Los riesgos de envalentonarse

El principal riesgo que enfrenta el frágil equilibrio actual

29 de mayo, 2015

kicillof provincia Buenos Aires

(Column de Juan Pablo Ronderos, economista y gerente de Desarrollo de Negocios de Abeceb)

El Gobierno ha sido eficaz a la hora de sacar a la economía del centro de la escena. Un resultado extraordinario si consideramos que apenas indagando un poco sobre la aparente normalidad confirmamos que nada ha cambiado en materia de desbalances macroeconómicos, problemas sectoriales –regulatorios, impositivos, logísticos, laborales– y clima de negocios. Este escenario va a perdurar todo el año con una economía pobre en resultados y sin grandes sobresaltos hasta el traspaso del mando. Sin embargo, los riesgos no son menores. Y el principal es que las autoridades se crean que la sensación no es tal sino una realidad y se envalentonen buscando algo más de lo que lograron, en especial en materia de actividad económica.

En un año electoral, en el que los márgenes para hacer política econó- mica sin pagar costos se han reducido prácticamente a la mínima expresión, el Gobierno ha logrado instalar la sensación de que todo se ha normalizado. Un ejemplo es que temas como dólar y sus derivados –devaluación, brecha, empleo, estancamiento de la actividad, inflación– no protagonizan las tapas de los diarios ni se analizan en otros medios de información.

Esta percepción también se ve reflejada en la opinión pública. De acuerdo a la encuesta nacional mensual de Isonomía Consultores, el porcentaje de personas que cree que el país está peor que un año atrás se ha reducido en 20 puntos hasta alcanzar el 41%, repartiéndose la caída entre los que ven que no ha cambiado (un aumento de 17 puntos porcentuales, hasta el 39%) y los que opinan que están mejor (3 puntos porcentuales, 19%). En particular, la situación económica es evaluada como negativa por 53% de la opinión pública nacional y como positiva por 46%, cuando esas cifras en diciembre de 2014 eran de 62% y 35%, respectivamente. Además, los temas relacionados con la economía en su conjunto representan el 36% de las respuestas sobre el principal problema personal, frente al 50% del mismo mes de 2014. Y también se ven mejoras en la percepción del mercado laboral, donde el 54% está seguro de mantener el empleo en los próximos doce meses, frente a un guarismo de 47% a fin de 2014 y de 44% en el mismo mes del año pasado.

En esto ha sido clave la estrategia oficial de administrar el día a día con el foco puesto en dos objetivos contrapuestos: 1) Apuntalar la actividad económica para mejorar el clima social y político y 2) Generar una sensación de estabilidad nominal suficiente recurriendo a la contención de la inflación, pero en especial desarmando las expectativas de devaluación. El Gobierno ha logrado transitar con éxito la última parte de 2014 y los primeros meses de este año haciendo equilibrio entre ambos. Encontrando un envión importante en la entrada de divisas por gestiones propias como los swaps con China (y en menor medida con Francia), la licitación de 4G, y la última colocación de deuda pública, ya que este financiamiento externo ha relajado la puja entre los dos objetivos.

Equilibrio frágil

Sin embargo, este éxito puede ser una trampa. El impacto positivo en la opinión pública de esta estrategia, junto con algunos dólares más en la cuenta “del almacenero” pueden envalentonar al Gobierno entrando en el período más agudo del año electoral y quebrar esa armonía, que no es más que un equilibrio sobre el filo de la navaja. ¿Qué puede determinar un jaque en esta partida? Primero, hay que destacar que lo logrado es sólo una sensación. Todas las medidas han sido parches para enmascarar los problemas macroeconómicos de fondo que siguen en pie y, además, se profundizan. Y mucho menos se ha trabajado en resolver los problemas regulatorios o aquellos que atentan contra la competitividad sistémica, a esta altura una quimera para un Gobierno en retirada.

En este sentido, el segundo argumento es que ir por más puede romper el delicado equilibrio obtenido. Es que intentar impulsar más la actividad económica a través de mayor gasto público –concentrado los desembolsos en obras, programas sociales y subsidios al consumo–, de bajas de tasas de interés y de mayor acceso al crédito, puede poner presión sobre una oferta que se maneja en divisas y que al no acceder a las mismas puede traducirse en una aceleración de la inflación y de las expectativas de devaluación. Pero también en el caso de que se relajara la restricción que pesa sobre las importaciones, se podría debilitar el poder de fuego del BCRA ante un mercado que está evaluando constantemente el timming para saltar de pesos a dólares. Desafortunadamente, algunas decisiones adoptadas parecen reflejar que las autoridades no sólo están cómodas con el escenario actual sino que estarían relajándose. En particular, en lo que hace a la política monetaria en un marco donde la dominancia fiscal sigue siendo el nombre del juego.

En contraste con lo sucedido en 2014, la base monetaria está acelerando su tasa de expansión, al punto de volver a crecer por encima de la inflación. En abril avanzó a un ritmo de nada menos que 33,2%, 10 puntos más rápido que la tasa que registraba un año atrás. Pero a pesar de que la emisión monetaria se apresura, en lo que va del año, el BCRA esterilizó 41% menos que en igual período de 2014. Incluso teniendo en cuenta que parte del trabajo lo está haciendo ahora el Tesoro vía emisión de BONAC –por un total de $15.000 millones en lo que va del año–, se retiraron en conjunto de la economía 13% menos de pesos que un año atrás. Algo también se ha comenzado a ver en los permisos para importar. De acuerdo a nuestros cálcu los, si bien no hay un relajamiento profundo de las restricciones de divisas para tal fin, parece haber una mayor dinámica en los trámites para habilitarlas. En un marco en el que el superávit comercial ha brillado por su ausencia en los primeros meses del año y en el que se espera una contracción de al menos 35% en todo 2015.

Por ahora no son más que cambios de tendencia incipientes en variables clave para monitorear la decisión del Gobierno de sostener el equilibrio logrado entre sus dos objetivos de la estrategia del día a día seguida hasta aquí. Pero no dejan de ser señales de alerta. Si además sumamos que el escenario externo no es bueno para Argentina sino que, en algunos casos, empeora, como en el de la profundización de la recesión en Brasil, un envalentonamiento de las autoridades puede volverse aún más peligroso y audaz.