La gestión de J. C. Fábrega

Un balance preliminar

3 de octubre, 2014

La gestión de J. C. Fábrega

(Columna de Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit)

Tras sufrir el embate de la Presidenta por cadena nacional, Juan Carlos Fábrega renunció a la titularidad del BCRA. Su reemplazo será Alejandro Vanoli, hasta entonces al frente de la Comisión Nacional de Valores, el que se convertirá en el quinto presidente de la autoridad monetaria desde que el kirchnerismo está en el poder.

A punto de retirarse tras décadas en el Banco Nación, el titular saliente se hizo cargo del BCRA en un momento complicado. Sus 315 días al frente de la institución comenzaron tras la derrota electoral que sepultó las posibilidades de reforma constitucional, y tuvo que enfrentarse a variados problemas. Valorado por los bancos por su trayectoria en el sistema financiero, tildado por todo el arco político como “pragmático” (frente a un “ideológico” Kicillof), no hay consenso entre los economistas respecto al balance de su gestión. Si bien el paso del tiempo permite dar un juicio de valor (relativamente) objetivo, el mandato que tiene el BCRA sirve como guía para realizar un análisis preliminar.

La Carta Orgánica de la entidad establece en su artículo tercero: “El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno Nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. El punto que menos polémica genera es el de la estabilidad financiera. A pesar de una coyuntura macro complicada y los cambios regulatorios (tasas máximas, créditos dirigidos, posición en moneda extranjera, etcétera), los bancos se mantienen bastante sólidos. También exhiben el mejor desempeño entre todos los sectores de la economía.

Son los demás objetivos en los que la gestión Fábrega luce más desteñida. Por caso, la inflación pasó de 26% a 40% anual entre octubre de 2013 y agosto de 2014, a pesar de la estabilidad cambiaria posdevaluación y la recesión. En materia de empleo, la caída del nivel de actividad es tan fuerte que incluso los datos oficiales reconocen la destrucción de puestos de trabajo. Incluso el objetivo de desarrollo con equidad social es cuestionable. Más allá de la recesión, el Indice Gini publicado por el Indec muestra un incremento reciente en la desigualdad social. ¿Es esto suficiente para calificar como “pobre” la labor de Fábrega? No necesariamente.

El logro de los objetivos venía complicado desde antes y el deterioro experimentado durante 2014 se debió, hasta cierto punto, a las políticas implementadas por la entidad para evitar una crisis cambiaria. La comparación con un escenario contrafáctico no es fácil, pero es razonable suponer que un BCRA indiferente a la corrida de enero hubiera provocado mayores daños. De todas maneras, pasaron casi diez meses desde aquellos hechos. Fábrega no pudo, no supo o no quiso tomar las medidas necesarias para enderezar el rumbo económico. Se desaprovechó la ventana de oportunidad conseguida mediante la devaluación y la suba de tasas, volviendo hoy a sentirse las tensiones cambiarias: el dólar oficial está nuevamente retrasado, la brecha escaló por encima del 80%, las compras de dólares en el mercado oficial son cada vez más altas y las reservas retomaron su tendencia descendente (a pesar del swap con China y el racionamiento de divisas).

Eso no es todo, ya que la inflación se encamina a ser la más alta desde 1991, más de la mitad del activo del BCRA es deuda con el Gobierno Nacional y la dominancia fiscal de la política monetaria ganó más fuerza.

El “último garante” de la economía dejará su puesto a pesar de tener mandato hasta 2019, otorgado casi por unanimidad en el Congreso. Algunos lo apreciarán por haber evitado una crisis de balanza de pagos en un contexto de escasez de divisas y con una política económica que se decidía en otros escritorios. Otros también valorarán su intento por resolver el litigo con los fondos buitre y evitar el default selectivo. Pero lo cierto es que la restricción externa continúa amenazando y que el país ingresó en un nuevo default. A ello se suma la enumeración anterior de problemas.

Si con el tiempo se termina extrañando a Fábrega, tal vez no sea por los logros de su gestión, sino por la pobre performance de quien lo suceda.