El escenario político mantiene en vilo a la economía

4 de marzo, 2015

El escenario político mantiene en vilo a la economía

(Columna de Facundo Matos)

En años electorales suelen correr ríos de tinta sobre los efectos que el devenir económico tiene sobre las elecciones, tanto nacionales como provinciales. Es sabido: buenas coyunturas y variables ordenadas favorecen a los oficialismos (nacional y provinciales), mientras que contextos recesivos e inflacionarios (ergo, descontento social) aumentan las posibilidades de los candidatos opositores.

Pero a la inversa, la sucesión de elecciones y la proximidad al recambio presidencial influyen a su vez sobre la economía de muchas maneras.

En primer lugar, las expectativas que genera la salida del actual gobierno se reflejan en una notable suba de los principales bonos y acciones en la Bolsa de Comercio, así como también una caída del riesgo país a su valor más bajo en los últimos siete meses. “En las últimas semanas, los bonos soberanos registraron un importante rally en el exterior, lo que llevó a una normalización de la curva de rendimientos que se encontraba invertida. El optimismo se basa en las señales que ha dado el Gobierno respecto a defender las reservas internacionales, pero especialmente en las expectativas que genera el cambio de Gobierno. Esta compresión de rendimientos permitió que YPF y la ciudad de Buenos Aires emitan deuda por debajo del 9% anual en las últimas semanas”, señala un informe de EconViews.

Pero el impacto de la política se da también en la economía real. “Las empresas en los últimos años frenaron sus inversiones. Por su tamaño, Argentina debería ser uno de los países con más inversión extranjera de la región y no lo ha sido ni lo es. Por eso, es probable que las expectativas favorables que pueda generar el recambio lleve a un crecimiento en las IED”, advierte Guido Sandleris, director del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

Ante un escenario polarizado entre tres candidatos de posibilidades similares (Scioli, Macri y Massa), las expectativas son inciertas. Sin embargo, a medida que las elecciones se sucedan, irán delineando un rumbo político. Para el 9 de agosto, cuando se celebren las PASO, varios gobernadores ya habrán sido elegidos, lo que marcará una tendencia. Las primarias abiertas, finalmente, consagrarán a uno o dos candidatos (probablemente un oficialista y un opositor) como potenciales ganadores de las elecciones generales, con lo cual las miradas van a dejar de apuntar al actual gobierno y se van a enfocar en que se muestren con chances de alcanzar la Presidencia en diciembre. “Desde agosto va a importar poco lo que haga este gobierno y mucho lo que diga que va a hacer el próximo”, señala el director del área económica de IAE Business School, Eduardo Fracchia.

El debilitamiento del oficialismo a causa de la muerte del fiscal Alberto Nisman y las últimas encuestas conocidas operaron en ese sentido. Según ACM, “los inversores que apuestan a la transición política argentina recibieron un guiño de confirmación este fin de semana cuando se dos encuestas mostraron a Mauricio Macri liderando la carrera presidencial con 28% de intención de voto”. Su recambio por otro que –todo indica– será más promercado y de programa más ortodoxo, aumenta las expectativas positivas de los actores económicos que se preparan para 2016.

Por su parte, el oficialismo está enfocado en controlar las principales variables hasta diciembre y dejarle los ajustes de fondo al próximo gobierno. El acuerdo con China aprobado definitivamente por el Congreso esta semana, será probablemente la última medida estructural que tome Cristina Fernández durante el año.

En ese sentido, es esperable que continúe este mismo presente de estabilidad cambiaria, economía enfriada pero no recesiva, déficit fiscal, inflación alta, retraso cambiario y congelamiento de las tarifas y subsidios. Aunque a largo plazo pueden ser malas noticias, en el corto plazo, la calma económica y social actual es percibida como positiva en el mercado.

Si bien esta falta de noticias en el frente económico se da en parte por la abundancia de temas políticos (de nuevo el impacto de lo político en lo económico), este contexto de calma cuando se esperaba un diciembre y un enero agitados contribuye a generar un clima de confianza. Según Sandleris, esa fue una de las principales razones detrás del crecimiento de que el Índice de confianza de los consumidores que elabora la UTDT haya crecido 15% en los últimos tres meses. “Había temores de que en el verano ocurriera una nueva corrida cambiaria como en 2014 y los consumidores perciben como positivo que no haya sucedido. La seguidilla de feriados en diciembre y el componente estacional de las vacaciones en enero también ayudó”, explica.

En el plano social, la escalada de conflictividad registrada por momentos en 2014 logró ser superada. Las negociaciones con los sindicatos de docentes bonaerenses, que marcan una tendencia para el resto de las paritarias, arrancaron con un acuerdo transitorio en enero y se encaminan a resolverse definitivamente en el corto plazo.

El segundo trimestre es históricamente menos inflacionario y más afable en la cuestión cambiario debido al ingreso de divisas por la liquidación de la cosecha agropecuaria, que este año será voluminoso. Sumado a eso, el Gobierno buscaría potenciar con las paritarias los ingresos de los trabajadores, lo que servirá para apuntalar el consumo. Los aumentos salariales permitirán recuperar los puntos de poder adquisitivo perdidos en 2014 en un contexto de desaceleración marcada de la inflación.

Por último, como tradicionalmente sucede en años electorales, es esperable que se pongan en marcha políticas fiscales y monetarias más flexibles, que permitan a su vez un crecimiento en el nivel de actividad económica hacia el segundo semestre. Por un lado, para apuntalar al candidato oficialista en octubre y por el otro, para abandonar el Gobierno de la mejor manera.

Si todo sale como espera el oficialismo y buena parte de los economistas, el Gobierno logrará eludir una nueva devaluación y llegará a diciembre con un clima social y económico calmo, aunque con recesión, inflación y desajustes macro para corregir en los años próximos. Una transición mejor que las de 1989 y 1999, aunque no tan promisoria como la de 2003.

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