La economía y los candidatos

26 de mayo, 2015

La economía y los candidatos

Un clásico de las elecciones presidenciales es avizorar cómo impactará la economía sobre la política, es decir, a favor de quien jugará. En 2011, era evidente. Aunque muchos no lo vieran. Crecía la economía, los salarios (en pesos y en dólares), el empleo y el Gobierno había desplegado la AUH para los millones que no recibían las mieles del circuito formal de la economía. Cóctel perfecto para el oficialismo. Sin duda, la economía fue un gran artífice del 54,11%.

Ni el evidente deterioro de los equilibrios subyacentes de la economía ni la inflación rodando a más del 25% anual evitaron la contundente victoria de CFK. Primó la microeconomía de bolsillo y la percepción de que el Gobierno había capeado bien la Gran Recesión de 2008-2009 y tenía la economía controlada. La dispersión opositor completó la faena.

¿Qué se puede decir, en 2015, de la relación entre política y economía? Como sosteníamos en el estadista hace algunas semanas (“Ni crisis, ni crecimiento”), la economía está en una especie de equilibrio mediocre. Con problemas más acuciantes en los fundamentals (deterioro fiscal rampante y creciente distorsión de los precios relativos) y una estanflación que pronto cumplirá un lustro pero, a diferencia de 2014, con dos variables clave bajo control: dólar y empleo.

La economía está estancada (en una parte alta del ciclo económico, cabe agregar), pero no cae. La inflación es alta, pero está estabilizada en 2% mensual. El empleo no sube, pero tampoco está en picada y la creación de empleo público (en todos los niveles) le pone un techo al desempleo. Luego de un año de desorden, 2015 luce mejor que 2014. Con la llegada de los nuevos salarios (que le ganarían por unos puntitos a la inflación) y la actualización de algunas transferencias monetarias por parte del Estado (algunas, como las jubilaciones, ya lo han hecho), podría haber cierto repunte del consumo privado, que en 2014 fundió motores, precisamente en los meses preelectorales. En rigor, ese efecto ya se está sintiendo. Según CAME, las ventas minoristas crecieron 2% interanual en el primer cuatrimestre.

“El Indice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Di Tella es un buen termómetro del ánimo social. A juzgar por la tendencia de los últimos meses, los argentinos llegaremos los comicios de octubre en un clima de creciente entusiasmo”, admite el consultor económico Federico Muñoz.

Con este mar de fondo, la gran pregunta es a quién beneficia más este cuadro de situación. Es obvio: la economía no tendrá, ni cerca, el sesgo pro-oficialista de 2011, pero tampoco será tan contraria para las aspiraciones de quienes corran bajo la bandera de la continuidad. Al menos, no tanto como el que se perfilaba hace doce meses, cuando muchos presagiaban un futuro mediato sin reservas, devaluaciones recurrentes, inflación en alza y un PIB en caída libre. Para la oposición, las evidentes fisuras de la economía, vis à vis la mayor demanda de cambio, le abre las puertas más que en 2011 para instalar un contra-relato económico que interpele efectivamente a una porción mayor del electorado.

¿Cómo influye esta economía en los tres front-runners de la contienda de octubre: Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa? “La intención de voto a Scioli está correlacionada con una percepción positiva de la economía”, explica el analista Luis Costa (Ipsos). La pax cambiaria de los últimos meses, acompañada de un repunte de la confianza del consumidor (según la última medición de la UTDT subió más de 50% interanual), fue simultánea con un fortalecimiento relativo de la intención de voto a Scioli. Si la situación económico hubiera sido mucho mejor que la actual, a la 2011, habrían sido mayores los incentivos para Cristina de apalancarse en la economía e imponer un delfín más puro. Asimismo, una situación económica crítica habría arrastrado también al gobernador bonaerense. Esta economía, con problemas evidentes pero lejos de estallar, marida bien con el particular posicionamiento sciolista de continuidad con cambios.

Por el contrario, dice Costa, “la intención de voto a Mauricio Macri está correlacionada con una percepción negativa de la economía”. Eso explica el crecimiento de Macri en 2014 cuando, devaluación y suba de la inflación mediante, la confianza de los agentes se desplomó y el Gobierno parecía perder el control del tablero macroeconómico. La relativa estabilidad de los últimos meses, en tanto, fue coincidente con cierto estancamiento (aunque no hubo retracción) en sus números encuesteriles.

En una pelea que tiende a polarizarse entre estas dos figuras, las últimas novedades económicas le están dando una mano a Scioli.

Sergio Massa, cada vez más lejos del trofeo mayor, había hecho bien los deberes. Convocó a un numeroso grupo de economistas asociados con los años mozos del modelo, entre ellos, a Roberto Lavagna y, al menos en 2013, logró su cometido: consiguió perforar el cofre electoral kirchnerista en la PBA. Pero ahora, errores propios y condicionamientos contextuales, lo alejan de la presea mayor. Como a Macri, le “convendría” un deterioro de la situación económica, pero hoy ese escenario no se avizora