Se consolida la apreciación cambiaria

Se descarta una devaluación abrupta y “voluntaria” en lo que resta del mandato de CFK

20 de marzo, 2015

dólar

(Columna de Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit)

El fortalecimiento global del dólar nuevamente colocó al tipo de cambio al frente de la agenda. La apreciación de la moneda norteamericana o su reverso, la depreciación en gran parte del mundo, es reflejo de la situación que vive cada región. Sin prisa pero sin falta, la economía de Estados Unidos se recupera, mientras Europa sigue estancada y con serios riesgos de caer en deflación. Más cerca de (e importante para) Argentina, la moneda brasileña continúa en “caída libre”, sin que Dilma Rousseff pueda frenar el deslizamiento cambiario en medio de una incipiente crisis política. La estabilidad de la moneda local es así presionada por la coyuntura, aunque el Gobierno asume el riesgo de sostenerla para moderar la inflación y evitar tensiones en un año electoral.

Medida a través del tipo de cambio real multilateral, la competitividad cayó a su nivel más bajo desde 2001. En parte, esto ocurre porque el peso argentino canadian pharmacy online cialis se mantiene “atado” al dólar, mientras que las monedas de nuestros socios registran una devaluación más agresiva. Por caso, el real brasilero y el euro se devaluaron más de 30% en el último año, frente al 11% de la moneda local. Sin embargo, gran parte de la erosión del colchón cambiario se debe al diferencial de inflación. Los precios internos aumentan más que los de nuestros socios comerciales, algo esperable ya que el país sufre una de las tasas de inflación más altas del mundo.

A pesar de la preocupación respecto a los efectos de la apreciación real sobre la producción y la generación de divisas, su impacto a corto plazo es más acotado de lo que parece. La tan temida “avalancha” importadora difícilmente se materialice mientras la administración del comercio se mantenga vigente. En tanto, diversos estudios reflejan que las exportaciones son más sensibles a cambios en la demanda de nuestros socios que a los movimientos del tipo de cambio real.

En este sentido, el Gobierno debería tomar nota de las pobres perspectivas de crecimiento global. De acuerdo al FMI, tres de los cuatro principales socios comerciales del país tendrán problemas de crecimiento este año. Las expectativas respecto a Brasil son cada día más pesimistas, habiéndose recortado el crecimiento esperado a un magro 0,3%. Por su parte, la economía de la zona euro se expandiría cerca de 1%, aunque con marcadas heterogeneidades entre los países de la periferia y los del centro. Por otro lado, si bien China crecería 7% en 2015, dicha tasa resulta inferior a la de los últimos años. Unicamente Estados Unidos aceleraría su ritmo de crecimiento, pasando de 2,4% a 3,6% anual.

Lo anterior de ninguna manera desconoce la existencia de problemas de corto plazo que requieren monitoreo. En primer lugar, el impacto de la sobrevaluación cambiaria sobre las economías regionales, cuya complicada situación ha encendido alarmas (y protestas), algo no menor en un año electoral. El desempeño exportador de las regiones del norte y la Patagonia, típicamente más inclinadas hacia el oficialismo que la oposición, ha sido relativamente pobre en los últimos años. En segundo lugar, la profundización del desalineamiento del tipo de cambio incrementa las expectativas respecto a una corrección futura, que el mercado hoy supone ocurrirá bajo una nueva administración. En la medida que esta creencia encuentre fundamentos, el período entre las elecciones y la asunción del nuevo Presidente estará marcado por la volatilidad, algo negativo para la economía en general. A pesar del contexto, se descarta una devaluación abrupta y “voluntaria” en lo que resta del mandato de CFK. El Gobierno tiene todos cialis online los incentivos alineados a sostener el statu quo cambiario, y con cierta dosis de pericia y fortuna podría atravesar el 2015 sin mayores sobresaltos. Que la economía pueda soportar otro año más de apreciación real puede ser interpretado como algo positivo, pero deberían aprovecharse los meses por delante para diseñar una solución a uno de los recurrentes problemas de la macro argentina.