2014 – generic fluoxetine cost. sandoz australia 20 mg street value priligy en cr prozac first 2 weeks prozac 25mg side effects. kokain i prozac  , a recent blog post by seth godin called, “beauty as a signaling strategy” had this to say: “human beings have adopted this … when you respect and love the body, you unlock its truly amazing potential. buy prozac online legal issues buy prozac overnight visa prozac overnight delivery de la producción doméstica.

Si factores tan importantes presionan la inflación hacia abajo, ¿qué impide una moderación más profunda? La repuesta es la inercia. La convivencia por años con una inflación de dos dígitos alteró el comportamiento de los agentes, difícil de modificar sin una política anti-inflacionaria explícita y consistente. Si bien la indexación está prohibida legalmente, en los hechos los precios se remarcan y los contratos se negocian sobre la base de la inflación pasada (más un margen, si es posible). El ejemplo más claro es el de las propias paritarias. Este comportamiento “backward looking” tiende a perpetuar la suba de precios. En efecto, la inflación subyacente o tendencial ronda el 28% anual y las expectativas para el próximo año se mueven en torno al 30%.

¿Y la política monetaria? La recuperación de un sesgo expansivo, tras un 2014 claramente contractivo, ha generado preocupación por su posible impacto sobre los precios. El temor es que con más pesos circulando y una economía estancada se acelere la inflación.

No hace falta abrazar un monetarismo extremo para reconocer que existe una relación positiva entre ambas variables. Por otra parte, en un contexto de moderada (según estándares académicos) y persistente inflación, la relación de causalidad es más probable que vaya de dinero a precios que al revés.  Sobre todo teniendo en cuenta que el impulso monetario tiene origen en necesidades fiscales.

Sin embargo, la relación entre emisión e inflación es pequeña a muy corto plazo. Estimaciones propias arrojan que la correlación entre emisión e inflación (o el impacto de una variable sobre la otra, si se acepta la argumentación anterior) se torna significativa recién a partir de los 9 meses, aunque su impacto es bajo. Este resultado empírico tiene sustento: los pesos nuevos tardan en filtrarse a la economía a través del sistema bancario. Entonces, la preocupación por un “empujón monetario” a la inflación en los próximos meses estaría infundada. Aunque ello no quiere decir que mantener el sesgo expansivo de la política monetaria no termine complicando aún más este frente el año próximo.