Los flujos globales

Tendencias de la economía mundial

6 de junio, 2014

Los flujos globales

(Columna de Laura Tyson, ex presidenta del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de los Estados Unidos, profesora en la Escuela Haas de Administración de Empresas de la Universidad de California en Berkeley y asesora superior en The Rock Creek Group y Susan Lund, asociada del McKinsey Global Institute. Project Syndicate, 2014)

Los flujos transfronterizos representan una parte cada vez mayor de la actividad económica mundial. Pero, ¿cuán interconectada está la economía global? ¿De qué manera esos flujos entre actividades, sectores y países están cambiando? ¿Cuáles son las economías nacionales con mayor o menor volumen de flujos o con mayor o menor interconexión. Y¿ qué consecuencias trae esto para las empresas y para los policy makers?

Para responder estas preguntas, el McKinsey Global Institute (MGI) elaboró un nuevo informe en el que se analizan los ingresos y egresos de bienes, servicios, financiamiento, personas e información (datos y comunicaciones) en 195 países a lo largo de los últimos veinte años. Tanto los datos agregados como los ejemplos a nivel micro confirman que el mundo está más interconectado que antes, y que crecieron tanto la extensión como la complejidad de los flujos internacionales, que ahora incluyen más países y más participantes. A pesar de una importante contracción registrada entre 2007 y 2009, como resultado de la profunda recesión global, en 2012 el valor combinado de los flujos financieros y del comercio en bienes y servicios fue el 36% del PIB global, 1,5 veces más que en 1980.

Los beneficios

El informe también confirma que la mayor apertura a los flujos internacionales fue una importante fuente de crecimiento económico, tanto para países individuales como para el mundo en su conjunto. En términos generales, se estima que cada año los flujos internacionales contribuyeron entre 15% y 25% del crecimiento global, y que los países más interconectados recibieron 40% más de beneficios del crecimiento que los menos interconectados. Esto coincide con la teoría económica: la interconexión fomenta el crecimiento a través de aumentos de productividad derivados de la especialización, la escala, la competencia y la innovación.

En números

Los flujos internacionales de bienes, incluidos los commodities, siguen siendo el rubro principal; crecieron al 11% anual durante la última década y en 2012 superaron su valor máximo de antes de la recesión. Hoy, más del 35% de los bienes atraviesan fronteras nacionales. Los flujos internacionales de servicios también se recuperaron hasta los niveles anteriores a la recesión y desde 2002 vienen creciendo rápidamente, a un ritmo del 10% anual. Sin embargo, a pesar de que el sector de los servicios equivale aproximadamente a dos tercios del PIB mundial, sus flujos internacionales equivalen a menos de la cuarta parte de los flujos de bienes. Los flujos financieros internacionales están todavía 70% por debajo del máximo anterior a la recesión, pero incluso en su actual nivel deprimido representan más de la tercera parte de la financiación global.

En cambio, el flujo internacional de personas, medido por el porcentaje de personas que viven fuera de su país de nacimiento, es reducido: se mantiene alrededor del 2,7% desde 1980. Pero los movimientos internacionales de personas con fines de corto plazo (turismo, trabajo y educación, por ejemplo) crecieron a un ritmo de entre 3,5% y 4,8% anual durante la década pasada.

El capítulo digital

Y los flujos internacionales de datos y comunicaciones explotaron, con una expansión superior al 50% anual desde 2005. Los minutos de llamadas internacionales se duplicaron, y el tráfico transfronterizo a través de Internet aumentó 1.800%. Si bien los flujos migratorios como porcentaje de la población mundial no estén creciendo, la digitalización llevó a que las personas estén más interconectadas que nunca.

La digitalización también está transformando los flujos comerciales internacionales, de tres maneras: mediante la creación de bienes y servicios digitales (por ejemplo, entretenimiento y productos fabricados con impresoras 3D); mediante los denominados “envoltorios digitales” (entre ellos, dispositivos de seguimiento de flujos físicos) y, tercero, mediante las plataformas de venta digitales, como eBay y Alibaba. Por ejemplo, más del 90% de los comercios vendedores que operan a través de eBay exportan productos a otros países, porcentaje que en el caso de las pequeñas empresas tradicionales no llega al 25%.

Las tecnologías digitales están impulsando los flujos y la competencia a nivel internacional, permitiéndole a las empresas más pequeñas, e incluso a emprendedores individuales, a convertirse en “minimultinacionales”. Los flujos intensivos en conocimiento, que requieren niveles relativamente altos de capital humano y de investigación y desarrollo, ya superan a los flujos intensivos en mano de obra, a los intensivos en capital y a los intensivos en recursos, y crecen más rápido que cualquiera de los tres. Los flujos de bienes de poco valor e intensivos en mano de obra, como la vestimenta, representan una cuota cada vez menor de los flujos internacionales, mientras que los flujos de productos intensivos en investigación y desarrollo, por ejemplo, medicamentos y servicios empresariales, están creciendo como porcentaje del total.

En 2012, los flujos intensivos en conocimiento representaron casi la mitad del valor total combinado de los flujos de bienes, servicios y financiamiento. Esta tendencia es una ventaja especialmente para los países desarrollados, que representan dos tercios de los flujos intensivos en conocimiento. La excepción es China, que cuenta con el segundo mayor porcentaje de flujos del mundo (después de Estados Unidos).

Nuevos enfoques

La forma tradicional de medir la interconexión global de los países consiste en comparar el volumen de sus flujos internacionales respecto de su PIB. Según estas mediciones, los países más pequeños con mercados internos menos desarrollados parecen más interconectados que otros países más grandes. Pero esta metodología puede conducir a conclusiones erróneas, ya que no tiene en cuenta el porcentaje que representa el país dentro del volumen total de flujos globales. Para resolverlo, el índice de interconexión global del informe de McKinsey considera tanto el volumen de los flujos internacionales de cada país respecto de su PIB así como su participación en el total general.

Los tres primeros países en el índice del MGI son Alemania, Hong Kong y Estados Unidos, en ese orden. Otras grandes economías están muy detrás. A pesar de ser grandes exportadores, Corea del Sur y Japón figuran en los lugares 20 y 21 de una lista de 85 países; esto se debe a que sus flujos inmigratorios y de tráfico transfronterizo a través de Internet son comparativamente menores. China está situada en el puesto 25, con un potente motor exportador y grandes flujos de capitales, pero con índices de flujo de personas y datos mucho menores.

En promedio, las economías de mercado emergentes están por debajo de las economías avanzadas, pero algunas de ellas (como Marruecos, la India, Brasil, Arabia Saudita y China) mejoraron mucho su posición en la lista desde mediados de los ‘90. En la actualidad, los mercados emergentes equivalen aproximadamente al 38% de los flujos internacionales, el triple que en 1990. Pero entre las economías desarrolladas y las emergentes persiste una “brecha digital”, tanto en los flujos de datos y comunicaciones como en los intensivos en conocimiento, y nada indica que se esté cerrando. Los países emergentes generan el 40% de la producción mundial y cuentan con el 80% de la población mundial, pero solamente producen el 24% del tráfico transfronterizo a través de Internet.

Los beneficios económicos de la interconexión son importantes, pero también lo son sus desafíos. Para capitalizar las oportunidades que traen consigo la digitalización y la conversión al comercio intensivo en conocimiento, los países deben invertir en talento e infraestructura; reducir obstáculos a los flujos internacionales de personas e información, sin poner en peligro la privacidad y la seguridad de sus ciudadanos, y exponer a sus productores a una firme competencia extranjera, sin dejar de implementar medidas que alivien los trastornos que eso supone para sus comunidades y sus trabajadores. Si las ventajas de la globalización no se comparten y socializan con amplitud, el apoyo político a una mayor apertura a los flujos internacionales disminuirá, así como disminuirán los beneficios económicos que los mismos crean.