Una política industrial estrátegica

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21 de mayo, 2014

Una política industrial estrátegica

(Columna de Diego Coatz, economista Jefe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA) y Secretario SIDbaires. En Twitter es @diegocoatz)

Entre 2002 y 2011, la industria creció 90%, con incrementos cercano al 50% en la productividad y del 70% en los niveles de empleo. Las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) y las de Origen Agropecuario (MOA) se incrementaron aproximadamente en US$ 40.000 millones. En este proceso virtuoso, el dinamismo del mercado interno se conjugó con más empleo, salarios y productividad (la inversión durante 2011 alcanzó 24% del PIB).

Sin embargo, durante los últimos dos años se advierte un estancamiento de la actividad industrial: la producción de 2013 estuvo por debajo de la de 2011. Con excepción del rubro automotriz, la mayor parte de las exportaciones de manufacturas de origen industrial ya venían cayendo desde los máximos de 2011. Si se descuenta el efecto de las exportaciones vinculadas al complejo automotriz y la refinación de minerales, hubo más de US$ 1.500 millones menos de exportación que en 2011. Los datos al primer trimestre dan cuenta de una contracción de las exportaciones MOI del 11% y de las MOA del 2%.

Otra cuestión a tener especialmente en cuenta es la dificultad para mantener el ritmo en la generación de nuevos puestos de trabajo. Desde 2008 comenzaron a observarse varias restricciones estructurales que presionaron sobre la generación de empleo, con tasas de informalidad que oscilaban en torno al 31,1% y en 2012 rondaban el 30%. A su vez, de un crecimiento de 3,3% en obreros contratados en 2011, se pasó a 1,3% en 2012 y a 0,5% en 2013. En el primer trimestre de este año la tendencia se profundizó con la contracción de 1,2% en este rubro.

2014 y más allá

Luego de la reciente depreciación del tipo de cambio a un nivel de $8 por dólar, y más allá de cierta mejora en la rentabilidad de los sectores exportadores, las perspectivas para todo el año 2014 muestran a la actividad industrial con una contracción que oscila entre 2% y 2,5%. Esto se explica fundamentalmente por la reducción del mercado interno –producto de un menor salario real junto con el estancamiento de la construccióny una industria brasileña con magro dinamismo. A este escenario se le suma la necesaria reciente suba de las tasas de interés, que si bien le brinda aire a la presión cambiaria, dificulta aún más la operatoria de las firmas, principalmente de las PyMEs industriales.

En este contexto, la clave sigue siendo cómo desarrollar estructuralmente el tejido productivo. Durante los últimos doce años diversas ramas industriales registraron una destacada reactivación. Sin embargo, las empresas que desarrollaron y consolidaron ventajas competitivas dinámicas a partir de cambios técnicos y organizacionales, innovación y diferenciación de productos, no llegaron a conformar un núcleo dinámico que refleje un nuevo entramado industrial con cambios significativos. No hubo grandes modificaciones en la matriz productiva heredada los años ’90, con deudas muy importantes como es en el caso del sector energético o en el de transporte. No alcanza sólo con crecimiento, inversión y escala, para el nacimiento de nuevas industrias con empleo de calidad y tecnología. Se requiere una política industrial de largo plazo.

Más allá de las urgencias macro, nuestro país en materia productiva requiere de los acuerdos necesarios para conformar una serie de políticas de Estado que aborden temas estructurales. Pensar una agenda con ejes prioritarios requiere fortalecer la información y estadísticas públicas. Es imposible diseñar políticas productivas sin información sectorial y regional acabada, sin contar con una matriz insumo producto actualizada y sin técnicos especializados en áreas clave tanto dentro del gobierno como en instituciones del sector privado. Lo mismo ocurre si se quieren evaluar los regímenes de promoción.

Más y mejor información junto con una mirada estratégica del entramado productivo deseado debe ser punto de partida para diseñar una política industrial integral largoplacista que permita generar el desarrollo de las capacidades productivas e innovativas, mayor generación de divisas, junto con la reducción de la precariedad del mercado de trabajo. Financiamiento (à la BNDES), compras gubernamentales, un esquema tributario favorable para la agregación de valor nacional, apoyo a la inversión productiva, desarrollo del capital local junto con una mayor integración de PyMes locales con trasnacionales (con énfasis en la inversión en I+D), son algunos de los pasos necesarios para una política industrial sólida. Una que permita arbitrar las coyunturas futuras desde una perspectiva estratégica.