The exchange rate once again

6 de junio, 2014

The exchange rate once again

(Columna de Jorge Lucángeli, director de la Maestría en Relaciones Internacionles de la FCE de la UBA)

 

“La historia vuelve a repetirse,

mi muñequita dulce y rubia,

el mismo amor… la misma lluvia…

el mismo, el mismo loco afán…” (1)

El tipo de cambio real y el régimen cambiario están permanentemente en discusión entre los economistas locales. Si bien este debate es una especie de entretenimiento adictivo, se justifica plenamente considerando el papel relevante que tiene esta variable en el desempeño de la economía argentina. Lo que sigue es una contribución a la discusión sobre el nivel del tipo real de cambio.

Todos los análisis de esta variable llevan implícito un modelo de funcionamiento de la economía argentina. De manera muy estilizada, la economía argentina tiene una estructura esencialmente dual: un sector agropecuario (en un sentido amplio) y un sector industrial. El primero es el productor de bienes exportables –también abastece al mercado interno- y el segundo está orientado fundamentalmente al mercado interno y es un importador neto. El saldo neto de divisas de la industria manufacturera es fuertemente deficitario.

Los precios de los bienes agropecuarios se determinan en el mercado internacional, internamente están mediados por el tipo de cambio y las retenciones correspondientes. En el caso de los bienes industriales, se determinan mediante un mark-up sobre costos –incluidos los salarios-; sin embargo, tanto la demanda interna como los productos importados competitivos de los nacionales imponen un límite a la libertad de fijar los precios. En este sentido, si el tipo de cambio real se aprecia, la barrera de protección a los productos nacionales se resquebraja (asumiendo que los aranceles no se modifican) y pierden competitividad respecto de los importados.

En este esquema, los salarios juegan un papel determinante. La demanda interna es función del nivel del salario real, pero a su vez afecta la tasa de beneficio de la actividad industrial. Pero en la medida en que el salario determina el nivel de demanda interna, afecta el balance comercial: aumentos del salario expanden la demanda y, consecuentemente, las importaciones industriales. El sector externo emerge, una vez más, como el limitante de la expansión del salario y del nivel de actividad. Al decir de Adolfo Canitrot: “A los efectos del crecimiento del salario real en el largo plazo es más eficiente un crecimiento de la productividad en la agricultura de exportación que un aumento de la productividad del trabajo en la industria dedicada al mercado interno” (2).

En consecuencia, el tipo de cambio debe moverse en un delicado equilibrio entre el nivel de salarios y los precios agropecuarios, en lo que se refiere a los sectores productivos.

A fin de examinar el nivel y evolución del tipo de cambio, se elaboraron dos series: una en la cual el tipo de cambio se ajustó por el índice de salarios nominales y los precios industriales de EE.UU. y otra serie ajustada por los salarios y por el precio en el mercado internacional del poroto de soja. En la medida que el salario nominal crece más aceleradamente que el tipo de cambio, la capacidad competitiva de los transables se deteriora; pero si el precio de los productos agrícolas aumenta, la restricción externa se amortigua (3). La mayor demanda de importaciones provocada por el atraso cambiario en términos de salarios es sostenible si las exportaciones agropecuarias crecen (4).

Veamos qué sucedió con las series entre 1995 y 2014:

Tipo de cambio ajustado por índice de salarios nominales, precios industriales de EE.UU. y precio internacional de la soja
Enero 1995-Abril 2014
(Índice, base 1997/98 = 100 – Escala logarítmica)

The exchange rate once again

Fuente: Elaborado a partir de información del BCRA, INDEC, BLS y Banco Mundial.

Durante la segunda mitad de los noventa (convertibilidad), el tipo de cambio en relación a los salarios se mantuvo bastante estable. Pero distinto es el caso si se mide el tipo de cambio en relación a los salarios y precio de la soja. A partir de principios de 1997 el indicador sigue una trayectoria de caída hasta enero de 2002, esencialmente por la caída de la cotización de la soja, ya que los salarios nominales permanecen prácticamente inalterados hasta principios de 2002. A mediados de 2002, la cotización de la soja era casi un 40% inferior a la de principios de 1997. Y como puede observarse en el gráfico, en mayo de 2001 se alcanzó el mínimo de toda la serie.

El atraso cambiario de la convertibilidad se agudizó, en consecuencia, por la caída del precio de las commodities. La devaluación de principios de 2002 más que triplicó el valor del tipo de cambio respecto de los salarios. El pico lo alcanzó en junio de 2002. A partir de ese momento, se inicia un sendero de caída hasta mediados de 2013. Los últimos meses de 2013 muestran una leve recuperación y en enero de 2014 pega el salto con la devaluación del 25%. De todos modos, el aumento del 6,6% de los salarios registrados privados en abril de 2014 implicó una caída del indicador del tipo de cambio del 7,4% respecto de enero de 2014. El tipo de cambio en términos de salarios en abril de 2014 está al mismo nivel que el último trimestre previo a la devaluación de 2002. Merece destacarse que desde mediados de 2011 este indicador alcanza valores por debajo de los vigentes durante la segunda mitad de los noventa. Recién los sobrepasa a partir de enero de 2014. Lo anterior explicaría el fuerte aumento del número de “licencias no automáticas” desde 2010 como forma de levantar barreras protectivas a la industria manufacturera. Más recientemente, el mecanismo derivó en el control de la totalidad de las importaciones.

El tipo de cambio respecto de los salarios, pero ajustado por el precio de la soja, sigue un derrotero bastante parecido al indicador recién analizado. En marzo de 2004 es el pico de la toda la serie. Ese mes el precio de la soja alcanzó u$s 413 por tonelada y, todavía, el tipo de cambio estaba alto (en términos de salarios). A partir de ese momento, desciende más aceleradamente que el indicador anterior hasta septiembre de 2006. Pero luego de esa caída se recupera y vuelve a tocar un pico durante el primer trimestre de 2008. En este momento, el precio de la soja duplicó el vigente los últimos meses de 2006. A partir de ese pico, como puede observarse en el gráfico, el indicador de tipo de cambio (respecto de salarios y precio de la soja) sigue una tendencia –con subas y bajas- decreciente hasta fines de 2013. En enero y febrero de 2014 pega un salto (devaluación del tipo de cambio nominal) y los dos últimos meses de la serie vuelve a caer. En abril de 2014, este indicador de tipo de cambio está un 13% por arriba del promedio de 2013.

Luego de esta recorrida por la trayectoria de ambas series, la conclusión a la que cabe arribar es que el nivel del tipo de cambio en abril de 2014 no es para nada holgado. Más bien tiene un margen bastante estrecho:

  • El tipo de cambio en relación a los salarios se encuentra, en abril de 2004, un 2,7% por encima del promedio 1995-2001.
  • En lo que respecta al tipo de cambio en relación a los salarios y el precio de la soja, el indicador de abril de 2014 equivale al promedio del período 2011-2013

¿Cuán sostenible es este nivel de tipo de cambio? La diosa Ceres ha recurrido a sus atributos para derramar una cosecha abundante en Argentina y la cotización de la soja se encuentra en niveles históricos altos (aunque sin perspectivas de aumentos), lo cual podría brindar algún alivio al balance comercial; ayudado, además, por la caída en la actividad económica. De todos modos, esto no se ha reflejado aún en la balanza comercial: en el primer cuatrimestre de 2014 las exportaciones cayeron un 10% respecto de igual período del año anterior y el saldo comercial se redujo de u$s 2.494 millones a u$s 1.047 millones. La caída de las importaciones en alrededor de u$s 1.000 millones contribuyó a mantener positivo el saldo comercial. En la liturgia “kicillofista” la devaluación es un acto sacrílego y responde a intereses corporativos espurios. Aunque nuevamente se presenta el dilema: ¿cómo se hace para mejorar el tipo de cambio real?

Recurriendo al aserto inicial, el esquema cambiario actual refuerza la dualidad de la estructura productiva ya que como se mostrara más arriba el tipo de cambio para la producción manufacturera es el relativamente más atrasado. Pero el mantenimiento de la tasa de cambio retrasada requiere que el nivel de actividad no se reactive y, consecuentemente, el nivel de ocupación y los salarios tampoco podrán expandirse. Nuevamente, la actividad agropecuaria deberá seguir generando las divisas necesarias para asegurar el funcionamiento de la actividad manufacturera.

(1) “Por la vuelta”, Enrique Cadícamo y José Tinelli

(2) Adolfo Canitrot: “El salario real y la restricción externa de la economía”, Desarrollo Económico, Vol. 23, No. 91. (Oct. – Dec., 1983), pp. 423-27.

(3) El aumento de la producción agrícola es necesario para asegurar también un balance comercial superavitario. Entre 2003 y 2013 la producción granaría aumentó un 50%. De todos modos, en el corto plazo, la oferta está fija.

(4) Claro que el atraso cambiario afecta la competitividad del sector manufacturero local.