¿Venezuela debe defaultear?

Venezuela, cada vez más complicada

13 de septiembre, 2014

Nicolas Maduro Venezuela

(Columna de Ricardo Hausmann y Miguel Angel Santos *. Tras la publicación de esta columna, Nicolás Maduro le ordenó  a la Procuraduría y al Fiscal General para que inicie “acciones” contra Hausmann “porque está metido en una campaña para hacerle daño a nuestra patria”, dijo)

¿Venezuela defaulteará sus bonos externos? Los mercados temen que sí. Por esa razón, los bonos de la deuda externa venezolana rinden 11 puntos porcentuales más que los del Tesoro estadounidense, 12 veces más que los de México, 4 veces más que los de Nigeria y el doble de lo que paga Bolivia. En mayo pasado, Venezuela hizo una emisión “privada” por US$ 5.000 millones en bonos a diez años con cupones del 6%. Para poder colocarla, tuvo que dar un descuento del 40%, por lo que apenas recibió US$ 3.000 millones. Los US$2.000 millones extra que deberá pagar en diez años (además, claro, del pesado cupón) es la compensación que los inversores demandan por la probabilidad de un default.

Se aproximan los primeros días de octubre, cuando el Gobierno de Venezuela deberá afrontar US$ 5.200 millones en pagos de servicio de deuda. ¿Pagará? ¿Tiene suficientes fondos líquidos? ¿Reunirá los fondos mediante una venta apresurada de CITGO (**), de la cual PDVSA, la empresa petrolera estatal de Venezuela, ahora es totalmente dueña? Son buenas preguntas. Otra pregunta diferente es si Venezuela debería pagar.

Es cierto, en lo que deberían hacer los gobiernos no está totalmente divorciado de qué es lo que efectivamente harán, pues en general la gente hace lo que debe. Pero las preguntas que involucran “debe hacer” traen consigo juicios morales que no están presentes en las preguntas que involucran “qué hará”, y por eso suelen ser mucho más complejas. Uno podría decir que siempre que se pueda cumplir con las obligaciones asumidas, eso es lo que se debería hacer. Es lo que la mayoría de los padres enseñan a sus hijos. Pero el cálculo moral se complica cuando es imposible cumplir con todos los compromisos y se hace necesario decidir cuáles cumplir y cuáles no. Hasta ahora, bajo el ex presidente Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, Venezuela ha optado por pagar religiosamente sus bonos de deuda externa, gran parte de los cuales están en manos de venezolanos ricos y con buenos contactos.

Default virtual

Yordano, el popular cantante venezolano, probablemente tendría una orden de prioridades diferente. Diagnosticado con cáncer hace algunos meses, debió lanzar una campaña en las redes sociales para poder conseguir las medicinas necesarias para su tratamiento. La gran escasez de medicamentos y material quirúrgico en Venezuela es una consecuencia directa de un default de US$ 3.500 millones del Gobierno con importadores de farmacéuticos.

Algo similar ocurre en el resto de la economía. Los retrasos con importadoras de alimentos alcanzan US$ 4.200 millones, lo que ha producido una grave escasez en productos de la canasta básica. En el sector automotriz, el incumplimiento supera los US$ 3.000 millones, lo que ha resultado en el colapso del transporte por falta de repuestos. A las aerolíneas se les deben otros US$ 3.700 millones, lo que ha llevado a varias a suspender sus vuelos y redujo la oferta de cupos en 50%. En Venezuela, los importadores deben esperar seis meses luego de que sus productos pasan por la Aduana para poder adquirir dólares previamente autorizados. Dado que el Gobierno ha optado por incumplir estas obligaciones, muchos importadores han venido acumulando una abundante cantidad de moneda local. Durante un tiempo, la falta de acceso a divisas fue compensada con préstamos de proveedores extranjeros y casas matrices, pero las deudas acumuladas y las pérdidas debido a las sucesivas devaluaciones han acabado con su paciencia y secado el crédito. La lista de defaults es interminable.

Venezuela está también en mora con los proveedores, contratistas y socios en joint ventures de PDVSA, con lo cual las exportaciones de petróleo han caído 45% en relación con 1997, y su producción apenas roza la mitad de lo que el plan de 2005 había previsto para 2012. Más aún, el Banco Central de Venezuela también ha incumplido con su obligación de mantener estabilidad de precios, habiendo casi cuadruplicado el dinero en circulación en 24 meses, lo que ha hecho que el bolívar pierda el 90% de su valor en el mercado negro y que la tasa de inflación sea la más alta del mundo.

Para colmo de males, el Banco Central también ha incumplido con su obligación de publicar la inflación y otras estadísticas esenciales (Nota del Editor: Tras la publicación de la columna, las publicó aquí). Venezuela funciona con cuatro tipos de cambio, el más fuerte de ellos está trece veces por encima del más débil. Así las cosas, no ha de sorprender que el arbitraje cambiario sea el negocio más rentable en el país, lo que ha impulsado la corrupción venezolana a las posiciones más altas del ranking mundial.

Todo este caos es consecuencia de un déficit fiscal colosal que ha sido cubierto a través de creación de dinero, represión financiera, endeudamiento y defaults –aún a pesar de la bonanza petrolera que se deriva de un precio del barril de US$ 100–. El gobierno de Nicolás Maduro, en lugar de atacar las causas del problema, ha decidido complementar los controles cambiarios y de precios con el cierre de las fronteras y la colocación de lectores de huellas dactilares de los compradores, supuestamente para evitar el acaparamiento. Esto constituye una violación a las libertades más básicas de los venezolanos que no se observa en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, tres países que presumen de una ideología similar pero mantienen un único tipo de cambio y una tasa de inflación de un dígito.

Recapitulando

¿Debería Venezuela defaultear? Si las autoridades adoptaran políticas con sentido común y buscaran el apoyo del Fondo Monetario Internacional y otros prestamistas multilaterales, como lo suele hacer la mayoría de países en problemas, se le aconsejaría renegociar la deuda externa.

De esa manera, el peso del ajuste se compartiría con otros acreedores, como ya ha ocurrido en Grecia, y la economía ganaría tiempo para recuperarse, particularmente en la medida que empiecen a madurar nuevas inversiones en las reservas petroleras más grandes del mundo. Los tenedores de bonos harían bien reemplazando sus papeles actuales por instrumentos de más largo plazo que se beneficiarían de la recuperación económica. Nada de esto va a suceder durante el mandato de Maduro, quien carece de la capacidad, capital político y voluntad para moverse en esa dirección. Pero el hecho de que su Gobierno haya decidido incumplirle a los treinta millones de venezolanos para pagarle religiosamente a Wall Street (Nota del Editor: El viernes, Maduro dijo que “lo que ha demostrado Venezuela en estos 15 años de revolución es que cumple sus obligaciones, y este año no será la excepción”) no debe ser interpretado como una señal de rectitud moral. Es más bien una muestra de su decadencia moral.

(*) Hausmann es ex ministro de Planificación de Venezuela y ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, es profesor de economía en la Universidad de Harvard, donde además dirige el Centro para el Desarrollo Internacional. Santos es investigador senior del Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard. Copyright Project Syndicate, 2014.

(**) CITGO es una empresa refinadora de petróleo y comercializadora de gasolina, lubricantes y petroquímicos en EE.UU. y es la mayor filial de PDVSA fuera del territorio venezolano.