Hay que dar vuelta la página

Un problema a destiempo

1 de agosto, 2014

Hay que dar vuelta la página

Penosamente, seguimos sin definiciones y estamos por segunda vez en este siglo en default. Formalmente nunca dejamos de estarlo, pero ahora le agregamos a la lista deuda que fue reestructurada hace menos de diez años. Insólito pero real. Llamémoslo selectivo, técnico o inventémosle otro nombre. Culpemos a quien queramos. En definitiva, es un incumplimiento al fin y otra mancha más al tigre. A mi entender, creo que los acontecimientos del jueves 31 de agosto pusieron en evidencia claros errores en el manejo del tema por parte de nuestros funcionarios.

Nunca perdiendo el optimismo, confiemos que prime la racionalidad. Mientras tanto, vivimos días de absoluta volatilidad. La brecha cambiaria aumenta, los bonos pagan retornos altísimos y las valuaciones de las compañías se encuentran varios escalones por debajo de la media de los países emergentes. No es ninguna novedad que las tasas que paga nuestro país, y que también castiga duramente a nuestras empresas y provincias, son irrisorias en un mundo de tasas cero.

Para no ser insistente en este punto, les dejo el siguiente gráfico. La línea amarilla es el costo de fondeo de Ucrania, un país que está al borde de un conflicto bélico y la línea azul –muy por encima de la amarilla– el nuestro a la mañana del último jueves. En el mismo sentido, Grecia tiene una deuda pública del 160% de su PIB en una moneda que no emite y acumuló durante 35 años déficit de cuenta corriente, pero en un mundo lleno de liquidez como el de hoy consigue fondos a menos del 6% a diez años.

Hay que dar vuelta la página

Con menos márgenes

El esquema macroeconómico actual no cierra por ningún lado. La actividad está completamente estancada, y con niveles de inflación altísimos para los parámetros del mundo de hoy. El Banco Central tiene las manos atadas por el derroche fiscal producto de la inexplicable política de subsidios. Nos consumimos en unos pocos años todo el ahorro (reservas) previo. El tipo de cambio real o el salario en dólares se encuentra en niveles por encima de lo que nuestra productividad nos permite. El tipo de cambio competitivo –muy recomendable en mi opinión para la estructura económica de nuestro país– y los superávit gemelos son cosas del pasado y que por largo tiempo no volvernos a ver. Para colmo, dos cosechas globales récord recortaron el precio de la soja y las perspectivas de Brasil son bastante desfavorables. Hoy por hoy, la política económica no cuenta con los instrumentos para salir por sí sola de esta encrucijada.

¿Y el optimismo entonces? Más allá de la foto actual, en varias columnas anteriores fuimos optimistas para el largo plazo. Solamente para tener una dimensión, los subsidios son todavía más grandes que la financiación del BCRA al Tesoro, con lo cual hay margen para empezar a corregir el rumbo. Con disciplina fiscal, el atraso cambiario tiende en el tiempo a corregirse. Pero para no hundir más a la economía en el corto plazo, y por sobre todo para darle impulso en el largo plazo, necesitamos el capital extranjero.

El ejemplo regional

Dólares frescos del exterior son imprescindibles para salir del escenario actual. Ningún país latinoamericano tiene superávit gemelos y la gran mayoría tiene déficit externos, pero gracias a la gran liquidez y el bajísimo costo del capital a nivel global –apoyados con ciertas reglas de juego– pueden crecer sin inflación y financiar sus baches externos con inversión extranjera directa (“de largo plazo y no especulativa”). Dicho de otra manera, nuestros vecinos pueden financiar sus déficit externos con inversión genuina.

Paradójicamente, tenemos un problema de divisas cuando en nuestro país sobran oportunidades de inversión y tanto en el sector privado como en el resto del mundo hay dólares para tirar para arriba. Mientas más tardemos en dejar atrás el litigio actual, peor será el escenario macroeconómico. El Gobierno tiene que tomar todas las precauciones en el corto plazo ya que el prospecto del canje contempla la aceleración de pagos ante un incumplimiento si se dan determinadas condiciones, con el cual es un punto importante a monitorear de cerca. Si prima la racionalidad, daremos vuelta la página. Si no resolvemos el tema, seguramente no vayamos a una crisis como las del pasado pero el pobre escenario actual se verá aún más deteriorado.