¿Más trabas para importar?

El cepo importador se refuerza

6 de septiembre, 2014

¿Más trabas para importar?

Las quejas de los empresarios por las nuevas restricciones a las importaciones volvieron al centro de la escena. El debate no es nuevo: el Gobierno viene aplicando desde hace tiempo una política de comercio exterior administrada. Pero ahora, el default y las presiones cambiarias habrían empujado un endurecimiento del proceso, con la puesta en práctica de nuevas trabas. Los números del Indec muestran que en los primeros siete meses, las importaciones cayeron 10%.

Las razones parecen ser múltiples y, dado el esquema productivo actual, se retroalimentan. La recesión y la reducción del nivel de actividad estarían entre las principales causas: caen las inversiones y se reduce la compra de bienes de capital y de partes, y también disminuye la demanda y la compra de insumos para producir. A su vez, la caída de las exportaciones –principalmente por menor demanda de Brasil y con perspectivas a empeorar por los menores precios de los granos y el reciente fallo de la OMC (ver recuadro)– retrae las expectativas de importación utilizadas para poner en marcha el proceso productivo exportador.

Pero, tal como aclara Marcelo Elizondo de la consultora DNI, la caída de la actividad –que estaría cerca de 2%– y los problemas del frente externo no explican por sí solos la merma de las importaciones, en un contexto generalizado de reducción del comercio. Con diferentes matices, las políticas llevadas a cabo por la Secretaría de Comercio, primero por Guillermo Moreno y después por su sucesor Augusto Costa, son protagonistas de las condiciones actuales del intercambio.

“Mientras se mantenga el default y la restricción al acceso de dólares financieros y de inversión extranjera, el Gobierno va a seguir apostando a conseguir dólares comerciales”, explica Elizondo. “Si las exportaciones caen y la Argentina necesita superávit, los límites y las trabas en las compras van a ser cada vez más amplios y rígidos”. En este sentido, el círculo vicioso de menos importaciones, que dada la estructura productiva local son necesarias para producir y exportar, repercute en un nivel de actividad de por sí afectado por un desplome de la demanda. “Es como el perro que se muerde la cola”, destaca Elizondo. “Y es una situación de la que, actualmente, es muy difícil salir”.

Miguel Ponce, gerente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), considera, además, que la actual ampliación de la brecha entre el dólar oficial y el blue agrega ingredientes nocivos para la planificación del comercio exterior. “Con una diferencia de entre 60% y 70%, las expectativas de devaluación e inflación crecen y es absolutamente imposible elaborar cualquier política de reposición ya sea del producto terminado que va a la góndola o de los insumos para producir”, afirma.

Las principales dificultades de stock se presentarían en los sectores que importan directamente productos terminados durables y no durables de consumo masivo. Un ejemplo es el de los juguetes. Pero las trabas que más preocupan son aquellas que afectan la producción, en sectores como el automotor, químico, tecnológico y también agroalimentario. Asimismo, se esperan restricciones en aquellos sectores de por si deficitarios, como el de maquinas y aparatos, que acumula un rojo de más de US$ 6.000 millones anuales.

Más obstáculos

En la práctica, este nuevo escenario ya tiene sus consecuencias inmediatas para los importadores. “El default afectó principalmente el financiamiento del comercio exterior”, destaca Gabriel Molteni, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC). “En el caso específico de las importaciones, las empresas no consiguen como antes que los proveedores estén dispuestos a financiar la compra de mercadería”.

Ponce, desde CIRA, explica que antes del default el pago promedio habitual a los proveedores externos era de 110 días. “Actualmente hay un fuerte acortamiento de los plazos, que se redujeron a 45 o 30 días”, confiesa. “Hay situaciones extremas en las que se solicita el pago inmediato e incluso por anticipado para cerrar la compra”.

Los empresarios aseguran, asimismo, que empiezan a observar en algunos casos mayores dificultades para la aprobación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI). Y que, además, se aplazó la liberación de divisas para las compras ya concretadas –y aún pendientes de pago– y para las operaciones en curso. Según Ponce, hay cerca de US$ 4.000 millones de importaciones cuyo desembolso está postergado. Incluso, para las grandes empresas, circularía la recomendación de recurrir a la compra del dólar “contado con liqui” para acelerar los pagos de las importaciones. Claro que esto supone un encarecimiento significativo del valor de las compras. Las DJAI de menos de US$ 200.000 eran aprobadas casi de forma automática por el banco comercial. Si estas se elevaban hasta los US$ 300.000, la entidad con la cual operaba la empresa pedía la autorización al Banco Central y generalmente se liberaba. En tanto, si se superaba ese monto, la misma empresa –generalmente grandes importadoras– solicitaban directamente la aprobación a la entidad monetaria. Ahora, según fuentes empresarias, esa “tablita” se hizo cada vez más rígida y empiezan a haber cada vez más demoras para cerrar los procedimientos. La polémica del Gobierno con las automotrices es una muestra del tire y afloje de este proceso.

El complejo automotor es uno de los mayores exportadores industriales, con 8% del total de las ventas externas. Pero cada auto que se vende tiene 70% de componentes importados. El sector no tiene generalmente problemas para importar las partes, pero al parecer desde Brasil no liberarían la venta de las mismas hasta tanto no se pague una parte importante de la deuda que todavía está pendiente.

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Recuadro I Importar para producir

Un reciente estudio de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA) demuestra que más del 80% de las compras en el exterior se destinan al sector productivo y que de ese total, ocho de cada diez importaciones sostienen el entramado de las empresas exportadores y su cadena de valor. “Golpear a las importaciones es golpear a las exportaciones y al valor agregado”, asegura Miguel Ponce, gerente de CIRA. Según datos de la UIA, existe una elasticidad de las importaciones respecto de la actividad industrial: frente a la expansión de un punto porcentual de la industria, las importaciones crecen entre 3,5 y 4,5 veces más. En lo que va de 2014, la importación de bienes de capital, piezas y accesorios representa 27% de las compras, otro 28% corresponde a bienes intermedios y 19% a energía. Sólo 10% son bienes de consumo final y el restante 6% vehículos terminados. En julio, las principales caídas se observaron en la compra de vehículos (-62%). Pero preocupa principalmente la reducción de 26% en piezas para bienes de capital y de 10%en materias primas e insumos.

Recuadro II OMC: Más problemas en el frente externo

Un reciente fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) asegura que Argentina viola reglas internacionales de comercio con la aplicación de medidas que a partir de 2012 son “proteccionistas” y restringen las compras a terceros países. El dictamen, que dio a lugar a reclamos iniciados por la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, cuestiona entre otras consideraciones la aplicación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importaciones (DJAI). Los especialistas aseguran que las consecuencias no serían inmediatas: hay un proceso de apelación que seguiría la Argentina y de confirmación posterior del fallo que toma su tiempo. Sin embargo, de mantenerse el dictamen y las mismas condiciones, a partir del año que viene las represalias que pueden tomar estos países (que suman más de 30 mercados) para resarcir el daño pueden ser muy perjudiciales para sostener el superávit comercial. “El mayor riesgo es que con el fallo de la OMC, los países demandantes empiecen a sustituir a Argentina como proveedor”, asegura Gabriel Molteni, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC). En un escenario de base, las exportaciones con estos países podrían caer US$ 3.700 millones. Y en uno de máxima, la disminución llegaría a los US$ 7.000 millones anuales. Marcelo Elizondo, de la consultora DNI, calcula que las sanciones pueden involucrar compras menores por entre US$ 3.000 y 5.000 millones. “Es una situación complicada desde el punto de vista productivo, comercial y también cambiario porque este año Argentina ya va a exportar US$ 10.000 millones menos que en el 2011, que fue el año récord”. Para Miguel Ponce, de la Cámara de Importadores (CIRA), “el fallo de la OMC, al igual que el conflicto con los fondos buitres, muestra las dificultades que tiene el país para integrarse de forma inteligente al mundo”. Y afirma: “Hay que apostar a que la política de inserción internacional sea una política de Estado, que trascienda a los gobiernos”.