“Argentina y Venezuela se parecen en sus errores”

Entrevista a Ricardo Hausmann

24 de octubre, 2014

“Argentina y Venezuela se parecen en sus errores”

El prestigioso economista venezolano Ricardo Hausmann, profesor en Harvard, explica cuáles son las similitudes (y diferencias) entre Venezuela y Argentina, un tema del que se ha hablado, y se sigue haciendo, mucho. Si bien la magnitud de las distorsiones es mayor en Venezuela, en algunos casos, como las mentiras estadísticas, Argentina ha superado al país caribeño. Según Hausmann, salir de estos esquemas no es fácil. “El reto es encontrar senderos que no impliquen un empeoramiento inicial”, aduce. Asimismo, da su opinión sobre la insólita volatilidad argentina: “Creo que las tendencias conservadoras de la Sociedad Rural –radicalmente distinta a lo que hoy representa el paradigma de Los Grobo– y las tendencias fascistas y populistas expresadas en el peronismo nunca dejaron suficiente espacio para que se conformara una mayoría liberal progresista”. A continuación, el diálogo completo.

En Argentina se habla de la “venezuelización” (antes era chavización) de la economía e incluso hay muchos empresarios que se informan con sus pares de Venezuela sobre cómo hacer negocios en un contexto económico y político similar. Cuando compara a las dos hoy en día, ¿qué similitudes y diferencias advierte?

Argentina y Venezuela se parecen en sus errores. El primero de ellos es la adopción de controles de cambio y un tipo de cambio múltiple. Este error lleva al Gobierno a pensar que puede adoptar una política fiscal y monetaria insostenible e inflacionaria sin pagar mayores consecuencias. Pero una vez que el diferencial cambiario entre los distintos tipos de cambio se hace significativo, los controles se multiplican –incluyendo controles de precios y de importaciones– se hacen cada vez más distorsionantes de la actividad económica. En esto, Venezuela ha llegado mucho más lejos que Argentina, con el dólar negro entre 8 y 15 veces más caro que los dólares oficiales, respectivamente. El segundo error estratégico es el de eliminar la autonomía del Banco Central. Eso lleva a perder las reservas internacionales y a financiar de forma inflacionaria los déficit fiscales. Aquí, Venezuela también ha ido mucho más lejos que Argentina, con un Banco Central que tiene US$ 20 mil millones en reservas, pero que le prestó a Petróleos de Venezuela el equivalente a US$ 88 mil millones. El tercer error es el desconocimiento y el pisoteo de los derechos de propiedad. Esto lleva a paralizar las inversiones y las decisiones privadas impidiendo que la fuerza creativa de la sociedad pueda expresarse. Venezuela ha sido mucho más radical que Argentina en este error, expropiando desde siderúrgicas y cementaras hasta fábricas de yogur y hoteles. Argentina hizo lo propio con Repsol, las AFJP y los bonos indexados a una inflación artificialmente desinflada, pero no llega a los niveles de Venezuela. El cuarto error estratégico es el de eliminar la autonomía y objetividad de los organismos estadísticos. Como esos espejos que lo hacen a uno verse más flaco, las mentiras estadísticas eliminan el feedback o retroalimentación de la realidad y hace que el Gobierno no actúe sobre los verdaderos problemas que tiene porque vive en un mundo imaginario. Aquí, Argentina ha hecho mucho más que Venezuela para ganarse el Premio Pinocchio a la mentira estadística, aunque no por mucho.

¿Cuál le parece el mejor modelo de crecimiento dentro de Latinoamérica y por qué?

Creo que en América Latina los países de la Alianza del Pacífico –Chile, Colombia, México y Perú– han tenido una mezcla de políticas económicas más sensatas y han obtenido mejores resultados. Combinan disciplina fiscal y monetaria con flexibilidad cambiaria en un contexto de libre mercado y apertura económica. Los quisiera ver con políticas de desarrollo productivo más audaces en materia de innovación, diversificación, I+D y entrenamiento laboral. Las condiciones globales de la última década, al margen de la crisis 2008-2009, fueron muy benévolas para la región. Sin embargo, hay quienes dicen que no se supo aprovechar ese viento de cola.

¿Usted qué cree y qué políticas recomienda para aprovechar estos momentos buenos?

Creo que el viento de cola excepcional de la última década escondió las diferencias entre los que se bañaban desnudos y los que lo hacían con traje de baño. Ahora que baja la marea las cosas quedan más claras. Venezuela y Argentina tienen un riesgo país que es diez veces el de Chile o México, países que mejoraron enormente su solvencia durante el boom. Eso les permite adoptar políticas fiscales y monetarias anticíclicas y beneficiarse de su flexibilidad cambiaria sin mayores riesgos inflacionarios. Argentina y Venezuela van a tener que salir de su callejón sin salida y regresar a la avenida principal antes de poder avanzar.

En octubre del año próximo hay elecciones en Argentina y es probable, más no seguro, que no gane el candidato del Gobierno. En base a esto, quien asuma tendrá, por decirlo de modo sencillo, una política más market friendly y un manejo de la macroeconomía más ortodoxo o, al menos, similar al del resto de Latinoamérica. El razonamiento continúa con que esas políticas generarán, nuevamente, un ciclo de crecimiento, ingreso de dólares y una macro más ordenada. Otros, en cambio, creen que la herencia será más pesada y habrá un período de ajuste/transición más largo y complejo. Es difícil responder esta pregunta sin conocer bien a los posibles ganadores, pero le pregunto sobre la facilidad para salir de estos esquemas económicos intervencionistas (con un alto crecimiento del empleo público, por ejemplo) y con tantos desequilibrios (por ejemplo, un déficit fiscal de 5%, o más, del PIB) y debilidades (un Banco Central con US$ 20.000 M, un nivel bajo en relación a su PIB). ¿Hay que ser menos optimista para la Argentina pos-2015?

Cómo hicieron Venezuela y Argentina para meterse en los problemas que tienen no es una pregunta interesante en economía sino en psicología social, donde el tema relevante es por qué las sociedades chocan tantas veces contra las mismas y archiconocidas piedras. Sin embargo, cómo salir de estos desastres autoinflingidos sin demasiado dolor es una pregunta muy importante y que hace tiempo no se estudia porque hace tiempo que los países han dejado de cometer estos errores. En principio, el país está en un equilibrio ineficiente y hay una posición mucho mejor para la gran mayoría de actores. El reto es encontrar senderos que no impliquen un empeoramiento inicial. Creo que este secreto pasa por combinar mecanismos para liberar la oferta, recuperar la credibilidad y entusiasmar a la inversión mientras se disciplina a la demanda. Como hacerlo depende de las condiciones concretas en las que se recibe el país. La razón por la que Domingo Cavallo fue tan respetado en Argentina durante tanto tiempo y sigue siendo reconocido en el mundo es porque encontró ese camino entre 1990 y 1992. Si bien las cosas se complicaron diez años después, y hay mucho que aprender de eso, creo que también hay mucho que aprender de los éxitos iniciales.

Argentina es uno de los países más volátiles del mundo en términos macroeconómicos. Se ha escrito mucho al respecto y desde varios puntos de vista: económicos, políticos, sociales e incluso psicológicos. ¿Cuál es su opinión de esta volatilidad y nuestra recurrencia en las crisis?

Gracias a Alan Cluterbuck de RAP, he podido conocer a muchos políticos argentinos y conversando con ellos he aprendido sobre el nivel de división y desconfianza que hay entre las agrupaciones políticas y entre éstas y los distintos componentes del sector privado. De todos los que conozco, Argentina es el país que tiene la diferencia más grande entre el talento de su sociedad y la capacidad de su sistema político. Creo que esto se debe a que coexisten visiones radicalmente distintas de su historia y de su presente, sin una forma de que estas visiones converjan. Creo que las tendencias conservadoras de la Sociedad Rural –radicalmente distinta a lo que hoy representa el paradigma de Los Grobo– y las tendencias fascistas y populistas expresadas en el peronismo nunca dejaron suficiente espacio para que se conformara una mayoría liberal progresista.