Los argentinos dejaron de ahorrar en pesos

El furor del dólar ahorro

4 de mayo, 2015

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(Informe de Luis Varela) Juan C., un argentino como cualquier otro, que puede ser usted, o yo, se había acostumbrado a ahorrar en pesos. Desde que Néstor Kirchner asumió el poder en el 2003 y hasta finalizado el primer Gobierno de Cristina en 2011, ahorrar en dólares fue una solución ruinosa: el dólar, tanto oficial como paralelo, fue subiendo, en promedio 10% anual, y las tasas de interés en pesos pagaban entre 12% y 14% anual, en todos los casos con rendimientos bastante por debajo de la inflación real. Pero en las últimas tres temporadas las cosas se fueron de cauce. El dólar, tanto el oficial como el paralelo, fueron subiendo a un ritmo anual superior al 30%, casi al ritmo de la inflación que cada argentino veía en sus gastos. Y las tasas de interés, que invitaban a quedarse en pesos, tuvieron una renta también superior a la primera etapa K, pero apenas llegaron a algo más del 20% anual. Por lo que, lentamente, de a uno en fondo, casi todos los argentinos que habían estado ahorrando en pesos fueron volviendo a la cultura del dólar. A principios de 2014, para frenar la estampida, el Gobierno empleó una estrategia diferente: creó el sistema que se terminó llamando “dólar ahorro”. Este esquema buscó que la compra de dólares no se concentrara en el mercado paralelo, ya que ese había sido el camino que siguió Alfonsín…y los que peinan canas saben de memoria que ese movimiento terminó en una suba casi infinita del dólar, y detrás del dólar se fueron los precios, y con los precios estalló la inflación, hasta que el poder de turno, la UCR, se vio obligado a entregándole el mando al menemismo de los ‘90. A través del dólar ahorro, muchos de los que ahorraban en pesos fueron abandonando el uso de la moneda nacional: primero compraban de a US$ 100 millones por mes, a mediados del 2014 ya compraban US$ 200 millones mensuales, hacia fin del año pasado ya estaban en los US$ 400 millones cada 30 días y en marzo y abril la compra mensual ya se está acercando a los US$ 500 millones. ¿Por qué se están escapando del peso y comprando dólares con tal voracidad? Simple: el Gobierno dice que la inflación está rodando en torno al 20% anual y los privados la calculan en la zona del 29%. Pero Juan C., usted o yo, no necesitamos de ninguna medición de nadie. A esta altura del baile cualquier argentino, incluso el más desorientado, sabe cuánto está pagando de tarjeta, y cuál fue su gasto mensual total en la cuenta bancaria. Cristina puede decirle que los precios suben al 10%, el opositor más acérrimo puede advertirle que todo estalla por los aires al 50%, pero Juan C. ve perfectamente que sus precios, los que debe pagar su propio bolsillo, están subiendo lo que suben: es un calor que lo molesta a él, con la cuenta del supermercado, la cuota del lavarropas, los gastos en medicamentos, etcétera, etcétera. Por eso, en vez de hacer lo que hacía con Néstor o durante el primer Gobierno de Cristina, Juan C. ahora no deja los pesitos que cobra en el cajón. Sabe que si los deja quietos se le van desintegrando. Se ha percatado perfectamente que los $ 100 de hoy son $ 97 la semana que viene y $ 92 dentro de 15 días. Hasta hace unos meses los dejaba en un plazo fijo, rindiendo una pequeña tasa de interés. Pero ahora, contrariamente a lo que sucedía durante los primeros tiempos de Cristina, esos pesos ya no se quedan en los bancos, empiezan a buscar otro destino y comienzan a alterar notablemente los números macro del sistema financiero argentino. Y en este movimiento se ve una particularidad bastante llamativa. El raid de los pesos se origina cada vez con mayor vigor en la actividad pública, y cada vez con menos intensidad en la actividad privada. Así, los que cobran salario público van mordiendo cada vez más porción de la torta, y los que cobran salario privado se van achicando lentamente. El proceso se ve con toda claridad en el lugar donde es depositado el dinero. El Banco Nación, donde cobra la mayor parte de los empleados del Estado, tenía en 2011 el 23,6% del total de depósitos que había en el sistema, mientras que el último informe del BCRA sobre el reparto de dinero que hay en los bancos indica que del total de depósitos el Nación tiene el 30%, seguido por el 9,2% del Banco Provincia de Buenos Aires, el 7,1% del Santander Río, el 6,5% el Galicia, 5,3% el Francés, 4,9% el Macro y 3,8% el Credicoop. Por supuesto, este reparto de depósitos está muy ligado al lugar donde cada persona tiene instalada su cuenta sueldo. Y, en este sentido, surge otro dato que también deja bien a las claras, bien en evidencia, que los argentinos, después de un Gobierno que cometió una sucesión de incomprensibles errores de política económica, están abandonando cada vez más el uso de la moneda argentina como método para ahorrar. ¿Cual es ese dato? Veamos. a) En los últimos 12 meses, la masa total de dinero que hay en los bancos creció 26,4%, al pasar de $ 779.300 millones en abril de 2014 a $ 985.000 millones en abril de este año. b) Esos $ 985.000 millones actuales están divididos en varias categorías, entre las que se destacan: $ 210.000 millones en cajas de ahorro (cuentas sueldo) y $ 472.600 millones en plazos fijos (los $ 302.400 millones de pesos que completan el total están la mayoría en cuentas corrientes y una parte menor en otras colocaciones). c) El stock total de depósitos en cajas de ahorro, es decir lo que van cobrando todos los asalariados bancarizados subió 40,9% a lo largo de los últimos 12

meses, al pasar de $ 149.100 millones en abril de 2014 a $ 210.000 millones en abril de este año. d) El stock total de depósitos a plazo fijo, es decir, la cantidad de dinero que los argentinos van ahorrando, creció 22,9% en los últimos 12 meses, al pasar de $ 384.000 millones en abril de 2014 a $ 472.600 millones en abril de este año. Para entender bien el fenómeno debe contemplarse que el dinero que había hace un año en plazos fijos rindió 22% en los últimos 12 meses. O sea, los $ 384.000 millones que había hace un año, mas 22% de tasa de interés, da un resultado de $ 468.500 millones, es decir, que en el último año en términos reales se agregaron apenas $ 4.100 millones nuevos, mientras que en ese mismo lapso el dinero total depositado en cajas de ahorro creció $ 60.900 millones. O sea, del total cobrado, la mayor parte se fue por supuesto a gastos corrientes, el 6,7% fue colocado en plazos fijos en pesos y el resto se fue encolumnando detrás del dólar ahorro, que al principio fue utilizado con bicicleta, para alzarse con la renta del puré (comprar a valor dólar ahorro, vender a valor blue y quedarse con la diferencia) pero que ahora se va quedando en billetes verdes, afuera de los bancos, lejos de las garras que en otras épocas armaron los corralitos. Ahora bien, una vez que se admitió que ya no se ahorra en pesos, y que se prefiere poner los billetes verdes, uno a uno, en una cajita o debajo de alguna baldosa, la gran pregunta que surge es la siguiente: ¿Es provechoso ahorrar dólares de esa manera? ¿Se está preservando el valor del capital? ¿O con ese método también se desintegra una parte del dinero que tanto cuesta conseguir? Lo primero que debe decirse es que el dólar funciona como cualquier precio, se adelanta y se retrasa, según el resultado que van obteniendo las empresas o el Gobierno de Estados Unidos. En la crisis de 2007, por ejemplo, el dólar se derrumbó 25% contra el promedio de monedas más usadas de mundo. Una vez asumida esa crisis, el billete verde remontó 45% en el año y medio siguiente. Después volvió a caer fuerte, haciendo piso en 2011. Luego remontó hasta las alturas, marcó un techo a fines de febrero último y en las últimas ocho semanas el dólar cae 5% promedio. De hecho, desde principios de marzo hasta ahora el dólar bajó en Brasil de 3,30 a 2,96 reales. Y, al mismo tiempo, cayó en Europa, al pasar el euro de 1,04 a 1,11 dólares. Y algo parecido pasó con la libra, el franco suizo y el dólar canadiense. O sea, el peso se desintegra a “x” velocidad y el dólar -al menos en las últimas semanas- se está depreciando a “y” velocidad. ¿Cuál es la solución entonces? Muchos hablan de los bonos o de las acciones para defender el valor del capital. Pero, ¿qué resultado tuvieron estas colocaciones en los últimos 12 meses? Los títulos públicos argentinos tuvieron una suba promedio del 25,7%, es decir, que estuvieron algo por encima de la tasa de los plazos fijos. Pero debe advertirse que hubo bonos que subieron entre el 30% y el 70%, como el PARP, el TVPA, el PARY, el TVPY, el BPLD, el PARA, el DICY, el BPMD y el TVPP. ¿Cuál fue la mejor opción de todas en los últimos 12 meses? Es decir, ¿cuál fue la inversión que claramente se adelantó al resto? Definitivamente la Bolsa: el índice MerVal, que promedia los papeles líderes, subió 80% entre fines de abril de 2014 y este momento. Ahora bien, dentro del cocktail bursátil hubo algunas pepitas de oro: hubo 6 compañías que subieron más de 200% (Banco Patagonia, Comercial del Plata, Colorin, Transener, Clarín y Polledo). Y 20 empresas que subieron entre 100 y 200% (Central Puerto, Hipotecario, Pampa, Aluar, San Miguel, Caputo, Grimoldi, Minetti, Costanera, Francés, TGS, Santander Rio, Macro, Metrogas, Capex, Consultatio, Longvie, TGN, Galicia y Alto Palermo). Ahora viene la última parte de la campaña electoral y la alta chance de que Argentina cambie de Gobierno y de política económica. Será una gran oportunidad para obtener ganancias muy elevadas o también puede convertirse en un momento con grandes pérdidas. Y hay que prestar mucha atención dónde se pone el dinero logrado. Para muestra basta dar los datos de tres variables contundentes: en los últimos 12 meses los precios subieron en promedio 27%, el dólar blue subió 21%, el dólar oficial 11%, el euro blue bajó 3% y el euro oficial se achicó 12%.

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