Apostando al atraso cambiario

24 de diciembre, 2014

Apostando al atraso cambiario

(Columna de Gastón Rossi, ex secretario de Política Económica y director de LCG)

El 2014 estuvo caracterizado por los vaivenes cambiarios: del salto devaluatorio enero se pasó a una pax cambiaria que duró hasta que el Gobierno decidió entrar en default; luego de algunos meses de incertidumbre cambiaria que llevó la brecha nuevamente al 90%, la Casa Rosada tomó algunas decisiones que permitieron estabilizar las reservas y bajar sensiblemente la cotización del dólar informal.

La tranquilidad cambiaria de las últimas semanas fue la consecuencia del cambio de rumbo en algunas políticas económicas del Gobierno: suba en las tasas de interés de los plazos fijos, dejar de presionar a las empresas para que consiguieran los dólares para pagar las importaciones en el contado con liquidación, “alquiler” de dólares a través de distintos mecanismos para tonificar las reservas del Banco Central (swap con el Banco de China, licitación espectro 4G, acuerdo con exportadoras para acelerar el ritmo de liquidaciones), etcétera.

Pero la señal más contundente que dio el Gobierno fue que decidió dejar a un lado la bandera del “desendeudamiento”: primero emitió US$ 1.636 M de deuda dollarlinked para aliviar el esfuerzo monetario del Banco Central de asistencia al Tesoro, y posteriormente anunció una emisión de nueva deuda, un canje y una recompra anticipada de Boden 15. Más allá del rotundo fracaso de la segunda operación (explicada mucho más por las fallas de diseño que por una falta de apetito financiero por deuda argentina), la señal relevante es que el Gobierno está dispuesto a convalidar tasas elevadas de mercado –en torno al 10% anual– tratando de obtener los dólares necesarios para no pasar sobresaltos cambiarios.

Que el Gobierno disponga de un mayor margen cambiario, aun en el probable escenario de no acuerdo rápido con los holdouts, tiene un impacto directo sobre la dinámica inflacionaria. Como era de esperar, este año la inflación sufrió el aumento del tipo de cambio (+49% promedio en 2014) y el mantenimiento de una política fiscal muy expansiva financiada con emisión monetaria: de acuerdo a nuestras mediciones cerrará con una inflación promedio del 36%, 13 puntos porcentuales por encima del registro del 2013.

Con la secuencia que siguió a la llegada de Alejandro Vanoli al Banco Central, quedó en claro que la principal apuesta del Gobierno para el 2015 es utilizar todo lo que sea posible el atraso cambiario. Esto permitirá cumplir dos objetivos simultáneamente. En primer lugar, sirve para tratar de revertir la caída del consumo privado: si bien los salarios reales se redujeron 5% en 2014, medidos en dólares se desplomaron nada menos que 13%, lo que explica el derrumbe de las compras de bienes durables (tanto de automóviles como de electrodomésticos). La intención es que estos efectos jueguen en sentido opuesto en 2015: con salarios que inevitablemente tratarán de recomponer parte del poder de compra perdido, atrasar el tipo de cambio implicará convalidar una suba relevante de los salarios en dólares.

En segundo lugar, permite moderar en el margen la dinámica inflacionaria: si la evolución de las reservas está bajo control, la variación de precios se ubicará mucho más cerca del 30%. De hecho, en el bimestre octubre y noviembre la inflación promedió el 1,8% mensual.

La utilización del tipo de cambio como “ancla” inflacionaria no está exenta de costos, ya que impacta sobre la competitividad de la economía: el Tipo de Cambio Real Multilateral se ubicaría a fines de 2015 apenas 35% por encima de diciembre de 2001, y en un mínimo histórico de toda la gestión kirchnerista. Pero muy probablemente esta dinámica tenga un atractivo político para el oficialismo: dejar un problema en materia de competitividad complicará la gestión económica inicial del próximo Gobierno, ya que apenas llegado al poder deberá implementar un plan antiinflacionario creíble pero que tendrá que ser compatibilizado con la necesidad una corrección relevante del tipo de cambio nominal.

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