Estanflación a la vista

Los costos de la estabilización cambiaria

27 de mayo, 2014

Estanflación a la vista

(Columna de Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit)

Si la economía no entró aún en estanflación, se acerca peligrosamente a ella. Según el Indec, la actividad económica cayó 0,9% mensual en marzo (dato desestacionalizado), finalizando el primer trimestre del año con una baja del 1,5%. Si tenemos en cuenta que la economía había registrado una caída del 0,4% el trimestre anterior (según el nuevo PIB con base 2004), la estanflación pasa de ser un escenario posible a una realidad concreta. La política económica es la principal culpable de la coyuntura actual.

En efecto, la devaluación de comienzos de año y el endurecimiento monetario posterior estabilizaron el frente cambiario, pero agravaron lo que venía siendo sólo una desaceleración económica. El encarecimiento del crédito, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de las expectativas (que ya eran bastante pesimistas) tras los eventos de enero, golpearon al consumo y la inversión. Por el lado de la oferta, la actividad industrial está disminuyendo, la construcción parece ir por el mismo camino y el comercio está sintiendo el bajón de la demanda. Para peor, el deterioro comienza a repercutir sobre el mercado laboral, puesto que las suspensiones actuales podrían derivar, en última instancia, en despidos.

El camino errado, otra vez

El Gobierno no es ajeno a esta situación y parece dispuesto a utilizar la política fiscal de forma expansiva. En esa clave pueden leerse los últimos anuncios realizados por la Presidenta, como el incremento de las asignaciones familiares y la Asignación Universal por Hijo, el nuevo Fondear (fondo para créditos productivos), etcétera. Inyectando recursos por distintas vías, el Gobierno confía en revertir (o al menos frenar) el deterioro del nivel de actividad y evitar un aumento del desempleo. Una suerte de estrategia de control de daños, orientada a minimizar los costos económicos pero, por sobre todo, políticos, de cara a un 2015 trascendental.

Sin embargo, el impulso fiscal posee una debilidad fundamental: el financiamiento. Aunque el Gobierno muestra intenciones de retornar al sistema financiero, del que se había alejado voluntariamente, difícilmente pueda recostarse completamente sobre el crédito externo a corto plazo, dados los costos económicos (elevada tasa de interés) y políticos (arreglo con el Club de París y, tal vez, el FMI) que esa opción implica.

Ello deja al BCRA como principal vía de financiamiento, lo que limita las posibilidades de efectuar una política monetaria contractiva. En la medida en que el Banco Central no logre compensar la inyección de liquidez (lo que equivale a que el Tesoro le transfiera su deuda al BCRA), los pesos excedentes terminarán yendo a dólar y precios, efecto que se verá potenciado si se relaja la política monetaria. En ese caso, la economía seguramente experimentará turbulencias durante el tramo final del año, cuando las divisas estacionalmente escasean.

El PIB de Cristina

Vista en perspectiva, la gestión de Cristina Fernández de Kirchner es decepcionante en cuanto a crecimiento. Cualquiera sea el PIB que se utilice (Indec base 1993, 2004 o la estimación del Congreso), las últimas dos gestiones presidenciales muestran un notorio descenso del crecimiento (datos del Congreso: +8,8% en 2003-2007, +3,9% en 2008-2011 y +1,6% en 2012-2013). Particularmente en lo que va del segundo mandato de CFK, la economía perdió dinamismo a pesar de un contexto externo más benigno (la crisis internacional marcó su primer mandato), y la probabilidad de repunte es muy baja. Para igualar la performance de 2007-2011, y considerando que este año el país sufrirá una recesión, el crecimiento debería superar el 10% en 2015, algo prácticamente imposible de lograr.

Si bien podemos anotar avances en muchos aspectos, CFK terminará su mandato con una economía estancada, que sufre de alta inflación y una lista de problemas a resolver. Una “herencia” pesada, pero que puede complicarse aún más si se continúa apelando a las herramientas equivocadas en los momentos incorrectos y en base a diagnósticos errados.