La pobreza en América Latina: dudas e interrogantes para el futuro

25 de febrero, 2015

La pobreza en América Latina: dudas e interrogantes para el futuro

(Columna de Silvana Melitsko, economista)

La última edición del Panorama Social de América Latina presentado por CEPAL a principios de año refleja una tendencia menos auspiciosa para la situación social de los países de América Latina. Luego de la notoria reducción de la pobreza que tuvo la región desde principios de los 2000, la incidencia de este fenómeno se ha estabilizado en un nivel aún inaceptable desde el punto de vista social y económico. Se estima que en 2014 alrededor de 167 millones de personas no contaron con ingresos suficientes para acceder a una canasta básica de bienes de consumo, una cifra que representa el 28% de la población de la región. La incidencia de la pobreza moderada se mantuvo en porcentajes similares desde 2012, mientras que la pobreza extrema o indigencia pasó de 11,3% a 12% en el mismo período. El gran interrogante que se plantea es si se trata de un estancamiento coyuntural, o si es la manifestación de factores estructurales que pueden limitar el progreso social de la región en el futuro, si por progreso entendemos crecimiento compartido y con oportunidades de movilidad social para todos.

La desaceleración económica de la región y una situación fiscal crecientemente comprometida en algunas de sus mayores economías, entre ellas Argentina y Brasil, hacen temer la vuelta de un fenómeno característico de los 1980s y parte de 1990s: el gasto social procíclico. Durante el período de auge en el precio de las commodities América Latina fortaleció sus sistemas de protección social y aumentó la inversión pública en salud y educación. Esto pudo financiarse con un fuerte incremento del gasto público social, cuya participación en el PIB trepó de 15% a 19,1% entre 2000/2001 y 2012/2013. Pero las posibilidades de seguir expandiendo el alcance de las políticas sociales en un contexto de estancamiento y con un gasto público relativamente alto son limitadas. El desempeño futuro dependerá, a nuestro entender, de la eficiencia con la cual ese gasto social se haya canalizado hacia políticas con efecto de mediano y largo plazo. En este sentido, los países que hayan mejorado su nivel educativo y administren con eficiencia las transferencias de ingresos tendrán mayores oportunidades de seguir progresando con equidad en los próximos años.

Las diferencias entre países

El estancamiento reciente de la tasa de pobreza en la región esconde diferencias importantes a nivel individual. En base a la información reportada para 2013 se distingue un grupo de países que tuvo caídas significativas en los últimos dos años: Paraguay, El Salvador, Colombia, Perú, Chile y Ecuador. Un segundo grupo integrado por Brasil, República Dominicana, Paraná y Costa Rica experimentó caídas moderadas, mientras que Venezuela dio la nota con un notorio aumento de la pobreza de 25,4% a 32,1%. Argentina quedó fuera de la comparación por no haber reportado mediciones oficiales para 2013 (recordemos que la última publicación del INDEC para el primer semestre de 2013 arrojaba un irrisorio porcentaje de 4,7 personas bajo la línea de pobreza; no obstante la CEPAL sigue incluyendo en su informe cifras en el orden del 4% para 2012).

El país con menor porcentaje de pobres por ingresos en 2013 según el informe de CEPAL fue Uruguay, con una tasa de 5,7%, seguido por Chile con 7,8%. En un nivel intermedio se ubicaron Costa Rica y Brasil con 17,7% y 18% respectivamente, mientras que en el otro extremo países como El Salvador, Paraguay y República Dominicana aún tienen tasas superiores al 40%.

Es bueno señalar en este punto que las estadísticas presentadas en el informe, si bien útiles como guía para marcar tendencias, muestran las limitaciones características de la medición de pobreza por ingresos. En Chile, por ejemplo, se acaba de actualizar la metodología de cálculo imponiendo una línea de pobreza bastante superior a la utilizada anteriormente. La nueva canasta definida como un estándar de consumo socialmente aceptable para un hogar de cuatro personas pasó de $ 3.779 a $ 5.166 en pesos argentinos (a noviembre de 2013). En función de este cambio, la tasa de pobreza oficial medida por la nueva metodología fue de 14,4% en lugar del 7,8% tomado como referencia por CEPAL.

Una mirada alternativa (y complementaria) a la tradicional medición de pobreza por ingresos viene dada por el índice de pobreza multidimensional, también incorporado en el último informe, que supera algunas de las limitaciones del enfoque de línea de pobreza. Este índice toma en consideración cinco dimensiones de posibles privaciones para un hogar: vivienda, servicios básicos, educación, empleo y protección social, e ingresos. De acuerdo a la CEPAL la incidencia de la pobreza multidimensional cayó de 39% a 28% entre 2005 y 2012 en la región. Chile es en este caso el país con menos pobres, con una tasa de 7%, seguido por Argentina con 8% y Uruguay con 9%. En el otro extremo se ubican Nicaragua, Honduras, Bolivia, El Salvador y Paraguay, con índices de privaciones superiores a 50%. Si bien la pobreza así medida habría caído de 30% a 8% en Argentina entre 2005 y 2012, el factor que más parece haber incidido son los ingresos, y en la medida en que se hayan utilizado índices de precios oficiales para actualizar el poder adquisitivo de los mismos, la magnitud puede ser cuestionable.

Perspectivas

El último informe de CEPAL pone un alerta acerca del progreso social de la región, pero también nos lleva a replantearnos la forma en que medimos este fenómeno en países de ingresos medios como el nuestro. Parece necesario complementar la medición tradicional de la pobreza por ingresos, adecuada para medir la influencia de factores como la inflación en el nivel de vida de los sectores vulnerables, con el nuevo enfoque multidimensional que pone énfasis en las condiciones estructurales. Será un desafío para el próximo Gobierno, como una de sus primeras medidas, definir una línea de base con respecto a la cual pueda la sociedad evaluar su gestión a lo largo del tiempo.