Caminante no hay camino

13 de junio, 2014

Caminante no hay camino
(Columna de Gustavo D. Romero, economista y coordinador de redacción de la Economía on Line)
 

 

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

-Antonio Machado

En especial, en los últimos años, en la Argentina y en otros países, nos hemos encontrado con situaciones de “colapso”: embotellamientos en las carreteras, anegamientos por falta de cloacas suficientes, transportes atestados de gente, deterioro del medio ambiente, etc. Estos eventos desafortunados, que suceden en todo el mundo pero con más asiduidad en los países emergentes, propongo pensarlos a partir de dos enfoques interrelacionados entre sí.

El primero es a partir de la teoría del equilibrio social desarrollada por John Kenneth Galbraith. Este afamado divulgador fue un economista nacido en Canadá, profesor de la Universidad de Harvard. Uno de sus “best seller”, que data de 1957, se denomina “La sociedad opulenta”. Es un texto que sigue resultando pertinente en la actualidad. En él afirma que los bienes privados generan necesidades que deben ser provistas por el sector público y que resulta imprescindible una adecuada proporción entre éste y el privado. La “Teoría del Equilibrio Social” de JK Galbraith se basa en un postulado elemental: que una sociedad sana debe equilibrar la cantidad y la calidad de los consumidores y mercancías privadas con la de los bienes públicos (como caminos, ejércitos o escuelas). Por ejemplo, en lo que hace al transporte particular, los automóviles generan unas necesidades (adecuados caminos, estacionamientos, etc.) que si no son provistas por los bienes y servicios públicos devienen en accidentes y congestionamientos.

Sucede que las sociedades, históricamente, al volverse cada vez más y más complejas, y al desarrollarse económicamente, requieren un mayor gasto social. Entonces, una de las mayores contribuciones de Galbraith al análisis del capitalismo actual es su formulación acerca de la relación entre la producción del sector privado de bienes y servicios y aquellos que proveen los Estados. La creación de necesidades por el productor funciona, en gran medida, para el consumo de bienes y servicios producidos por el sector privado, mientras que los servicios y los funcionarios públicos tienen “mala prensa”. Por ello es que la producción de bienes y servicios públicos tiende a permanecer muy rezagada, marchando la generación de bienes socio-económicos a dos velocidades distintas.

El segundo aspecto es la definición de bien público puro como aquel que no disminuye, independientemente de su consumo, ni admite la exclusión de quienes no pueden o no quieren abonarlo. Por ello es que se presume que los actores privados no experimentan incentivo para suministrar la cantidad adecuada de ellos. Se entiende, por tanto, que los mismos son gestionados y regulados por el Estado y financiados mediante impuestos, aunque pueden llegar a participar agentes económicos privados, excepcionalmente.

Ahora bien, si reflexionamos cuidadosamente veremos que la mayoría de los servicios de infraestructura económica como los que nos ocupan, no son bienes públicos puros, pues no cumplen las condiciones de disminución y/o las de exclusión. Veamos un ejemplo: ¿Puede considerarse bien público una carretera, cuando esta se congestiona debido a la creciente masificación del uso del automóvil? No, porque el costo marginal social de que circule por ella un usuario más puede experimentar un incremento significativo. Concretamente: el parque automotor de la República Argentina casi se duplicó en la última década. El desarrollo de la infraestructura vial en la metrópolis porteña, no obstante, resulta insuficiente, pese a haberse incrementado 33 veces en términos nominales en ese período el presupuesto de Vialidad Nacional.

Los factores desfavorables de la expansión de vehículos son al menos dos: primero, porque el automóvil compite en el espacio público con otras formas de transportes y disminuyó la movilidad y, segundo, porque impacta sobre el balance energético en un marco en que el país sufre déficit de combustibles. Para encontrar una salida al atasco, se debe planificar adecuadamente a largo plazo consensuadamente entre el gobierno nacional y los gobiernos provinciales. Y, como expresó el empresario automotriz Franco Macri cuando fue entrevistado recientemente por una radio local: “Creo que la Argentina está creciendo y la industria automotriz ha crecido enormemente”. Concluyendo: “Vas por la Panamericana y no podés entrar. No faltan autos. Así que si se venden un poco menos, pero se trata de exportar un poco más, ya se encuentra un equilibrio”.

Ergo, resulta un desafío para el sector público y el privado conjuntamente el generar bienes a un ritmo que guarde relación y que sea sustentable. Pues en materia socioeconómica el reto es ser proactivos, dado que si queremos que haya camino para el caminante no podemos sentarnos a esperar que se haga “camino al andar”.